El presidente Daniel Ortega dijo en el discurso que pronunció el lunes 6 de septiembre, al celebrar el 37 aniversario de la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía (DOEP), que todos los nicaragüenses debemos estar unidos ante el conflicto con Colombia por los derechos territoriales marítimos.
Ortega se refirió al hecho de que Colombia no acepta la sentencia dictada por la Corte Internacional de Justicia en noviembre de 2012, en la cual reconoció el derecho de Nicaragua sobre una vasta extensión marítima en el Caribe, pero a cambio dispuso que las islas y los cayos del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina pertenecen a Colombia.
El gobierno de Colombia, encabezado en ese tiempo por el presidente Juan Manuel Santos, declaró que aquel fallo de la Corte de La Haya perjudicó sus intereses nacionales y que por eso no lo aceptaría.
Colombia advirtió incluso que se retiraría del Pacto de Bogotá de 1948, por medio del cual los Estados latinoamericanos se comprometieron voluntariamente a resolver de manera pacífica sus diferendos territoriales, sometiéndolos a la Corte Internacional de Justicia y acatando sus fallos aun cuando las partes o una de ellas no estuviera de acuerdo con sus términos.
No vamos a entrar en detalles sobre este conflicto de Colombia con Nicaragua, ni acerca de la sentencia del Tribunal de La Haya de noviembre de 2012. Lo que queremos dejar claro es que las sentencias del tribunal internacional tienen que ser cumplidas, porque hay un compromiso solemne y obligatorio de hacerlo. Y sobre todo porque se trata de evitar que los conflictos territoriales entre los Estados se resuelvan por medio de la fuerza y la guerra, como se solía hacer antes de que se aprobaran las normas actuales del derecho internacional.
Por otra parte, el presidente de Nicaragua tiene razón al decir que todos los nicaragüenses debemos estar unidos ante el conflicto con Colombia. Los problemas territoriales y de soberanía nacional competen a todos los nicaragüenses, no solo a una parte ni únicamente al gobierno. De manera que es justo y necesario que el presidente llame a todos los nicaragüenses a respaldar la posición del país en un conflicto territorial como este.
Al mismo tiempo el presidente Ortega condenó a supuestos nicaragüenses que, según él, se van a poner del lado de Colombia. Nadie ha hecho semejante cosa y seguramente no lo hará ninguna persona de este país que esté en su sano juicio.
Ortega debería más bien aprovechar esta oportunidad de pedir la unidad de todos los nicaragüenses ante el conflicto con Colombia, a fin de tomar la iniciativa en la búsqueda de reconstruir la reconciliación nacional de los nicaragüenses, dolorosamente rota desde los acontecimientos sociopolíticos que estallaron en abril de 2018.
En este orden, el presidente Ortega daría un gran paso en dirección a restaurar la unidad nacional de los nicaragüenses, desistiendo de los juicios que está llevando contra los presos políticos y de conciencia, y dejándolos en libertad.
Un gesto de tal magnitud sería agradecido por la parte del pueblo nicaragüense que se siente derrotada, excluida y lastimada. Y también sería reconocido por toda la comunidad internacional, que está pendiente de la crisis política y social de Nicaragua y desea que tenga un desenlace positivo para todos, tanto para la población como para el gobierno.