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Usted puede no simpatizar con los Dantos, incluso pueden desagradarle por las razones que sea, pero en términos objetivos, probablemente sea injusto no reconocer que fueron el mejor equipo del Pomares 2021 y que han ganado con toda legitimidad el campeonato nacional de beisbol superior.
Batallaron en la primera vuelta antes de sellar su boleto a la segunda fase. Boaco los llevó al extremo del sufrimiento en los cuartos de final y Chinandega los exprimió en las cinco batallas de las semifinales. Y una vez instalados en la Final, Matagalpa los colocó contra la pared y por poco los aniquila.
Sin embargo, los equipos buenos se reponen, se levantan desde el piso y retoman el camino hasta alcanzar el éxito que es la razón suprema de todos los esfuerzos. Y para un plantel con el respaldo y las expectativas de los Dantos, de muy poco habría servido todo lo conseguido si no se ganaba el título.
De modo que aquí sí se hizo realidad aquella frase que se repite como lugar común: «que gane el mejor», porque efectivamente, ganó el mejor. Los Dantos ganaron 77 juegos para alcanzar el campeonato y aunque por momentos se les vio jadeantes y casi destruidos físicamente, lucharon y vencieron.
En la primera vuelta se les vio trastabillar y cerraron en el quinto lugar de la clasificación general con marca de 39-28, por debajo de lo previsto. Sin embargo, en la segunda etapa terminaron en primer lugar con 28-16 y luego superaron 3-2 en cuartos de final a Boaco y 3-2 en semifinales a Chinandega.
Y para mantener la misma tónica, también se fueron al máximo de juegos en la Serie Final contra Matagalpa, al que vencieron 4-3 en medio de dramáticas batallas que se pudieron inclinar hacia cualquier lado. Incluso, ese séptimo juego estuvo cubierto de una angustiante asfixia hasta su conclusión.
Y al igual que Matagalpa, que perdió a varios de sus jugadores valiosos a través de la temporada, los Dantos se vieron privados de utilizar a Ronald Garth, Luis Montealto y Felipe Aguilar en la Final, pero siempre encontraron alternativas para salir a dar la batalla y propinar golpes como el jonrón de Engell Suárez.
Para los Dantos fue determinante el aporte de su «as» Jorge Bucardo, quien a pesar de algunas vacilaciones, regresó a su mejor nivel cuando más lo necesitaba el equipo. Qué valioso fue el aporte de Danilo Bermúdez, un jovencito que se mostró como un veterano en la colina y hasta resultó el MVP de la Final.
Pero en fin, el equipo en general funcionó. Julio Raudez Jr., quien no había lanzado como se pensó que lo haría cuando lo escogieron de refuerzo, ofreció un recital en el partido decisivo y Janior Montes, adquirido desde el Bóer, mostró su sangre fría y sentido de la oportunidad en partidos de mucha envergadura.
Lenín Picota y sus entrenadores también hicieron un trabajo tremendo, parchando áreas tan frágiles como su cuerpo de relevistas, que a menudo intentó apagar el fuego con gasolina. Al final, reorganizó su equipo de lanzadores y echó mano de los más confiables para enconmendarles cada misión en el camino.
Ganaron los Dantos porque fueron los mejores y porque supieron resistir ante cada adversidad que se les presentó a lo largo de una extensa ruta, a veces pavimentada, a veces con macadán, pero nada los detuvo hasta la consecución del objetivo principal era la captura del campeonato, el séptimo que conquistan.
Sé que muchos dirán que con las condiciones que les brinda el Ejército y con una directiva que desde fuera se asegura que intenta manipular a la Comisión del Beisbol, todo es más fácil, pero no, siempre hay que jugar los partidos. Buenas condiciones no son garantía de victorias, si no vean hacia las Grandes Ligas.
Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR
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