Marcos Caballero, Román González y Rafael Rojas. LAPRENSA/ARCHIVO

Las dos personas que se encargaron de revivir la carrera de Román González

Cuando murió Arnulfo Obando en noviembre de 2016, Chocolatito sintió que le habían arrancado el corazón. Llegaba al gimnasio y se sentía como un barco sin brújula: a la deriva

Cuando murió Arnulfo Obando, en noviembre de 2016, Chocolatito sintió que le habían arrancado el corazón. Llegaba al gimnasio y se sentía como un barco sin brújula: a la deriva. Encontró fortaleza en su familia y amigos, además que Wilmer Hernández fue elevado de preparador a entrenador y logró sostenerlo para esa monumental pelea contra Rungvisai en Nueva York en 2017. No obstante, tras problemas internos desistieron de Hernández, quien parecía ser el hombre idóneo en ese momento para el tetracampeón fue cesado y se cometió el peor de los errores: contratar a Sendai Tanaka, un fantasma en la esquina de Román que lo dirigió a estrellarse en la revancha contra Rungvisai.

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Esa derrota por nocaut en septiembre de 2017 marcó un antes y un después en la carrera de González. Deprimido, con ganas de colgar los guantes y olvidarlo todo encontró refugió en Marcos Caballero, un nicaragüense originario de Estelí, pero radicado en Coachella, California, quien había conseguido llevar a la corona mundial a su hijo Randy Caballero. Don Marcos, como se le conoce popularmente, inició con el trabajo mental a hacerle entender que las derrotas como la sufrida no era el final, sino el comienzo de otra era con más experiencia y cautela. Caballero supo transmitir confianza, logró que Chocolatito creyera otra vez en su talento natural. “Si yo no tengo nada que enseñarle, ya es un peleador hecho, solamente me encargo de planificar los campamentos y las estrategias, además del trabajo mental que es lo clave”, confesó Caballero semanas atrás.

Además de Caballero, se sumó al equipo de trabajo un costarricense que no tenía nombre en el pugilismo como preparador físico. Rafael Rojas entró en medio de incertidumbres y más cuando su respaldo era ser un preparador físico de artes marciales mixtas. Fue duramente cuestionado en su momento por su integración, no obstante, su trabajo ha hablado por él, el muchacho necesitaba tiempo y una plataforma para demostrar sus capacidades. Con Rojas al frente de la preparación física Chocolatito ha sido capaz de lanzar más de mil golpes por peleas y respaldarse en los cinco tanques de oxígenos que construye en los campamentos con el sacrificio diario. “Me siento feliz porque Román lanzó esa cantidad de golpes otra vez. El trabajo valió la pena”, comentó en un rápido saludo mientras se marchaba del Pechanga, Arena, en San Diego California.

Tanto Caballero como Rojas son los protagonistas casi invisibles de cada performance de Chocolatito.

Deportes Román González archivo

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