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La oposición como semántica y como realidad

En busca de que la oposición se dé  una nueva identidad política en la complicada situación de Nicaragua, y como punto de partida para salir de la fragmentación y la  dispersión, algunos dirigentes democráticos proponen que se hable de “grupos pro democracia”, no de oposición propiamente dicha.

Sostienen que la oposición es un componente fundamental de la democracia representativa y que donde esta no existe, tampoco hay fuerzas opositoras. 

En realidad, oposición es, en sentido estricto, la “acción y efecto de oponer u oponerse”. Y en sentido amplio es el “conjunto de grupos o partidos que en un país se oponen a la política del Gobierno o al poder establecido.” Y en este mismo orden, oposición es “en los cuerpos legislativos, (la) minoría que habitualmente impugna las actuaciones y propuestas del Gobierno.” 

De acuerdo con la doctrina política, la  oposición es esencial en un Estado democrático. En este, la función opositora es ejercida por los partidos políticos, que son los instrumentos idóneos para la participación y representación de los ciudadanos en las acciones estatales, tanto en las que se desempeñan en el ejercicio del poder como fuera de este. 

Es muy importante aclarar y tener en cuenta que en el Estado democrático la oposición no significa subversión, ni lucha armada y mucho menos terrorismo. La oposición es, en la democracia, debate de las ideas políticas y conquista de la opinión pública. Los partidos opositores cuestionan al Gobierno, incluso rechazan el modelo de sociedad existente y propugnan un ordenamiento político, económico y social diferente. Pero invariablemente actúan de manera pacífica, cívica, en el marco institucional y constitucional del país. 

Lo anterior implica, a su vez, que quienes ejercen el poder no impiden sino que más bien respetan y facilitan las actividades legítimas de la oposición. En  particular su derecho y posibilidad real de participar en las elecciones libres,  para buscar el voto popular que les permita asumir la responsabilidad de gobernar. 

Cabe añadir que en la democracia la función opositora no la ejercen solo los partidos políticos cuando no están en el poder. El derecho de participación política, y por lo tanto de ejercer la función opositora, pertenece también a las organizaciones de la sociedad civil. Lo que no pueden estas es hacer política partidista ni optar al poder directamente. Esta es una prerrogativa de los partidos políticos.

El científico político francés André Mathiot, escribió que “si fuese necesario escoger un criterio único de la democracia, optaríamos por el del puesto que se concede a la oposición”. 

Por el contrario, en los regímenes totalitarios y  autoritarios no se tolera del todo la oposición, o se le margina, se le reprime y no se le permite optar a la toma del poder por la vía pacífica electoral. 

Pero también en este caso, y como quiera que se les llame a quienes impugnan a los regímenes autoritarios y totalitarios, estos son tan opositores como los que actúan en la democracia. Pues de cualquier manera y aunque en otras condiciones, ellos igualmente  practican la oposición.

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