Aunque David Green decidió tomar distancia de la vida pública y prefirió vivir en el anonimato durante la mayor parte de su vida una vez que se retiró del beisbol, dejando la impresión de estar molesto por todas las críticas que recibió al no alcanzar las expectativas que se le atribuían, quienes lo conocieron muy de cerca, aseguran que siempre fue una persona jovial, sonriente y respetuoso con los demás.
Aquí te presentamos algunas de las anécdotas más conocidas de David, que pueden ayudar a comprender su personalidad y los valores que tenía. Excompañeros de equipo como Calixto Vargas, Roberto Espino, Wilfredo Blanco y hasta el mismo David, entre otros, relatan estas vivencias del recién fallecido jugador de Grandes Ligas, quien pasó dejando huellas por el deporte pinolero.
Balaguer amenazado
En 1977, el equipo Cinco Estrellas viajó a República Dominicana para una serie de juegos amistosos contra conjuntos de las fuerzas armadas de aquel país, cuya liga era muy prestigiosa. En el equipo nicaragüense iba David Green, en calidad de refuerzo. “Al llegar, nos llevaron a saludar al presidente dominicano, Joaquín Balaguer, que era un viejito, casi muerto, todo decrépito, sentado en una silla. Los peloteros lo saludamos y nos fuimos colocando en torno a la pared de la oficina en la casa presidencial, cuando de pronto, se fue la luz… Los escoltas de Balaguer montaron las armas y ordenaron que nadie se moviera. Algunos se agacharon. Pero luego se descubrió que David Green accidentalmente había tocado el apagador de la luz y se había generado el problema”, recuerda el exlanzador Wilfredo Blanco. Eso dio pie para que a David lo molestaran con el incidente, “pero no se enojaba, él era risas en todo momento”, recuerda Blanco.
Compitiendo contra Calixto
El primer año de David Green en la Selección Nacional de Beisbol de Nicaragua fue en 1978. Ese año viajó a los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Medellín, Colombia, y al Campeonato Mundial en Italia. Durante la preparación para el Mundial, a Roberto Espino se le ocurrió poner a competir en velocidad a Calixto Vargas, entonces de 36 años, contra David, de 18. La competencia era darle vuelta al cuadro interior, pero Calixto saldría de primera base. En cambio, Green desde el home. “Se hizo la carrera y aunque yo no era veloz, tampoco era una tortuga, pero cuando yo doblé hacia tercera base, solo lo vi pasar a Green a mi costado en una sola ‘risería’. Es que era una bala y él se ganó la apuesta”, recuerda Calixto… “Con David nadie podía competir. Y siempre se buscaba la forma de mantener al equipo entusiasmado y relajado. Y ciertamente, Green le ganó de calle esa vez a Calixto”, recuerda el “Bobby” Espino, organizador de la competencia.
El trofeo que no recibió
David fue el séptimo entre los diez hermanos Green Casaya. Delante tenía a Carlota, Isabel, Sonia, Eduardo, Alfredo y Leonardo. Detrás a Milena, Enrique y Giovana. «Yo era muy cercano a Leonardo, quien tenía 13 años y yo 11. Leonardo practicaba beisbol en Don Bosco y jugaba los domingos. Yo no estaba en el equipo porque no tenía la edad y el beisbol no era lo mío, pero como en Don Bosco daban galletas quebradas a los niños, yo no fallaba. «Nayo salía a bailar los sabados y a veces llegaba a la casa muy noche, de modo que no se podía levantar temprano los domingos para ir a jugar. Entonces yo le agarraba escondido el carnet del equipo de beisbol y me iba a jugar. El mánager me ponía. Y terminé como líder de bateo a pesar de que jugaba con chavalos mayores que yo». Quizá lo divertido de esta aventura de David, es que el día en que entregaron los premios a los líderes de la liga, Leonardo, quien jugó solo dos domingos, pudo levantarse temprano para ir a Don Bosco y con mucho orgullo pasó a recibir su trofeo como líder de los bateadores. “No tuvo pena el bandido”, dice David con una sonrisa.
El regaño de Tejadita
«En mi época los papás mandaban a los hijos, no como ahora que es al revés», señala David. «Imaginate que un día estoy jugando con los Búfalos en 1978, yo ya tengo 17 años y no me gusta un strike que me cantó el juez del home, Manuel Tejada «Tejadita». Yo solo dije, ‘a la don Manuel’.., Y él se quitó la máscara y me dijo: si yo digo que es strike, es strike, jodidito. Y ahora, métase de nuevo a la caja de bateo y se me calla. Si estás con malacrianzas, le digo a tu papa». Ahí nomás me calmé. Sabía que en la casa me caía la faja. Y cuando la faja no nos atemorizaba, mi papa nos daba con el alambre de la plancha».
Persiguiendo a Calixto
En una ocasión, Calixto Vargas avanzaba por la zona del Zumen en Managua con su camión cargado de arena, ocupación que realizaba a diario y luego se iba a jugar en la Primera División, “cuando un hombrón así muy fuerte, me hizo señas, pero yo no me detuve. Es más, hasta me asusté y aceleré el camión, pero el hombre corrió y me dio alcance en un semáforo. De pronto lo veo en la puerta tratando de abrirla y me dice: ‘Ideay ¿qué le pasa don Calixto, es que no me vio?’… ‘Disculpame hermano, es que no te reconocía’. Estaba viniendo ya de las Grandes Ligas y había subido como cuarenta libras. Nada que ver con el flaquito que habíamos visto aquí. Y fijate que me dijo: ‘¿Lo puedo acompañar?’ Y se fue conmigo a entregar el viaje de arena. Y me decía que él creía que gente como Vicente López, Ernesto López, Pedro Selva y yo, podíamos haber bateado el pitcheo de Grandes Ligas. Eso nunca lo podremos saber, pero su gesto aquel día fue muy bonito para mí, a pesar de que al principio me asustó”, recuerda Calixto.
¡Juegue su beisbol!
“Una vez, David Green estaba en segunda base y Calixto Vargas fildeó una bola en la zona de foul. Tras atrapar el elevado, amagó con tirar a segunda y Green se le fue para tercera base. Calixto no tiró. Pero continuó amenazando con hacerlo, entonces, le digo, no sigás amenazando que se te va ir a home”, recuerda Roberto Espino, mientras el propio Calixto no olvida el día que tras una rola al shortstop, David Green y el tiro del torpedero llegaron casi a la misma vez. “Y el jodidito me pasó llevando y me botó. Y como teníamos una buena relación, le digo, ‘ideay, y ¿qué te pasa?’… ‘Nada don Calixto, usted juegue su beisbol, que yo juego el mío’, me respondió. Su papá, don Eduardo, quien estaba por ahí cerca me dijo que lo disculpara, pero la verdad es que a la hora de jugar, David estaba en lo suyo, muy concentrado”, admite Calixto.
El viraje de Pascual Pérez
“Una vez –recuerda David Green– Willie McGee estaba en segunda base y abrió como intentando irse de robo hacia tercera, pero el lanzador dominicano Pascual Pérez, de los Bravos en aquel momento, se viró a segunda, pero lo que tiró en realidad fue la perrubia (bolsita con resina para tener mejor agarre de la bola, que se le pone a los pítcheres en el montículo). McGee se tiró de cabeza a la almohadilla y cuando pidió tiempo para sacudirse la tierra del uniforme, vio que Pascual tenía la bola en su guante y la estaba lanzando hacia arriba. Willie estaba muy enojado, pero vos sabés que Pascual no era nada serio, si una vez hasta se viró tirando la bola por en medio de sus piernas”, dice Green sonriendo como casi siempre.
Buscando a Eduardo Green
En cierta ocasión, durante la década de los años cincuenta, vino a Nicaragua un equipo de beisbol cubano formado por militares, quienes se enfrentarían a su similar de nuestro país: el Cinco Estrellas, elenco del General Anastasio Somoza García. El problema fue descubrir que el mejor jugador del equipo nica, Eduardo Green, no estaba disponible. “¿Y dónde está ese jodido?”, preguntó con voz atemorizante el mayor de los Somoza. “Se fue a la Costa, general, y dicen que anda tomando”, respondió un subalterno… “Se me van a buscarlo ya, y me lo traen aunque sea de los huevos, pero lo quiero aquí. No me va a hacer quedar mal este jodido…” “El problema, general, es que los guardias que lo van a ir a buscar, no lo conocen”, explicó el subalterno… “Pues echen preso a todo el negro que encuentren tomando en los bares de Bluefields y ahí se va a descubrir quién es Green”, ordenó Somoza. Y así fue. La suerte fue que en el primer bar estaba Green, quien dijo: “Yo soy a quien están buscando, dejen a toda esa gente en paz”… Cuando el vuelo llegó de la Costa a Managua, Green fue llevado directo a la loma de Tiscapa donde Somoza estaba orondo sobre una hamaca. Y al verlo de largo, Somoza solo atinó a decirle: “Si es que te debería de cachimbear jodido”. Y le tiró unos golpes que Green esquivó. “Cálmese general, cuidado se cae”, le decía Eduardo. Ese día, después de tres días de estar tomando, “me fue mal al bate, solo pude batear tres hits en cuatro turnos”, contaba el propio Green en diálogo con Earl Lambert, su más ferviente oyente.
(Tomado del libro: David Green, Un Enigma Descifrado, de Edgard Rodríguez)