El mentor de nuestros próceres

En la historia de las ideas en Centroamérica ocupa un lugar prominente el célebre fraile franciscano José Antonio Liendo y Goicoechea, nacido en Cartago, Provincia de Costa Rica, el 3 de mayo de 1735, mentor de la generación de donde surgieron los próceres de la Independencia de Centroamérica.

Es oportuno, en ocasión del Bicentenario, evocar la figura de quien mejor encarnó, en su tiempo, las ideas de la Ilustración en Centroamérica y de quien propició la primera reforma importante de los estudios en la antigua Universidad de San Carlos de Guatemala, alma mater de la mayoría de los próceres que proclamaron la independencia el 15 de septiembre de 1821, entre ellos el nicaragüense licenciado Miguel Larreynaga.

Incluso próceres revolucionarios, como el casi olvidado “Padre indio” doctor Tomás Ruiz, nacido en Chinandega, se reconocían discípulos de ese fraile extraordinario que fue José Antonio Liendo y Goicoechea, uno de los más altos exponentes de la cultura centroamericana de aquella época. Igual sucedía con Rafael Francisco Osejo, el nicaragüense que fue el fundador y primer rector de la Casa de Enseñanza de Santo Tomás, en San José de Costa Rica, germen de la Universidad de Santo Tomás, precursora de la actual Universidad de Costa Rica.

Doctorado en derecho canónico por la Universidad de San Carlos de Guatemala, Liendo y Goicoechea hizo estudios avanzados en España y a su regreso promovió una profunda reforma en la enseñanza en dicha universidad, Casa Solariega de la educación superior de Centroamérica.

En aquélla época, las doctrinas aristotélico-tomistas predominaban en los estudios universitarios, bajo la preeminencia de la Teología. Pero, mientras los frailes dominicos se aferraban a la tradición tomista, los franciscanos mostraron una actitud intelectual más abierta al cambio. Liendo y Goicoechea, discípulo de Escoto y Feijoo, estaba entre los sacerdotes ilustrados, admiradores de la Ilustración Francesa y de su versión española la Ilustración borbónica.“La Universidad de San Carlos, según Francisco Enríquez, ya antes de la llegada de Liendo era un centro de ebullición del pensamiento ilustrado, sin embargo, la introducción de la física no había sido formalmente incorporada a su quehacer académico. Por lo que cuando Liendo se liga a la misma se impregna de dicho ambiente, lo que fomenta el desarrollo de sus ideas”… “Por ello a la par de la teología que impartía en los conventos franciscanos, empezó a impartir filosofía racional y por primera vez con las mismas nociones de física experimental y matemáticas”.

A su regreso de España, en 1767, Goicoechea propuso una reorganización total de la enseñanza superior, de inspiración cartesiana, que implicaba una nueva concepción y profundas innovaciones en los planes de estudio y métodos de enseñanza. Ampliando considerablemente el horizonte de los estudios de la época, circunscritos a once cátedras, Goicoechea propuso doce nuevas, entre ellas Física Experimental, Matemáticas y Anatomía. Suprime la limitante del texto único e introduce el sistema de lecturas obligatorias y de materias adjuntas o complementarias. El plan propuesto por Liendo y Goicoechea “difícilmente podía estar más al día”, asegura el erudito norteamericano John Tate Lanning. Estaba a la altura de los programas en boga en España, Francia, Alemania e Inglaterra en el siglo XVIII.

 “Los frailes y doctores aferrados a las viejas ideas se indignaron ante la reforma de Liendo, quien sufre desde burlas y condenas hasta penitencias corporales, pero su persistencia llevó a la apertura de Cátedras de Física Experimental, Geografía Física, Astronomía y Geometría en Guatemala, cuando en otras regiones del continente —caso de Nueva Granada— donde ni siquiera se estudiaban las matemáticas”. (Virgilio Rodríguez, 1929).

Además, siguiendo la corriente ilustrada, Liendo y Goicoechea recomendó el uso del idioma castellano en la cátedra universitaria a la par del latín, por entonces lengua oficial de la educación universitaria. El propio Goicoechea asumió la cátedra de Física Experimental, impartiéndola “según el sentido moderno”, es decir, apartándose de la hasta entonces indiscutida enseñanza aristotélica y utilizando “libros y aparatos”, que había traído de España. De esta suerte, Goicoechea fue el introductor de las ciencias experimentales y del racionalismo cartesiano en la educación superior de Centroamérica. Con él concluye el predominio de la física de Aristóteles y se inicia la apertura a la modernidad científica.

Liendo y Goicoechea fue un miembro muy activo de la “Sociedad Económica de Amigos del País” de Guatemala, creada en el contexto de los nuevos aires propiciados por la ilustración borbónica y que, más tarde, sería el caldo de cultivo de las ideas independentistas y constitucionalistas.

Los dos intelectuales más reconocidos de esa época, el nicaragüense Miguel Larreynaga y el hondureño José Cecilio del Valle, se consideraban discípulos y admiradores de Liendo y Goicoechea.

En ocasión del Bicentenario, bien vale la pena rescatar la importancia de la influencia de este sabio fraile franciscano en el progreso de las ideas y las ciencias en Centroamérica, y su papel como mentor de los próceres centroamericanos.

El autor es jurista y académico.

Opinión bicentenario Miguel Larreynaga archivo
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