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Managua, Nicaragua.03/Diciembre/2014. Dinero, Billetes de 500 cordobas. Oscar Navarrete/LA PRENSA.

Banco Mundial: Nicaragua será la economía que menos crecerá en Centroamérica en 2022

La economía nicaragüense perdería también impulso en su crecimiento en el 2023. El organismo advierte de múltiples riesgos internacionales para el crecimiento mundial

Nicaragua será la economía que menos riqueza producirá este año con respecto al resto de Centroamérica, tendencia que se mantendrá así incluso en el 2023, según el informe Perspectivas económicas mundiales, que publicó ayer el Banco Mundial, en el que advierte que «la economía mundial está entrando en una pronunciada desaceleración en medio de las nuevas amenazas derivadas de las variantes de la covid-19, el aumento de la inflación, la deuda y la desigualdad de ingresos».

Según el reporte, el Producto Interno Bruto (PIB) de Nicaragua crecerá 3 por ciento, siendo la tasa más baja de Centroamérica, pero estará por encima del 2.6 por ciento que en promedio se pronostica para América Latina y el Caribe, «a medida que se endurezca la política fiscal y monetaria, la demora en las mejoras en las condiciones del mercado laboral continúen y las condiciones externas se vuelvan menos favorables» en el hemisferio.

La proyección de crecimiento del Banco Mundial para Nicaragua estaría casi en línea con las expectativas del Banco central que apuesta por una expansión este año de entre 3.5 y 4.5 por ciento, tras un crecimiento de entre 7.5 y 9.5 por ciento en 2021, según la última actualización de la autoridad monetaria en diciembre pasado. El Banco Mundial mantiene que fue 5.5 por ciento.

De cumplirse la proyección del Banco Mundial, que generalmente actualiza sus números a medida que avanza el año, Nicaragua se colocaría en la cola del crecimiento y la recuperación económica en Centroamérica, seguido por Costa Rica con un 3.5 por ciento; y Guatemala 3.9 por ciento. En el extremo opuesto, Panamá lideraría con 7 por ciento y Honduras con un 4.4 por ciento.

La economía nicaragüense perdería también impulso en su crecimiento en el 2023. El organismo financiero internacional proyecta una tasa de apenas 2.5 por ciento, igual que para El Salvador, pero a diferencia de esa economía, la local necesita mantenerse en creciente expansión para poder compensar tres años de recesión (2018-2020), que destruyeron más de 150 mil empleos, de los cuales al menos 130 mil siguen sin recuperarse.

El Gobierno de Nicaragua, en el programa económico y financiero que acompaña al Presupuesto General de la República 2022, espera que el próximo año la economía crezca 3.5 por ciento y será hasta el 2025 cuando se esperaría que el PIB alcance una expansión de 4 por ciento.

Pero más allá de eso, lo cierto es que cualquier expectativa de crecimiento económico del Gobierno de Nicaragua está bajo amenaza de factores externos, sin incluir los internos. El Banco Mundial en su reporte advirtió a América Latina y el Caribe que «el proceso de recuperación hacia los niveles del Producto Interno Bruto anteriores a la pandemia será
desigual en la región y prolongado en algunos países».

«Las proyecciones elaboradas hasta fin de 2023 implican que, si se ponderan las cifras en función del PIB, la región de América Latina y el Caribe perderá terreno en el ingreso per cápita no solo en relación con las economías avanzadas, sino también con las de Asia oriental y el Pacífico y las de Europa y Asia central», agregó.

Y aunque la proyección de crecimiento para Nicaragua este año está por encima de la media en el hemisferio, lo cierto es que la misma está por debajo del 4.7 por ciento para Centroamérica.

«En Centroamérica, el crecimiento se mantendrá sólido en 2022, en un 4.7 por ciento, debido a la mejora en las perspectivas respecto de la vacunación contra la covid-19 y la entrada firme y continua de remesas. Asimismo, se espera que, en la mayoría de los países del Caribe, el crecimiento se acelerará en 2022 como resultado del repunte previsto en el turismo internacional», según el BM.

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Entre los riesgos, que el Banco Mundial identifica para las economías latinoamericanas y caribeñas figura «un aumento abrupto en la cantidad de casos de covid-19, tensiones en el financiamiento y estrés relacionado con la deuda, y disrupciones provocadas por acontecimientos meteorológicos extremos y desastres naturales».

Además indica que «la durabilidad de la recuperación económica en América Latina y el Caribe, como en otros lugares, depende de que se controle la pandemia. Los brotes de covid-19, incluidos los ocasionados por nuevas variantes del virus, siguen constituyendo un riesgo a la baja incluso en países con altas tasas de vacunación».

«Un deterioro repentino de la actitud de los inversores, especialmente en un entorno de alta inflación y cuantiosa deuda pública, podría generar dificultades para afrontar el servicio de la deuda y episodios de salidas de capitales. Las perturbaciones económicas relacionadas con eventos meteorológicos extremos, en parte vinculados al cambio climático, y otros desastres naturales representan un riesgo significativo no solo para las perspectivas de crecimiento regional, sino también para la integridad y los medios de subsistencia de las personas que viven en la región», puntualiza.

Cabe mencionar, que a los factores antes mencionados por el Banco Mundial, a las metas de crecimiento de Nicaragua se agregan otros factores adversos como el impacto de las sanciones internacionales contra el régimen de Daniel Ortega, las restricciones financieras en los organismos internacionales, un mayor aislamiento político, deterioro del clima de inversión, fuga de capitales, dificultad para atraer inversión extranjera directa, entre otros.

Perspectivas mundiales

Por su parte, a nivel mundial el organismo financiero multilateral prevé que el crecimiento se desacelere notablemente, del 5.5 por ciento en 2021 al 4.1 por ciento en 2022 y al 3.2 por ciento en 2023, a medida que la demanda reprimida se disipe y vaya disminuyendo el nivel de apoyo fiscal y monetario en todo el mundo.

David Malpass, presidente del Grupo Banco Mundial, dijo ayer que «para lograr que un mayor número de países se encamine hacia un crecimiento favorable, se requiere la acción internacional concertada y un conjunto integral de respuestas de política en el nivel nacional».

Mari Pangestu, directora gerente de Políticas de Desarrollo y Alianzas del Banco Mundial, afirmó por su parte que «la prioridad inmediata debe ser garantizar que las vacunas se distribuyan más amplia y equitativamente, de modo de que la pandemia pueda controlarse. Pero para abordar los retrocesos en el desarrollo, como el aumento de la desigualdad, se requerirá un apoyo sostenido. En un momento en que los niveles de deuda son elevados, será esencial la cooperación global para ayudar a ampliar los recursos financieros de las economías en desarrollo a fin de que puedan lograr un desarrollo verde, resiliente e inclusivo».

Ayhan Kose, director del Grupo de Perspectivas del mismo organismo dijo: «A la luz de la desaceleración prevista en el crecimiento de la producción y la inversión, el escaso espacio normativo y los riesgos considerables que opacan las perspectivas, las economías emergentes y en desarrollo deberán calibrar cuidadosamente sus políticas fiscales y monetarias. También es necesario que emprendan reformas para borrar las cicatrices de la pandemia. Estas reformas deben diseñarse de modo tal de incrementar la inversión y promover el capital humano, revertir la desigualdad de ingresos y de género, y hacer frente a los desafíos del cambio climático».

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