¿Viva Colón? ¿Muera Colón?

Mañana ocupa el calendario una efeméride controversial. Décadas atrás no lo era. El 12 de octubre de 1492 era celebrado con pompa y júbilo, como Día de la Raza o de la Hispanidad. Bajo el influjo de la izquierda marxista la fecha comenzó a ser lamentada como el inicio de la opresión aborigen para luego conmemorarla como “Dia de la Resistencia Indígena”.

¿Fue lo que vino ese día bendición o maldición? La repuesta depende mucho de los valores del historiador y se complica por la multitud de aspectos negativos y positivos que siempre se entremezclan en el actuar humano. Pero la imaginación puede asistirnos para evaluar la conquista. Preguntémonos ¿qué hubiese pasado si ni España ni imperio alguno, hubiese pisado América en los siglos posteriores al descubrimiento? ¿Estarían mejor los aborígenes? Es cierto que Mayas, Aztecas e Incas hicieron grandes y sofisticadas construcciones y mostraron otros avances —modestos si se comparan con otras culturas—. Pero hay que recordar que la opresión de los indígenas no comenzó con los españoles. Imperios como los Aztecas sojuzgaban y aterrorizaban multitud de tribus vecinas exigiéndoles multitudinarios tributos en seres humanos para sacrificarlos a sus dioses. Algunas tribus de la zona nicaragüense eran caníbales. Las borracheras rituales y la violencia intertribal eran crónicas.

Difícilmente estas culturas, todavía en la etapa del neolítico, hubieran podido superar su atraso y evolucionar hacia niveles de civilización alcanzados por los griegos o los romanos. Una razón que explican los antropólogos son sus creencias. De acuerdo con Paul Westheim, ellas no aspiraban a crear un nuevo orden “sino conservar rigurosamente el orden viejo y eterno”. Tal estancamiento cultural ha ocurrido también en Asia, África y otras regiones. Allí, culturas conservadoramente milenarias no hubiesen salido de su letargo a no ser por la intervención imperial de occidente.

Igual con nuestras culturas indígenas. Sufrieron una gran transformación que, aunque forzada en algunos aspectos, trajo muchos resultados positivos. Enfocaré mi atención en uno de estos: la introducción del cristianismo. A indios imbuidos de religiones pródigas en dioses crueles y voraces, los misioneros les hablaban de un Dios encarnado que era amor y que había dado su vida por ellos. A creyentes convencidos de la necesidad de ofrecer víctimas humanas, les explican que el hijo de Dios había sido sacrificado y pagado con su sangre por todos los pecados del mundo y que, por tanto, no había necesidad de más sacrificios. Para los indios el advenimiento del cristianismo fue algo liberador. Sumado a la aparición de la virgen de Guadalupe y la entrega generosa de los misioneros, provocó así uno de los fenómenos de conversión masiva más sorprendentes en la historia de las religiones. Toynbee, uno de los historiadores más respetados universalmente, elogiaría sus efectos: “Una de sus consecuencias fue superar la barrera que originalmente existía entre conquistadores y conquistados. La comunidad de religión abrió la puerta para los matrimonios interraciales y las dos sociedades se fundieron en una, en la cual el marco era occidental, pero una buena dosis de vino indio había sido vertida en botellas occidentales. La secuela fue diferente, y menos feliz para las sociedades que cayeron bajo la influencia del dominio francés, holandés y británico… Aquí no hubo un intento de impartir o recibir nada más que el lado secular de la civilización occidental… los nativos se vieron gradualmente alienados de sus propias culturas ancestrales sin jamás llegarse a sentir que la cultura occidental que adoptaban progresivamente se convirtiese en la suya propia. El resultado fue un cisma en la sociedad y un sisma en el alma…”

Cierto es que muchos conquistadores maltrataron inhumanamente a los indios. Pero fue el cristianismo quien, a través de la Iglesia y sus misioneros, contribuyó más a defenderlos y mejorar sus vidas. Otro historiador, Mariano Baptista Gumucio, ha documentado cómo en el oriente boliviano “el encuentro entre los europeos y habitantes prehispánicos, en vez de caracterizarse por la violencia y la crueldad, sirvió para atenuar las duras servidumbres de que estaba hecha allí la vida, para humanizarla y dotar a la cultura más débil de ideas, formas, técnicas, creencias, que la robustecieron a la vez que modernizaron”.

¿No merecerá mañana un brindis, el Almirante Cristóbal Colón? 

El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2018.

Opinión Cristóbal Colón archivo
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