Bryan Espinoza (13) lleva tres temporadas en la Liga de Ascenso. LA PRENSA/ CORTESÍA/ CD JUNIOR

La historia del expandillero que se convirtió en futbolista profesional

Creció entre las pandillas y las drogas. En un año le mataron a cuatro "hermanos", como les llamaba a los miembros de la pandilla, se dio cuenta que podría tener el mismo final y decidió tomar otro camino

Miró morir a varios «hermanos», asaltó muchas veces, peleó contra pandillas rivales y estuvo preso en reiteradas ocasiones. Bryan Espinoza estuvo metido en una pandilla desde los 12 años y enderezó su camino definitivamente en el año pasado cuando el Junior lo contrató para jugar en la Liga Ascenso. «Tenía cinco años de haberme salido, pero no me había alejado totalmente, porque a veces me ajuntaba con ellos un rato para hablar o bromear, hasta que se me dio la oportunidad de llegar aquí no volví a acercarme», señala el volante de 23 años.

Bryan Espinoza (13) ha jugado en tercera y segunda división. LA PRENSA/ CORTESÍA/ CD JUNIOR

El Perro, como lo conocen en Monimbó, Masaya, por haber nacido el día de San Lázaro, creció entre las pandillas y las drogas. En un año le mataron a cuatro «hermanos», como les llamaba a los miembros de la pandilla, y se dio cuenta que podría tener el mismo final. «No pude hacer nada por ellos y mi mente cambió. Tenía una hija que debía velar por ella. Así que cambié por mis hijos, mi mamá y mi abuelita», cuenta el volante, quien señala que ahora su expandilla lo ofende cuando lo mira por la calle porque desde hace varios meses decidió cortar cualquier contacto con ellos.

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De todas las veces que estuvo preso —sostiene— las mayorías fueron porque la Policía lo encontraba en una esquina y lo encerraba por una noche. «Nunca me hicieron expediente porque era menor de edad. El mayor tiempo preso fueron siete días por lesiones y después me soltaron», indica Bryan, quien confesó que se arrepiente de esa etapa de su vida que ha sido renovada a través del futbol.

Las personas en Monimbó están asombradas por su cambio, asegura el Perro. «Nunca pensaban que iba a salir de ahí y no creen que me pagan por jugar futbol. Me dicen: ‘Quien sabe dónde andás robando’. Sí hombre les digo, ‘pensá lo que querrás'», señala Bryan, quien debutó en la tercera división en 2016 con el Deportivo Masaya y al año siguiente se salió para trabajar en una zapatería y mantener a su familia porque no recibía ninguna ayuda económica. «Ahora tengo un salario, no es un grande, pero doy de comer a mi familia, aunque pase paso complicaciones porque son dos hijos y los gastos aumentan», dice.

El Deportivo Masaya lo llamó en 2019 para jugar en segunda división y en 2020 soñó con jugar en la Liga Primera al disputar el repechaje contra Municipal Jalapa, sin embargo, no lo logró. Ahora anhela conseguirlo con el Junior, el campeón de Apertura de la Liga de Ascenso y uno de los favoritos para ascender. «Un día antes que mataran a uno de mis amigos y me dijo: ‘Vos es para que estés jugando en primera’. Y desde entonces estoy con ese objetivo de lograrlo por él», sostiene.

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