Gandhi decía que hay dos tipos de poder: el que se obtiene por miedo al castigo y el otro por los actos de amor. Recientemente, estamos viendo reflejado en el mundo la búsqueda de poder a través del miedo. Sucede en Venezuela, ha ocurrido en Cuba por muchos años, está pasando en Nicaragua y lo último fue el acto de Putín sobre Ucrania. Todos esos casos que mencioné tienen un común denominador: la búsqueda de poder y sostenimiento desmedido por los beneficios que este produce, pero los “líderes” no se contentan con tenerlo, sino que el vicio los hace pensar que pueden obtener más, más y cada vez más, sin importar el daño que puedan causarle a las personas.
Siempre he creído que el poder es adictivo si no se sabe controlar y, deriva en un vicio, es una de las peores enfermedades que un ser humano puede tener. El problema se sigue agudizando porque sienten que ya no lo pueden soltar y deciden ir hasta el final sin importar las consecuencias. Es como una cadena difícil de romper. Han creado una vida, un entorno en relación al poder que se creen incapaces de vivir sin él. Me recuerda un poco a mi adicción a la bebida. Es algo que nunca he ocultado, sino más bien lo digo con el fin que alguien lo lea o escuche y se den cuenta que hay un después de la adicción hacia alguna cosa.
Cuando estaba en medio de la adicción, pensaba que esa era mi realidad y que no había escapatoria, si salía, el mundo de amistades que había construido y se había convertido en mi todo, desaparecería. Tenía miedo, creía que perdería personalidad, lo que no me daba cuenta es que me estaba destruyendo y a la vez convertía en un caos la vida de los más cercanos, por mi culpa vivirían un infierno. En ese momento casi todos se daban cuenta del error que cometía, menos yo, tapado por la ceguera del vicio. Por eso dije basta e hice un cambio en mi vida. Curiosamente mi círculo de amistades aumentó y fue aún mejor en calidad de amigos, encontré paz en mi interior. Antes no era capaz de ver a las personas a los ojos, sentía que era culpable de algo y me escondía. Luego de haber superado ese vicio de la bebida era todo lo contrario, los veía a la cara, frente a frente. Entendí que tenía miedo al cambio.
Así que creo que la adicción o el vicio hacia la comida, las drogas o el mismo al poder, es algo similar con la diferencia de este último daña la vida de más personas, de generaciones de todo un país, pero la burbuja en el que viven es la misma y si pierden ese poder sienten que ya no tendrán nada. Por eso vemos a líderes que van hasta la muerte, llevándose a todo el mundo por delante, creyéndose desahuciados, no ven una vida más allá de eso.
Considero que nunca es tarde para tratar de ser una mejor persona, aún con miles de defectos y un pasado oscuro. Estamos en tiempos de La Cuaresma, un tiempo de perdón, reflexión y reconciliación. No obstante, debe existir una determinación personal y espiritual de querer dar ese paso. Aún hay tiempo para recapacitar, de hacer esa evaluación personal de nuestros defectos y dejar de hacer daño a los demás. Ya lo decía Gandhi hay dos tipos de poder y no se necesita ser muy inteligente para entender que el primero lleva a la ruina a las naciones.