¿De espaldas a Belén?

Siguiendo con el tema de los valores y la forma de promoverlos, podríamos preguntarnos si existe alguna relación entre nuestra crisis ética y la recién celebrada Navidad. ¿No será –podríamos pensar– que gran parte de nuestros recurrentes problemas, como la corrupción, violencia, inestabilidad familiar y política, tiranías, tienen su origen en que el mensaje del nacido en Belén no ha penetrado suficientemente en nuestra población

Algunos podrán pensar que somos un pueblo muy devoto; tenemos llamativas expresiones de religiosidad popular; purísimas, celebraciones de santos, devoción al Santísimo, etc. Pero, si se rasga un poco la superficie, ¿no descubriríamos que, como refirió un día Pablo Antonio Cuadra, en Nicaragua hay sentimientos cristianos, pero no moral cristiana? Porque basta destacar algunos datos de nuestra sociología para poner en duda nuestra religiosidad: la baja proporción, tanto de hombres que asisten a misa como de parejas unidas en matrimonio, y la terrible y predominante desintegración familiar.  

La falta de cristianización es algo que tiene consecuencias. Piénsese lo que se quiera sobre la verdad o contenidos de dicha fe, es sociológicamente demostrable que las sociedades que mejor han asimilado la tradición judeocristiana son las que han demostrado los más altos niveles de moralidad pública y privada. Igual, que son las personas, familias y conglomerados más cristianos —con las debidas excepciones— los mejores o más decentes. 

Nadie puede cuestionar que el mensaje y testimonio de Cristo causó la revolución cultural más profunda conocida por la humanidad. La evidencia histórica corrobora cómo su poder civilizador cambió radicalmente las costumbres bárbaras de la antigua Europa y fue creando, gradualmente y con altibajos, una ética nueva, profundamente humanizadora. En la medida en que esta fue asimilada civilizó y moralizó a occidente y a gran parte de la humanidad. Las enseñanzas de los diez mandamientos, junto con la insistencia en el amor, la unidad familiar, y la no discriminación, dejan huella; incluso en el mundo sociopolítico. Conceptos como la dignidad e igualdad de todos los seres humanos, así como el de la existencia de derechos universales e inalienables, entre ellos la libertad y el mismo ideal democrático, emanaron también del ethos cristiano.

De todo lo anterior puede inferirse que Nicaragua está necesitando de buenas dosis de cristianismo para apuntalar su salud y ética social. Decirlo puede sonar políticamente incorrecto para la mentalidad moderna, agnóstica o atea. Pero hay que atreverse a proponerlo. No basta con predicar la importancia de transmitir valores. En el mercado hay muchos y contradictorios. Hay que atreverse a demandar y promover la enseñanza de valores cristianos. Su importancia es particularmente relevante en el caso de la familia. Si coincidimos en que esta es la primera escuela de valores y que para cumplir su misión debe ser fuerte y unida, lo más idóneo es difundir entre la juventud las enseñanzas cristianas sobre la castidad, la sacralidad del matrimonio, y el mal del divorcio. 

Mucho cambiaría Nicaragua, si cada hogar nicaragüense fuese dotado de una biblia. Y más aún, si la prioridad del sistema educativo fuese formar ciudadanos buenos imbuidos en la moralidad cristiana y en la práctica de las virtudes. En 1893 el dictador José Santos Zelaya, en aras del laicismo y la libertad religiosa, sacó a Cristo de las escuelas. No lo consultó con la población— mayoritariamente amigable a la instrucción religiosa— ni les hizo a los alumnos o al país servicio alguno.  Más bien privó, a ambos, de un excelente medio de moralización. No se trata ahora de volver al Estado confesional, sino a que permita impartir en el sistema público las enseñanzas cristianas elegidas por los padres de sus alumnos, dejando en libertad de no recibirlas a quienes no las deseen. La clave de la restauración de Nicaragua está en mirar hacia Belén. Bien lo dice el salmo 144: “dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor”. 

El autor, sociólogo y ex ministro de educación, es autor del libro “Buscando la Tierra Prometida” (Historia de Nicaragua 1492-2019), de venta en librerías y en Amazon. 

Opinión Belén Jesucristo archivo
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