A manera de introducción menciono que el presente artículo muestras datos y hechos relevantes sobre el sismo del 72 y sus consecuencias en la vida, la economía, los bienes y el grado de paralización y afectación sistémica social y económica. Managua se paralizó por un tiempo finito.
Además, hago una valoración rápida sobre el estado de preparación del país en el año 1972 de acuerdo a los conocimientos, normas, conceptos y teorías así como las tecnologías de la época y las actuales.
También, describo algunas lecciones aprendidas producto de la experiencia basadas en las respuestas inmediatas que se dieron casi de forma inmediata y que se han traducido al pasar el tiempo en actividades públicas, privadas y académicas sostenibles.
Finalmente, enuncio el rol de los ingenieros y sus acciones para que las lecciones aprendidas se traduzcan en actividades profesionales actualizas, que contribuyan en la prevención y mitigación de una catástrofe como se le pudo denominar en aquella época al terremoto del 72. Los conocimientos actuales nacionales e internacionales utilizan lenguaje técnico y a la luz de ellos se denomina desastre de origen natural al suceso ocurrido en vísperas del nacimiento del Niño Dios.
Al enunciar las características del sismo y los efectos dañinos, menciono entre los datos más relevantes magnitudes conocidas y aceptadas. Podemos decir con propiedad que el terremoto de Managua de 1972, llamado coloquialmente terremoto del 72, fue un sismo de magnitud 6.2 en la escala Richter que destruyó nuestra ciudad capital a las 00:35 a. m. hora local (06:35 UTC) del sábado 23 de diciembre de 1972 . Duró 30 segundos, seguido por dos réplicas de magnitud 5.0 y 5.2 a la 01:18 y 01:20 a. m. (07:18 y 07:20 UTC), respectivamente, casi una hora después del primer temblor, con epicentro dentro del Lago Xolotlán 2 kilómetros al noreste de la Planta Eléctrica Managua en la falla de Tiscapa. Destruyó el centro de la ciudad y causó cerca de 19,320 muertos y 20,000 heridos, aunque no se sabe el número exacto de fallecidos debido a que hubo cadáveres que nunca fueron sacados de los escombros por los rescatistas nacionales y extranjeros.
Lo dicho en el párrafo anterior describe la trágica situación que causó el sismo de forma agravada, el mayor número de muertos, debido a que la mayoría de las casas de taquezal que se cayeron ya habían sido dañadas por el terremoto de marzo de 1931, y no fueron reparadas apropiadamente, aunque hubo casas modernas de taquezal que soportaron el temblor. Los incendios causados por el desastre – denominadas en las leyes actuales como amenazas secundarias– se prolongaron durante las dos semanas siguientes, hasta el 6 de enero de 1973, debido al uso no generalizado de breakers automáticos, el quiebre de la tubería de agua potable y a que los dos cuarteles del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Managua, situados en el barrio Candelaria y frente al Estadio Nacional, se derrumbaron aplastando a las unidades. De manera paralela muchas edificaciones de varios pisos resistieron el terremoto porque eran diseñadas y construidas en base a normas y técnicas especializadas de origen importado.
La situación anterior sobre el sismo y sus efectos, considerando los nuevos conceptos y teorías modernas así como las leyes nicaragüenses constituyeron un Desastre –nombre técnico adoptado nacional e internacionalmente a este tipo de situaciones- con origen en las fuerzas de la naturaleza y agravado por la calidad de los materiales, la construcción misma así como la operación y mantenimiento de las edificaciones.
La Asociación Nicaragüense de Ingenieros y Arquitectos (ANIA) y sus asociados desempeñaron un rol activo integrándose a labores técnicas en la emergencia y la reconstrucción. La doctora Celina Ugarte de Peñalba, asociada de ANIA, en medio de la emergencia y la reconstrucción genera las primeras iniciativas de normas de edificación antisísmica y que posteriormente por medio de la cooperación de expertos de origen mexicano dieron lugar a la las primeras normas nacionales antisísmicas. El ingeniero Walter Gómez fue partícipe de actividades de diseño y construcción en oficinas especializadas que vislumbraban la planificación urbana. Menciono estos nombres solo por atestiguar sobre la viva voz de los nombrados, algunos ejemplos, porque fueron muchos más los participantes a los que les guardamos agradecimiento por su loable labor.
Las lecciones aprendidas por el sismo y sus consecuencias se han traducido de forma propositiva en leyes y normas de gran alcance, entre estas el Reglamento Nacional de la Construcción y Normas sobre Instalaciones Eléctricas Domiciliares, entre otras; y la Ley No. 337 para la creación del Sinapred, por mencionar algunas. En el plano laboral existen exigencias para planes de prevención y evacuación. En base a las normas anteriores –exigibles para toda construcción nacional—se ha contribuido a crear una base sólida de profesionales de la ingeniería y la arquitectura con capacidad de aplicar normas antisísmicas con resultados medibles.
Las normas actuales dan pautas e indicaciones para mitigar o prevenir desastres por sismos. Las características y consecuencias del sismo en las edificaciones están debidamente tipificadas en el Reglamento Nacional de la Construcción versión 2007 y sus Anexos y adiciones, mientras la Ley No. 337 y su Reglamento constituyen las normas que regulan actividades para “Establecer las políticas en materia de Prevención, Mitigación y Atención de Desastres requeridas para su respectivo territorio, en armonía con las definidas por el Sistema Nacional”. Particularmente están debidamente conceptualizados en su versión moderna en los incisos 5,6, 7 y 8 del Arto.3 de la ley citada que dicta definiciones básicas que conceptualizan qué es un desastre y el desastre natural, administración del desastre, amenazas secundarias respectivamente. La promulgación y aplicación de las leyes, reglamentos y normas, vinculas a la construcción y la creación del Sistema para Mitigación y Prevención de Desastres, deben interpretarse como respuestas a las lecciones aprendidas en el estricto sentido de la palabra.
En base a lo anterior el recuerdo y reflexión sobre las consecuencias producidas por el sismo del año 1972, sobre todo en las vidas perdidas de nuestros amigos y seres queridos, nos orienta e impulsa a continuar desarrollando planes de formación continua para ingenieros y arquitectos en las diversas especialidades y tecnologías, así como profesiones conexas, para el diseño, construcción, operación y mantenimiento antisísmicos, y con visión y práctica de construcción sostenible amigable con el ambiente, con la finalidad de prevenir y mitigar los daños, esto en el contexto de mejora continua en base a los conocimiento técnicos y la tecnología. Y además lo anterior, generar propuestas e iniciativas basadas en los conocimiento de última generación y de normas de reconocida calidad técnica y aplicabilidad.
El autor es ingeniero.