«El valor con el que el embajador Arturo McFields habló en Washington (DC, capital de Estados Unidos) de lo que pasa en Nicaragua es un milagro que nos ha hecho monseñor Romero», dijo un teólogo nicaragüense. Este 24 de marzo se conmemora el Día Internacional para el Derecho a la Verdad en relación con las violaciones graves de los derechos humanos y para la dignidad de las víctimas, en homenaje a la memoria del obispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero, quien fuese ferviente defensor de la causa de los derechos humanos en su país, El Salvador, asesinado un día como hoy, en 1980.
«Para decir la verdad hay que ser valiente, para decir la verdad hay que correr riesgos, como lo hizo este martes McFields», destacó el teólogo quien prefirió mantenerse en el anonimato por temor a represalias del régimen de Daniel Ortega.

Este jueves 24 de marzo se cumplen 42 años del asesinato de monseñor Óscar Arnulfo Romero, cometido por un escuadrón de la muerte en El Salvador. Los responsables del crimen siguen sin ser castigados.
Aunque en 1993, una Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas señaló como autor intelectual del crimen al mayor del ejército Roberto D’Aubuisson (ya fallecido), fundador de la entonces gobernante Alianza Republicana Nacionalista (Arena, derecha).
Este miércoles, el ahora exembajador de Nicaragua ante Organización de Estados Americanos (OEA), Arturo McFields, denunció a la dictadura de Daniel Ortega en plena sesión, por las violaciones de derechos humanos cometidos en el país desde el 2018.
«Denunciar la dictadura de mi país no es fácil, pero seguir guardando silencio y defender lo indefendible es imposible. Tengo que hablar señor presidente (del Consejo Permanente de la OEA), aunque tenga miedo, tengo que hablar aunque mi futuro y el de mi familia sean inciertos, tengo que hablar porque si no lo hago, las piedras mismas van a hablar por mí», expresó McFields, quien habló en nombre de todos los presos políticos, víctimas de la represión y los miles de servidores públicos.
Cabe mencionar que el 21 de diciembre de 2010 la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante la Resolución 65/196 proclamó el 24 de marzo Día Internacional para el Derecho a la Verdad en relación con las violaciones graves de los derechos humanos y para la dignidad de las víctimas, fecha del asesinato del ahora Santo de la Iglesia católica.
Monseñor Romero no quería ser «un mártir»
Monseñor Romero, cuarto arzobispo metropolitano de San Salvador (1977-1980), fue un religioso célebre por su prédica en defensa de los derechos humanos. En sus homilías dominicales denunciaba las numerosas violaciones de los derechos humanos y manifestaba en público su solidaridad hacia las víctimas de la violencia política de la dictadura de su país.
Esta lucha le costaría la vida, por ella se ganó el sobrenombre de «La voz de los sin voz», aunque no quería convertirse en «un mártir», según relata la teóloga María López Vijil en su libro Piezas para un retrato de monseñor Romero, publicado en 1993, a los 13 años de su asesinato.
“No quiero morir. Por lo menos ahora no, no quiero morir ahora. ¡Jamás le he tenido tanto amor a la vida. Se lo digo honradamente: yo no tengo vocación para mártir, no la tengo… Quiero un poco más de tiempo”, confesó Romero a Jorge Lara Braud, un pastor evangélico mexicano-estadounidense, días antes de su muerte, se lee en uno de los fragmentos del libro, en los que la escritora retrata cientos de testimonios de personas que lo conocieron y compartieron tiempo con monseñor Romero.
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«Llegué por primera vez a El Salvador en 1981, apenas un año después de que monseñor Romero fuera asesinado. Casi toda la gente con la que hablaba me contaba alguna anécdota que había vivido con él. Anécdotas interesantes, sorprendentes. La memoria estaba fresca, la sangre reciente, el dolor aún dolía cuando la dura realidad de aquellos años tocaba cicatrices no cerradas», detalla la teóloga en su escrito, fue entonces cuando pensó que todas esas memorias debían ser resguardadas cuidadosamente en la escritura y pensó en un libro.
El asesinato de monseñor Romero provocó protestas internacionales en demanda del respeto a los derechos humanos en El Salvador. Dentro de la Iglesia católica se le consideró como un obispo que defendía la «opción preferencial por los pobres».
Religiosos en Nicaragua corren el riesgo de monseñor Romero
El teólogo, bajo condición de anonimato, expresó que las grandes figuras de la Iglesia siempre se desarrollan en momentos de crisis, «cuando todo está tranquilo un sacerdote es bueno y nada más, cuando hay violencia, hay violación de derechos humanos, cuando hay incluso guerra y represión es cuando se pone de manifiesto los sacerdotes y como monseñor Romero corren riesgos y están dispuestos a dar su vida».
El teólogo también recordó que según se ha escrito, monseñor Romero, aunque no quiso ser mártir, «nunca renunció a los riesgos que corría, y diciendo lo que decía, y haciendo lo que hacía, eso es lo que le ha pasado a algunos sacerdotes en Nicaragua en este momento de crisis», añadió el teólogo.
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Desde que iniciaron las protestas sociales en contra del régimen orteguista en abril de 2018, los obispos y sacerdotes de Nicaragua han apoyado a los manifestantes abogando por el respeto a sus derechos humanos, el cese de las agresiones y la persecución, la liberación de los presos políticos. El apoyo de los sacerdotes ha sido mal visto por el régimen, calificándolos de “golpistas”.
En los últimos años, algunos sacerdotes han sido agredidos, amenazados y varios se encuentran en el exilio. Varios templos han sido profanados y saqueados.
Vida y muerte de monseñor Romero
Óscar Arnulfo Romero Galdámez nació el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios, municipio del departamento de San Miguel, en El Salvador. Romero fue el segundo de los ocho hijos del matrimonio de Santos Romero y Guadalupe de Jesús Galdámez.

A los 14 años ingresó al Seminario Menor de San Miguel, donde permaneció seis años, pues se vio obligado a interrumpir estudios para ayudar a su familia en un momento de dificultad. Trabajó entonces en las minas de oro de Potosí. También se dedicó a la carpintería, como aprendiz del oficio.
Sacerdocio
En 1937, con veinte años, retomó sus estudios al ingresar al Seminario Mayor de San José de la Montaña en San Salvador, y, finalmente, siete meses después de haber ingresado fue enviado a la Ciudad del Vaticano, la Santa Sede, en Roma, donde continuó con sus estudios teológicos.
Vivió en el colegio Pío Latinoamericano (casa que alberga a estudiantes de Latinoamérica), hasta que llegó a ser ordenado sacerdote el 4 de abril de 1942 a los 24 años. En Roma fue alumno de monseñor Giovanni Battista Montini (futuro papa Pablo VI).
Regresó a El Salvador en 1943, siendo nombrado párroco de la ciudad de Anamorós en La Unión; después fue enviado a la ciudad de San Miguel, donde sirvió como párroco en la Catedral de Nuestra Señora de la Paz y como secretario del obispo diocesano monseñor Miguel Ángel Machado.
Posteriormente fue nombrado secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador en 1968.
Episcopado
El 21 de abril de 1970, el papa Pablo VI lo designó obispo auxiliar de San Salvador, recibiendo la consagración episcopal el 21 de junio de 1970, de manos del nuncio apostólico Girolamo Prigione.
El 15 de octubre de 1974 fue nombrado obispo de la Diócesis de Santiago de María, departamento de Usulután. Ocupó esa sede durante dos años.
El 3 de febrero de 1977 fue nombrado por el papa Pablo VI, arzobispo de San Salvador, para suceder a monseñor Luis Chávez y González.
Su asesinato
El 23 de marzo de 1980, un día antes de su muerte, Romero hizo desde la catedral un enérgico llamamiento al ejército salvadoreño en su homilía titulada «La Iglesia, un servicio de liberación personal, comunitaria, trascendente», que más tarde se conoció como Homilía de fuego.
El lunes 24 de marzo de 1980, aproximadamente a las 6:30 de la tarde, fue asesinado mientras celebraba una misa en la capilla del Hospital Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo hecho por un francotirador desde un auto con capota de color rojo impactó en su corazón momentos antes de la consagración, detallan varios sitios de internet. Monseñor Romero tenía 62 años cuando lo asesinaron.
Los restos mortales descansan en la cripta de la Catedral metropolitana de San Salvador, justo debajo del altar mayor del templo y dentro de un mausoleo con su nombre.

Canonización
El proceso de beatificación de monseñor Romero inició en 1990, fue beatificado por el papa Francisco el 23 de mayo de 2015.
El milagro que se le atribuye a monseñor Romero para ser canonizado es el de la curación inexplicable de una mujer salvadoreña embarazada, cuya vida estaba en peligro en el momento del parto. Ambos se salvaron.
El papa Francisco canonizó a Romero el 14 de octubre de 2018 y lo destacó como un férreo defensor de los derechos humanos y un ejemplo de la Iglesia cercana a los pobres.