Aún pienso que tienen miedo

A muchos nos gusta hablar del supuesto miedo que tienen el dictador y la Compañera, de aquellos que se atrevieron a levantarse en su contra y que después trataron de derrotarlos en una contienda electoral. Pero hay que reconocer que la pareja dictatorial tiene todo a su favor: el poder, las armas y hasta los fanáticos más extremistas a su disposición. Así que ¿por qué deberían tener miedo?

Quizás no lo tienen, pero yo aún pienso que sí… de cierta forma.

Aunque de seguro se mantiene en algún lugar parecido a una celda—a como lo llegó a describir Fabián Medina en El preso 198—alejado del mundo exterior, me encantaría pensar que el Comandante pasa sus días caminando por su casa en El Carmen, dando vueltas por ahí y allá —sin rumbo alguno— lleno de aquella ansiedad y nerviosismo que sin duda adquirió debido a tanto encierro. Mientras por las noches pasa sentado o acostado, viendo las noticias del periodismo independiente (porque prefiero pensar que no ve los canales oficialistas, controlados por su régimen), que reportan sobre la verdad que pasa en Nicaragua y no una falsedad que está tejida al gusto y antojo de dos personas que no viven en nuestra realidad.

Al mismo tiempo, me imagino a la Compañera sentada frente a su escritorio, escribiendo su monólogo para el día siguiente, con un tesauro a la par, lista para sacar los sinónimos adecuados —pero exagerados y venenosos— que necesita para que sus discursos telefónicos sobresalgan, hablando más de la cuenta y quemando puentes diplomáticos que esta nación necesita para salir adelante, pero siempre teniendo en el fondo de su consciencia el entendimiento y temor de que en nuestro país… nadie la quiere.

Quiero creer que ese miedo de ambos es tan enorme que el insomnio los carcome, como si los fantasmas de abril los estuvieran amedrentando y que ese mismo temor esté siempre presente durante los días que supuestamente tratan de gobernar una nación fracturada a causa de su mal manejo y corrupción, aguantando tanto que desgraciadamente podría caer en una depresión económica no vista desde la década de los 80.

Prefiero pensar que el miedo que tienen es tanto que es la razón por haber secuestrado a una cantidad de personas, tanto presos que salieron a reclamar en marchas, piquetes o tranques, como los que decidieron ser posibles candidatos a la Presidencia, formaron parte de movimientos y partidos políticos de oposición o simplemente alzaron sus voces a través de distintos medios sociales y de comunicación. El miedo que sienten sobre ellos los ha llevado a salirse de las mismas leyes que dicen respetar, realizando persecuciones y juicios inconstitucionales, una cacería de brujas al estilo de Salem a finales del siglo 17.

Quiero creer que esta pareja le teme a su pueblo. Y si pierden el control del pueblo… pierden el poder.

Si no fuera así ¿por qué siguen encerradas personas como Félix Maradiaga, Juan Sebastián Chamorro, Arturo Cruz o Cristiana Chamorro?, recibiendo un maltrato poco humano que la esposa de Juan Sebastián Chamorro —Victoria Cárdenas—, llama “un tema de derechos humanos (…) una tortura psicológica”, algo que todos los presos políticos han recibido de una forma u otra desde sus encarcelamientos por parte de alguien que en su pasado también recibió torturas y en vez de dar el ejemplo y humanizarse un poco, prefiere ser peor que aquellos que él llegó a reemplazar. Ese miedo es la razón de tener secuestradas a personas que buscan un cambio o que reclaman justicia mientras excarcelan a verdaderos delincuentes, causando un claro aumento en criminalidad a lo largo del territorio.

Asimismo, ¿por qué tanta saña en contra de una familia entera y el Diario que ha sobrevivido por casi un siglo? ¿Por qué tanto odio hacia el periodismo que no calla ante tantas amenazas?, ejerciendo su labor a como puedan, colectando memorias y pruebas que no serán olvidadas y algún día usadas en contra de los verdugos responsables.

Para mí, su miedo es la razón de intimidar y obligar a tantos a un exilio forzado, dejando a un país sin elementos que pudieron haber aportado considerablemente hacia el verdadero progreso de Nicaragua y no la que ellos —y solo ellos— dicen poder lograr.

Prefiero saber que el dictador podría estar delirante de miedo, no a la muerte, porque eso sería un escape demasiado fácil, sino de la justicia Azul y Blanco sobre una dictadura más en la triste historia de nuestra nación. El psicólogo Róger Martínez, ex preso político, asegura que al comandante es capaz de tener una actitud de “solo no me voy”, culpando a todos menos a él y que le importa poco ver su apellido manchado y denigrado más de lo que ya está, aún sabiendo que su familia entera tendrá que cargar con el “lastre de sus crímenes” para siempre, similar a la familia Somoza. Pero igual, cuánto quisiera saber que el dictador teme ver su nombre en los libros de historia como sinónimo de sangre y muerte. Si no fuera así, Nicaragua no estaría en las condiciones en que se encuentra, viviendo bajo tanta incertidumbre, esperando que venga un milagro que les conceda el deseo de esperanza que tienen de finalmente estar libres de tanto mal.

No existe un solo tirano, dictador, autócrata o presidente corrupto que no es recordado por sus actos en contra de su propio pueblo. Si alguna vez llegó a hacer algo bueno, jamás será reconocido ni recordado por eso. Nuestros hijos y nietos sabrán sobre un hombre y una mujer que estuvieron dispuestos de ir con todo en contra de quienes ponían en peligro su estabilidad económica y política, enmascarándolo como un supuesto “golpe”. Y que debido al miedo que tenían de ser despojados de todo lo que tomaron —por la fuerza y por trampas— encerraron a un país entero, encadenando sus anhelos y destruyendo el futuro que no retornará así de fácil.

El mismo psicólogo Martínez ha escrito sobre la Psicología del miedo, destacando que el miedo racional va a aparecer ante situaciones que uno tendrá que enfrentar, tomando decisiones que no lleguen a interrumpir a la dinámica afectada. En el caso del dictador y su compañera, todos sabemos que llegaron a hacer totalmente lo opuesto. Sus irracionalidades han fomentado a la paralización de la democracia y hacen que sus miedos sea el de todo aquel que esté a sus alrededores —secuaces y militantes por igual— aunque digan lo contrario.

Voy a seguir creyendo que la pareja dictatorial tiene miedo, porque eso me continúa dando motivos para seguir escribiendo, al igual que otros que conservan la esperanza.

El autor es maestro de Literatura y autor de obras que relatan los inicios de la rebelión de abril en Nicaragua. http://nestorcedenoautor.wordpress.com/libro

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