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La tragedia del hambre en Nicaragua y el mundo

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por su sigla en inglés) ha reportado que Nicaragua, Venezuela y Haití son los países más empobrecidos de las Américas. Y por lo tanto tienen las tasas de prevalencia de hambre más altas en América Latina y el Caribe.

Así se dice en el más reciente informe de la FAO sobre el Panorama regional de la seguridad alimentaria y nutricional 2021, según información publicada en LA PRENSA este 2 de diciembre.

La cantidad de nicaragüenses que sufren hambre o están subalimentados, aumentó de un millón cien mil en 2016 a un millón trescientos mil, retroceso que de acuerdo con la información de LA PRENSA se ha debido a la crisis sociopolítica que estalló en 2018 y sus consecuencias no se han superado hasta ahora. El 19.3 por ciento de los nicaragüenses (más o menos un millón trescientos mil), tiene dificultades para llevar comida a sus mesas, según el informe de la FAO.

Por supuesto que el hambre como problema social y humano no es solo de los países antes mencionados, es una tragedia de dimensión mundial. Se conoce por los informes de los organismos internacionales especializados, que unos 811 millones de personas, equivalentes a la décima parte de la población mundial, padecen hambre y subalimentación. Más de la mitad de ellas viven en Asia, más de un tercio en África y unas 60 millones están en América Latina y el Caribe.

También es conocido que el hambre como problema social ha acompañado a la humanidad a lo largo de su historia. Una referencia ilustrativa de este problema en la antigüedad, es el episodio mencionado en el Antiguo Testamento de la Biblia, de cuando José interpreta un sueño del Faraón y le aconseja que para prevenir las hambrunas se debe reservar una  parte de las cosechas de los buenos tiempos, los de “las vacas gordas”,  para atender las necesidades de comida en los períodos malos, los de “las vacas flacas”. Sin duda que esa parábola bíblica tiene una filosofía que los gobernantes de muchos países no la aprenden y menos que la aprovechen.

Pero la verdad es que en la actualidad se produce tanta comida en el mundo que nadie debería sufrir por el hambre. Según las Naciones Unidas, “las cadenas de producción alimentaria elaboran suficiente comida para nutrir a todos los habitantes del planeta, (pero) el hambre continúa aumentando en algunas partes del mundo…”

Un estudio del Fondo Mundial para la Naturaleza informa que el 40 por ciento de la producción mundial de alimentos –unas 2,500 millones de toneladas–, se desperdicia. Esto es un ultraje a la conciencia y  la dignidad humana, cuando más de 800 millones de personas sufren y mueren de hambre porque no tienen comida.

Es “un escándalo y un crimen contra los derechos humanos”, ha dicho el papa Francisco. “No  basta con producir alimentos suficientes si luego muchos se quedan sin el pan de cada día… esta es una injusticia que todos tienen el deber de extirpar mediante acciones concretas y buenas prácticas, y a través de políticas locales e internacionales audaces”, aseguró el santo padre católico en un mensaje divulgado por la Santa Sede a fines de julio pasado.

Por supuesto que el papa no debe referirse a políticas estatistas y socialistas, que donde han sido aplicadas y se aplican (como en Cuba y  Venezuela), han aumentado el hambre en vez de reducirla y mucho menos de erradicarla.

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