Jonathan Loáisiga brilló con los Yanquis. LAPRENSA/AFP

Jonathan Loáisiga hace rugir el Yankee Stadium tras ponchar a la joya del bateo de Tampa

A Vicente Padilla nunca le gustó lanzar para los Yanquis de Nueva York. Le incomodaba profundizar en su no, arrugaba la cara y saltaba la pregunta. Dennis Martínez siempre prefirió a los equipos no favoritos para sorprender a los grandes

A Vicente Padilla nunca le gustó lanzar para los Yanquis de Nueva York. Le incomodaba profundizar en su no, arrugaba la cara y saltaba la pregunta. Dennis Martínez siempre prefirió a los equipos no favoritos para sorprender a los grandes. Tanto Padilla como Dennis tenían el nivel para ser figuras de picheo de la Gran Manzana, pero hicieron historias paralelas al equipo más popular de la pelota. No así el caso de Jonathan Loáisiga que fue rescatado por los Yanquis, mientras su carrera naufragaba por Nicaragua. Años más tarde su popularidad en el país se encuentra solamente detrás de Padilla y Martínez.

Loáisiga aceptó el reto de colocarse el peso de la camisa de Nueva York, tuvo paciencia, evolucionó y ahora es la principal figura del relevo. Este viernes entró nuevamente en acción con su manguera de brazo y sus lanzamientos como cascada que apaga el fuego, el Bombero volvió a sofocar el incendió. El mánager Aaron Boone lo trajo en una situación de peligro en el séptimo episodio, cuando el juego estaba 2-1 a favor de Tampa Bay y dos corredores circulando con dos outs. Al bate estaba Randy Arozarena, quien se fue al conteo completo y terminó ganándole la partida por base por bolas al nicaragüense. El jardinero cubano tuvo suerte que Kyle Higashioka perdiera la pelota en el lanzamiento que rozaba la esquina de adentro, lo que propició al umpire a vincularse más por la bola que el strike.

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Con bases llenas llegaba al cajón Wander Franco, la joya del bateo de Tampa y la futura superestrella de República Dominicana firmada con 16 años por 3.8 millones de dólares. Rápidamente Loáisiga puso el conteo a su favor con dos pedradas de 99 millas por horas, el público se puso en pie, pedían a gritos partido el ponche. Franco reaccionó con disciplina, defendiendo la zona. Se llegó al conteo máximo de matar o morir. A esas alturas del juego una carrera más de Tampa sería lapidario para Nueva York, no obstante, el Bombero apretó la tuerca, extendió su brazo, miró al receptor y soltó su relámpago a 100 millas por hora. En ese lanzamiento iban los deseos de brillar, de avanzar a postemporada, de llenar las expectativas y de decir: “aquí estoy, mírenme”.  Franco desnudo y sin chaleco antibalas fue perforado, su swing tardío no encontró la bala del pistolero. El público hizo rugir de la emoción y éxtasis el Yankees Stadium.

La actuación de Loáisiga fue de un tercio de inning, con un ponche y una base por bolas, sosteniendo la pizarra a 2-1 para mantener en la pelea a la tropa neoyorquina, dejando su efectividad en 2.21.

Deportes Jonathan Loáisiga archivo

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