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Adán le echó la culpa a Eva y Eva a la culebra. Desde entonces, jamás hemos asumido nuestra responsabilidad. Siempre es culpa del otro. Si no vean lo que pasó en León: se culpa al árbitro Jaime Laguna de una derrota, cuando en realidad quienes fallaron fueron los bateadores de los Leones, incapaces de descifrar a Pedro Fernández.
Es normal que todos hubiésemos deseado un mejor final para un partido que se jugó de una manera muy precisa sobre el terreno y que mantuvo animados a los fanáticos en León, pero de eso, a echarle la responsabilidad al árbitro, no me parece justo. Si algo tuvo Laguna, que al igual que todos, comete errores, fue valentía para juzgar con honestidad una situación que iba a ser impopular donde se estaba jugando.
La polémica va a seguir porque hay que culpar a alguien, pero el “culpable” es Fernández, quien después de ser agredido por el jonrón de Willy García en el primer episodio, reaccionó con vigor y no permitió libertades en los siguientes seis episodios. León lo amenazó en varias ocasiones, pero jamás pudieron conectar el batazo en el momento justo.
Ahora, para mí, Lago cruzó el bate. Los videos lo han demostrado. Incluso, ante variantes que se han aplicado en las Grandes Ligas, las que incluso enviaron a un capacitador (Jorge Bauza) a nuestro país, no es necesario que crucés el bate: vale la intención del swing, los movimientos, el impulso del cuerpo y todo eso lo desplegó Lago en su turno.
León no pierde por una decisión arbitral, pierde por su incapacidad de batearle a Fernández. En el tercer episodio, Jiandido Tromp y Lago ligaron infield hits con un out, pero Roger Bernadina elevó al bosque central y García, el del jonrón, fue ponchado. Ahí se acabó la amenaza. Era una gran oportunidad que los melenudos no aprovecharon.
En el sexto, el propio Bernadina abrió con doble, es decir, se puso en posición anotaron. Y sin out. ¿Sabe qué paso? Fernández volvió a ponchar a García, dominó a Adrián Moreno en rola a segunda base y remató con otro ponche a Juan Carlos Torres. Eso fue lo que pasó. Se malograron los chances. Entonces, al final hay que culpar a alguien, al árbitro.
Es más, el trabajo del cerrador de los Gigantes, Carlos Contreras fue vacilante, pero incluso en un momento, el árbitro Laguna lo afectó al no contarle algunos envíos que estaban en la zona de strikes. Al menos uno de ellos fue ante Arnol Rizo, quien terminó con una base por bolas. Al final, no obstante, Contreras hizo su trabajo. El que falló fue Lago.
Son comprensibles algunas reacciones de fanáticos leoneses quienes necesitan descargar su molestia o frustración, pero deberían tener más fe en su equipo. Durante el round robin hizo un gran trabajo después de un despegue horrible en el cual muchos lo abandonaron. Pero así es el juego, como la vida. A los amigos se les conoce en las dificultades.
La Final aún no ha terminado, aunque los Gigantes tienen una ventaja de significado, pero todavía necesitan ganar dos partidos más. Y recuerden que los juegos no se pierden en el último inning, sino con todos los chances que se no aprovecharon a través de su trayecto. León ha anotado tres carreras en dos juegos. Así no se puede ganar.
Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR
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