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Buenas tradiciones, malas costumbres y cultura política

La Gritería, que se celebra cada siete de diciembre y según historiadores se viene celebrando desde el año de 1857, es sin duda la tradición religiosa y cultural popular más representativa de Nicaragua.

Es tan profundo el arraigo de esta tradición que en cualquier parte del mundo donde hay nicaragüenses que forman una comunidad, por pequeña que sea, la festejan con el mismo entusiasmo que en Nicaragua, de acuerdo con las circunstancias de cada país y lugar.

El diccionario del idioma español explica que la tradición es la transmisión de padres a hijos, y de una a otra generación, de las costumbres y expresiones culturales de diversa clase. De manera que las tradiciones representan la forma en que los miembros de una comunidad, pueblo o nación, perciben el mundo y su vida y constituyen por eso la columna vertebral de la identidad nacional.

Más todavía, las tradiciones representan la continuidad de la vida social y cultural de las comunidades humanas, sin las cuales estarían condenadas a desaparecer. Es que la gente de cada época, advirtió Tito Lucrecio Caro en su obra clásica titulada  Sobre la naturaleza de las cosas, igual que en las carreras de relevo “se van transmitiendo la antorcha de la vida”.

De allí que no solo sea importante, sino indispensable, conservar y cultivar las tradiciones, enriquecerlas con los avances de la misma vida y los progresos de la cultura, con la comprensión de que dejar que se pierdan sería perder la identidad  y la esencia humana de la nación.

Sin embargo, así como hay tradiciones buenas, bonitas y positivas que deben ser conservadas y enriquecidas, como es el caso de las Purísimas y la Gritería del 7 de diciembre en Nicaragua, también hay malas costumbres que se convierten en tradiciones y  se integran en la cultura social, popular o nacional. Y estas es necesario erradicarlas.

Las tradiciones también forman parte de la cultura política, que según escribió el sabio nicaragüense ya desaparecido,  don Emilio Álvarez Montalván, “es aquel conjunto de ideas, valores, actitudes y creencias que son adoptadas firmemente por una comunidad concreta y que son encargados de regir los comportamientos y sociales”. Y a lo largo de su libro Cultura política nicaragüense, Álvarez Montalván va caracterizando las virtudes y vicios de la cultura política nacional, alertando que las primeras es necesario cultivar y desarrollar, pero los segundos deben ser erradicados.

En realidad, la tradición en la cultura política es “el conjunto de ideas, concepciones, costumbres, ritos, gustos y preferencias que, sobre asuntos públicos, se transmiten de generación en generación dentro de un grupo o clase social.” Así lo indica Rodrigo Borja en su vasta Enciclopedia de la política.

En Nicaragua se puede y se debe señalar como tradiciones negativas y malas costumbres políticas que deberían ser erradicadas para siempre, el caudillismo, el autoritarismo, la práctica dictatorial, la intolerancia y el menosprecio a los demás, sobre todo a los más débiles e indefensos.

Y ojalá que las virtudes políticas de la tolerancia, respeto al derecho ajeno y buena gobernanza, fueran acogidas y aplaudidas con entusiasmo por todos o la gran mayoría de los nicaragüenses, como ocurre con la tradición religiosa cultural de las Purísimas y la Gritería.

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