SOLO PARA SUSCRIPTORES.
Todo parecía perfecto para los Bravos el domingo. El Truist Park de Atlanta vestía sus mejores galas y el gran ambiente creado por el entusiasmo de 43,122 fanáticos dejó en claro que el escenario estaba listo para una jornada histórica. El equipo de la ciudad estaba al borde de acabar con una larga espera de 26 años sin un título de la Serie Mundial.
Además se convocó a una de las grandes leyendas de la franquicia y del beisbol en general, Greg Maddux, quien hizo el lanzamiento ceremonial ante su receptor personal, Eddie Pérez. Y antes de que el juego entrara en calor, los Bravos se pusieron al frente 4-0 con un grand slam de Adam Duvall en el primer inning. Sin duda, un arranque soñado.
Pero en lugar de presenciar una coronación de los Bravos, los fanáticos vieron una resurrección de los Astros, quienes se impusieron 9-5 y se llevaron la Serie Mundial a Houston, donde pretenden convertirse apenas en el séptimo equipo que hace girar un clásico de otoño desde una desventaja de 3-1, hasta ganarlo en una remontada espectacular.
La serie se encuentra ahora 3-2, siempre favorable a los Bravos, quienes se coronaron por última vez en 1995 frente a Cleveland, cuando a través de un pitcheo combinado de Tom Glavine y Mark Wohlers, más un cuadrangular de David Justice, se impusieron 1-0 en el sexto partido de aquella Serie Mundial, en la que también actuó Dennis Martínez.
Lo mejor que le pasó a los Astros fue el despertar de sus bateadores justo al borde de la eliminación. Tenían de 31-4 con corredores en posición anotadora y solo habían conseguido cuatro carreras en sus previas tres derrotas, pero el domingo, tras variantes en la alineación, reaccionaron con 12 cañonazos y mostraron su combatividad habitual.
Estar abajo y reaccionar no es algo extraño para los Astros. El año pasado iban 0-3 ante Tampa Bay en la Serie de Campeonato y forzaron un séptimo juego, el que al final perdieron. Un año antes, en 2019, iniciaron la Serie Mundial atrás 0-2 con Washington y forzaron un séptimo juego. Y en 2017, dieron vuelta a un 2-3 ante los Yanquis por la liga.
Pero eso no es garantía de nada. Se trata de ganar o ganar. Lo que intento decir es que es un equipo habituado a esas circunstancias extremas y eso lo comprenden mejor que nadie los Bravos, quienes trataron de rematarlos el domingo y celebrar ante su público en Atlanta, pero los Astros se lo impidieron y ahora están en Houston con la misma idea.
Los Bravos son un buen equipo. Además de reponerse a una discreta temporada y cerrar a todo vapor, quitaron de su camino a los Cerveceros y su notable pitcheo y más más adelante a los Dodgers y su colección de estrellas. De manera que seguro no están asustados, pero es claro que tendrán que emplearse a fondo ante estos Astros duros de matar.
Para esta batalla están designado el zurdo Max Fried por los Bravos contra el venezolano Luis García, quien entra en un juego adelante luego que José Urquidy fue utilizado el domingo. García abrió el tercer juego y trabajó 3.2 innings de tres hits y una carrera con seis ponches. Fried tiene una apertura de cinco innings, siete hits y seis carreras limpias.
Hoy los Astros siguen con la pretensión de unirse a los Piratas de 1925, Yanquis de 1958, Tigres de 1968, Piratas de 1979, Royals de 1985 y Cachorros de 2016, los únicos equipos que han hecho girar una Serie Mundial tras ir atrás 1-3. Los Bravos, por su lado, intentan ser el equipo 41, de 47, que gana un clásico en el que tuvo ventaja de 3-1.
¿Qué pasará ahora? Mi favorito han sido los Bravos, pero estos Astros son duros de matar.
Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR
SOLO PARA SUSCRIPTORES.