La única vez que Sayra Laguna se subió a un octágono lo hizo por necesidad en 2012. Estaba culminando su carrera de mercadotecnia, necesitaba dinero para la promoción y aceptó una oferta de 300 dólares para debutar en las artes marciales mixtas. El 13 de mayo vuelve al mismo escenario pero lo hará sin cobrar y con un propósito diferente: forjar una trayectoria exitosa que le permita llamar atención de las promotoras más importantes para llegar a la UFC.
«Con sinceridad me veo trabajando en la promotora PCL de Miami, que es como la segunda división de las artes marciales y algunas veces sirve de trampolín para llegar a la UFC. Ahorita necesita volver a competir, luchar y hacer carrera aquí, experimentar más», explica Laguna, de 34 años, quien consideró que su edad no se ve en la UFC y eso podría ser el único impedimento para lograr su meta. «Mi idea es llegar a la PCL dentro dos o tres años y si puedo irme antes para entrenar sería mucho mejor para adaptarme a su ritmo que es diferente», señala.
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La capitalina, quien es una reconocida peleadora de judo y sambo, enfrentará a una hondureña en las 135 libras. Desde hace cuatro meses empezó a prepararse. Un canadiense le está enseñando muay thai para llegar contar con otras herramientas. «No sé el estilo de pelea de mi rival y debo prepararme para cualquier cosa», explica Laguna, quien además practica grappling, un estilo de jujitsu que le permitirá tener diferente sistemas de pelea para superar a su oponente.
A través de unos amigos consiguió que Morlan García, un promotor privado de artes marciales, le diera la oportunidad de acabar con los tres años y medio sin pelear. Confiesa que ese inactividad le está afectando en la parte emocional y concentración. «Estaba acostumbrada a competir constantemente y tengo demasiada ansiedad, pero puedo controlarlo porque tengo la experiencia 17 años. Además cuando siento que me falta mejorar algo tengo amigos dentro de las artes marciales y sambo que me ayudan en esos», indica.
Sayra Laguna fue la única deportista que se pronunció sobre la situación sociopolítica del país en abril 2018 y sufrió las consecuencias: la despidieron como trabajadora del IND y no la tomaron en cuenta en los deportes que se dio a conocer. Desde hace casi un año decidió dejar de manifestarse públicamente sobre política, se trasladó a vivir a San Juan del Sur para intentar retomar su vida y carrera deportiva. «Aquí la gente es tranquila, no se mete en política. Ya todos saben lo que pienso y eso no lo van a cambiar», afirma.