LA PRENSA publicó el lunes 31 de enero un artículo informativo titulado: “Ortega mantiene a cinco de sus hijos en cargos públicos sin que sus nombramientos hayan sido oficiales”.
La publicación explica que todos los cargos asignados a esos cinco hijos de Ortega son estratégicos, están relacionados con su representación personal, la búsqueda de inversiones extranjeras y los vínculos con los imperios ruso y chino, en cuyas órbitas gira ahora Nicaragua desde que dejó de hacerlo en la del mundo democrático.
Los entendidos consultados por LA PRENSA opinaron que la no oficialización de esos nombramientos filiales en cargos públicos estratégicos es para eludir la Ley 438 que regula el artículo 130 de la Constitución, el cual prohíbe los nombramientos de parientes cercanos del presidente y demás “funcionarios principales”.
Son prohibidos constitucionalmente tales nombramientos porque son actos de nepotismo, dicen los expertos, uno de los cuales expresó que también se deben a que se está creando una nueva dinastía en Nicaragua.
El nepotismo es la “desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las concesiones o empleos públicos”, explica el diccionario de la lengua española. La palabra nepotismo viene del vocablo italiano nepote, que significa sobrino.
El nepotismo se originó en la época medieval, cuando los papas de la Iglesia católica comenzaron a nombrar a sus sobrinos para desempeñar altos cargos eclesiásticos. Después, los papas nombraron a cualquiera otra clase de sus parientes y el nepotismo degeneró en una odiosa forma de corrupción que se extendió a los gobiernos civiles; la cual persiste hasta ahora en los países más atrasados institucionalmente, como Nicaragua.
En cuanto a la dinastía, en la Enciclopedia de la Política se indica que “era la familia real en el sistema monárquico. Se refería a la serie de personas de la misma estirpe que, en el orden sucesorio de la corona, eran llamadas a gobernar monárquicamente una sociedad”.
En la actualidad el régimen monárquico existe todavía en algunos países. En la Europa democrática se conservan dinastías limitadas, con un monarca que “reina, pero no gobierna” y sus funciones son más bien protocolares, aunque muy respetadas.
En España, por ejemplo, el rey Felipe VI pertenece a la dinastía de los Borbones que reina desde el año 1700, su posición es hereditaria y en la línea de sucesión está su hija Leonor de Borbón, princesa de Asturias.
En Inglaterra reina la dinastía de la Casa de Windsor, que representa la reina Isabel II y en la línea de sucesión está su hijo Carlos, príncipe de Gales.
En Nicaragua el somocismo fue un régimen familiar que se convirtió en dinástico en septiembre de 1956, cuando al ser asesinado el dictador Anastasio Somoza García lo sustituyó en el poder su hijo, Luis Somoza Debayle. Y terminó en julio de 1979 con el derrocamiento del general Anastasio Somoza Debayle por la insurrección armada encabezada por los sandinistas.