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Freddy Navas es de Ometepe pero vive en Managua. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE

El sencillo campesino Freddy Navas que sólo quería sembrar sandías en libertad

Un hombre dedicado a la agricultura tuvo que salir en defensa de su tierra. Hoy la dictadura lo tiene preso por segunda vez. Su ideal es ver a “Nicaragua libre”

En los años ochenta, Freddy Navas era solo un joven de Ometepe con deseos de estudiar. Aprendió a cultivar la tierra porque ese era el oficio de sus padres, y de casi todos en la isla, pero también tenía la pasión de leer y leer.

Los estudios se le comenzaron a truncar cuando tuvo que huir de Nicaragua para no ir a morir a las montañas cumpliendo el servicio militar obligatorio que los sandinistas impusieron a todos los jóvenes del país. Primero se anduvo escondiendo en Nicaragua y luego tuvo que salir a Costa Rica.

Desde entonces Navas luchó para estudiar, pero no pudo pasar del bachillerato. Optó por estudiar mecánica automotriz, oficio que también ha ejercido.

Hoy, a los 56 años de edad, Navas no pudo huir del sandinismo. Por segunda vez, es un reo político del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Su delito, como él le suele decir a su familia, es querer una Nicaragua libre y haberse opuesto desde 2013 a la ley con que Ortega pretende arrebatar las tierras a los campesinos para su hasta ahora fallido proyecto de construir un canal interoceánico mediante ley 840.

Es uno de los fundadores del movimiento campesino, ese al que Ortega y Murillo han tratado de destruir, obligando a sus líderes a ir al exilio o metiéndolos en la cárcel.

Líderes del Movimiento Campesino. A la derecha, Navas. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE

Campesino y mecánico

La sandía y el plátano son los principales productos que Navas cosecha en sus tierras de Ometepe. Principalmente la sandía, que tiene buena demanda para la exportación. Pero también siembra tomates, limones, yuca y otros.

Le estaba yendo bien. Trabajaba bastante. Como todo campesino se levantaba de madrugada a ver sus tierras con sus tres hijos.

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En Ometepe cultivaba y en Managua, adonde llegó hace más de 30 años, Navas también laboraba como mecánico, oficio que estudió cuando vio que no pudo entrar a la universidad después de haber hecho el esfuerzo de trasladarse a vivir a Managua cuando regresó del exilio en Costa Rica.

Lo que ganaba se lo iba invirtiendo a la finca.

Hogareño

En 1989, Navas se casó con Yadira Torres y formaron un hogar en el que una de las tradiciones es estar juntos. Comer al mismo tiempo, ir al cine, a la finca. Una familia unida y un hombre dedicado a su hogar, cuenta Freddy Navas hijo.

“Mi papá es un hombre gracioso, buena gente. Pero también es muy bravo, muy firme. Mantiene lo que dice, no cambia de opinión. Por ser así lo critican”, revela su hijo.

Los tres hijos de Navas están en el exilio. Una de las formas en las que Navas está siendo torturado en el nuevo Chipote es que le dicen que ya tienen ubicados a sus hijos, que “el brazo de Daniel Ortega es muy largo”.

Navas es devoto católico. LA PRENSA/ CORTESÍA

La educación que le ha dado Navas a sus hijos ha propiciado que ninguno de ellos sea vicioso, explica su vástago.

Los nacatamales, el pinolillo, el gallo pinto, la crema, son alimentos que no fallan en la mesa de la familia Navas Torres. “Mi papá viene de una familia pobre, pero él ha trabajado y se ha venido levantando. Él no es rico, no tiene dinero. Es un campesino normal como la mayoría. No nos ha dado lujos, pero nunca nos ha faltado la comida”, asegura Navas hijo.

Por las mañanas se pone botas, sombrero y sale al campo, como cualquier campesino normal, indica el joven sobre su padre.

El sandinismo

Freddy Navas proviene de una familia opositora. El padre, ya fallecido, y su madre, Guadalupe López, hoy una anciana de 90 años de edad, estaban en contra de la dictadura somocista, y cuando llegaron al poder los sandinistas tampoco estaban de acuerdo con la forma de pensar de ellos.

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“Mi papá dice que esa gente (sandinistas) es mala, hacen mucho daño. Les gusta causa dolor”, indica el hijo de Navas, de 30 años de edad.

Navas, de tendencia liberal, nunca se inmiscuyó en política hasta en el año 2013, cuando apareció la ley del canal, la cual permite que sean declaradas de utilidad pública las tierras que están dentro de la ruta del canal, el cual ya debió estar construido, pero hasta la fecha no se ha colocado ni la primera piedra, ni se ha dado siquiera un palazo.

Un hombre hogareño, así lo define su hijo. LA PRENSA/ CORTESÍA

El movimiento campesino

Tras el anuncio del canal, casi de inmediato, los campesinos comenzaron a tener temor por sus tierras. En Ometepe, la ley amenaza a varias familias, entre ellas la Navas y la de otros parientes.

En Ometepe, explica el hijo, la mayoría de las personas se dedican a la agricultura. Es lo que han hecho durante años, desde los tatarabuelos y más atrás. La sandía es el producto más cotizado. Le sigue el plátano. Las tierras son buenas y si fuesen trasladados a otro sitio desconocen cómo sería la calidad de las tierras.

Los hijos de Navas ya son mayores de edad, de 30, 28 y 27 años cada uno. Por eso, Navas comenzó a reunirse con otros campesinos para abordar el problema de sus tierras amenazadas por la ley canalera.

Se metió de lleno. Se dedicó solo a eso y llegó a ser uno de los miembros fundadores del movimiento campesino.

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Participaba de las marchas. Apoyaba cada acción de los campesinos para que se derogue la ley canalera. Su hijo cuenta que él no era muy visible. Daba entrevistas a los medios de comunicación, pero no muy frecuentemente como Francisca Ramírez o Medardo Mairena.

Empezó a visibilizarse tras abril de 2018, cuando los jóvenes del país apoyaron las protestas de los adultos mayores debido a unas lesivas reformas de Ortega a la ley de seguridad social. Los campesinos decidieron apoyar dichas protestas.

Reo político

El movimiento campesino se vio muy involucrado en las protestas. Tanto que cuando se instaló una mesa de diálogo en mayo de 2018, auspiciada por los obispos católicos, Navas fue parte de la delegación de los campesinos que participó en la misma.

Así fue adquiriendo más relevancia y el gobierno lo comenzó a culpabilizar por los tranques que paralizaron el país hasta mediados de julio de 2018, luego de que el orteguismo realizó operaciones limpieza con paramilitares y armas de guerra, matando a más de 300 nicaragüenses.

A Navas lo captura la Policía orteguista por primera vez el 17 de noviembre de 2018. Lo atrapan en su casa, en Villa Libertad. Lo golpearon hasta que se desmayó.

Navas y su esposa no estaban en su casa, sino que andaban huyendo, en casas de seguridad. Pero ese 17 de noviembre llegaron a la casa a buscar ropa y alguien los delató. En la noche llegó la Policía. Fue acusado en la misma causa de Medardo Mairena, a quien se le responsabilizó por el asesinato de unos policías en Morrito, Río San Juan.

Policías arrebatan el teléfono celular al líder campesino Freddy Navas, en las afueras de su vivienda. LA PRENSA/ARCHIVO/ CAPTURA DE PANTALLA

Enfermo de problemas lumbares, Navas pasó muchos dolores en la cárcel, además de que lo golpeaban y le fracturaron la nariz. Había que llevarle medicamentos porque la inflamación y el dolor hacían que él ni siquiera pudiera levantarse de la cama.

Fue liberado con la amnistía de junio de 2019, cuando salieron el grueso de los prisioneros políticos.

Nuevamente Navas tuvo que andarse ocultando, pero siempre participaba en el movimiento campesino.

Hace 11 meses, regresó a su casa. La lucha que emprendió desde 2013 por salvar sus tierras y ver una “Nicaragua libre” ha afectado seriamente su patrimonio. Ya la producción en sus tierras no es la misma. Ha decaído severamente.

Desde ese momento no volvió a salir de su vivienda. No podía. Todos los días la policía orteguista estaba en su casa. Prácticamente tenía casa por cárcel sin estar acusado de ningún delito. Más aún, sin haberlo cometido.

La Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH) no pudo hacer nada para que no se le violentaran sus derechos.

El 5 de julio pasado, la Policía Orteguista volvió a detenerlo. Sin razón, aunque el gobierno lo señala de conspiración para cometer menoscabo a la integridad nacional.

Una perrita ladró cuando llegaron los policías. “Amárrala o la matamos”, le dijeron. Cerraron la calle por varias horas y dejaron la casa alborotada, allanada.

Se llevaron tantas cosas que la familia aún no ha podido hacer un inventario de ellas.

Estado actual

En la cárcel, en el nuevo Chipote, a Navas lo levantan de madrugada ya sea para que se bañe o para interrogarlo siempre con las mismas preguntas.

“¿Dónde están tus hijos?, le preguntan. Él no dice nada de lo que ellos quieren escuchar. Entonces los policías le dicen que nos tienen ubicados”, cuenta Navas hijo.

La familia se encuentra muy preocupada por él, especialmente por su salud, ya que, aparte de sus problemas lumbares, nunca se ha enfermado y ahora hasta le recetaron pastillas para la presión. Ha bajado 45 libras y no puede dormir porque le dejan la luz encendida por mucho tiempo o lo contrario, permanece mucho tiempo en la oscuridad.

“Mi papá solo es un campesino sencillo que le gusta leer y leer”, termina diciendo Navas hijo.

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