La embajada de Estados Unidos en Nicaragua informó, en una actualización en su página sobre la situación del covid-19 en el país, que el gobierno de Daniel Ortega prohíbe la importación de pruebas para detectar el virus e incluso ha recibido reportes de confiscaciones.
«Las pruebas de PCR están disponibles solo a través del Ministerio de Salud de Nicaragua. El gobierno de Nicaragua prohíbe la importación de pruebas COVID-19. La Embajada ha recibido informes de las pruebas confiscadas a viajeros ciudadanos estadounidenses al llegar a Nicaragua», afirma la sede diplomática en su sitio web.
El régimen de Daniel Ortega mantiene centralizadas las pruebas de covid a través del Ministerio de Salud (Minsa), la única entidad a donde los viajeros que requieran hacerse la prueba pueden acudir. Pero además las vende a un costo de 150 dólares.
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Al principio, la prueba únicamente se realizaba en el Complejo Nacional de Salud Dra. Concepción Palacios, ubicado en Managua, mejor conocido como «Conchita Palacios». Sin embargo, ante la cantidad de usuarios que conllevaba a la aglomeración, desorden y riesgo para contraer el virus, el Minsa abrió un segundo laboratorio en Bolonia, siempre Managua.
Pruebas siempre han sido un secreto
El régimen no solo impide traer pruebas caseras o de antígenos, sino que ha mantenido en secreto cuántas ha realizado en total desde que inició la pandemia. Esta siempre ha sido uno de las posturas más criticadas en la gestión que se le ha dado a la pandemia en el país.
El sector privado demandó en su momento que se permitiera la importación de pruebas para aliviar la carga del Minsa y también que se redujera el precio una vez comenzaron a retornar las aerolíneas al país. La demanda de viajeros crecería ya que varios países, incluido Estados Unidos, pedía el requisito de la prueba negativa.
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Sin restricciones
En su actualización con el número de muertes registradas oficialmente por el Minsa, este martes 21 de diciembre la embajada dijo que «el gobierno de Nicaragua aún tiene que imponer oficialmente restricciones de viaje nacionales o políticas nacionales de cuarentena».
Esto nunca sucedió. Nicaragua fue y sigue siendo el único país en el continente que no impuso ninguna medida para frenar el avance del virus: no llamó a cuarentena, no suspendió las clases ni decretó uso obligatorio de mascarillas. No pasó durante la primera ola entre mayo y junio de 2020 que dejó a miles de personas contagiadas, tampoco durante agosto y septiembre de 2021 con la segunda ola que incluso fue más devastadora que la primera.
Tampoco hay indicio de que planee tomar alguna medida para detener los inminentes contagios de la nueva variante de preocupación a nivel mundial, ómicron, y que ya se encuentra en países fronterizos como Costa Rica con casos confirmados y Honduras con un caso bajo sospecha.
Al contrario, la vicepresidenta Rosario Murillo llama cada fin de semana a participar de miles de actividades masivas que promueve el gobierno a través de sus diversas instituciones.