Derek Jeter y su tenaz determinación que ahora lo lleva a Cooperstown

Después de un inicio discreto en las Ligas Menores, Derek Jeter trabajó más duro y construyó una gran carrera durante 20 años

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Este miércoles, Derek Jeter entrará triunfante al Salón de la Fama de Cooperstown y entonces comenzará el desfile de las imágenes que iluminaron una de las más resplandecientes carreras en la historia del beisbol, la del capitán de los Yanquis, que es de paso, una de las figuras más emblemáticas de este deporte en los últimos tiempos.

¿Qué impactó más de Jeter, aparte de su sonrisa constante y su amabilidad exquisita? Quizá aquella memorable jugada conocida como el flip, en la que Jeter enderezó un tiro desviado del jardinero derecho Shane Spencer y puso out en el plato al corredor Jeremy Giambi, en el tercer juego de la Serie Divisional de 2001 contra Oakland.

También puede ser la zambullida que se pegó, hasta terminar entre los fanáticos de la zona corta del jardín izquierdo del Yankee Stadium, en un juego ante Boston el 1 de julio de 2004. Trot Nixon elevó la pelota detrás de tercera base y Jeter corrió desbocado hasta atraparla, pero acabó con raspones en el pómulo y una cortadura en la boca.

De igual manera resulta imposible de olvidar su jonrón en la Serie Mundial del 2001 contra el cerrador coreano de los Diamondbacks, Byung-Hyun Kim, para darle vuelta a un partido que iba 1-3, a 4-3 a favor de los Yanquis, Y como el batazo lo pegó después de la 12 de la noche, ya el 1 de noviembre, fue bautizado como «Mr. November».

El pasado tampoco ha logrado enterrar el recuerdo del trancazo de Jeter en el Yankee Stadium contra los Orioles, que terminó en jonrón, gracias a la ayuda del niño Jeffrey Maier en 1996. O su primer jonrón en las Ligas Mayores, conectado ante Dennis Martínez, o el último hit que se bateó en el viejo Yankee Stadium, en fin, son tantos.

Jeter fue a la vez, un bateador de .310 en su carrera de 20 años en las Grandes Ligas, en la que acumuló 3,465 hits, para situarse en el sexto lugar de todos los tiempos. Disparó 260 jonrones, remolcó 1,311 carreras y anotó 1,923, con 358 robos, cinco Guantes de Oro, 14 Juegos de Estrellas y cinco campeonatos de la Serie Mundial.

Fue el Novato del Año en 1996, cuando bateó .314, con 10 jonrones, 104 anotadas y 78 remolques. En 12 de sus 20 temporadas con los Yanquis, bateó sobre los .300. Ocho veces superó la barrera de los 200 hits y en otras ocho ocasiones se estafó al menos 20 almohadillas, mientras bateaba .321 en 38 juegos de Serie Mundial.

Pero más que todo eso, Jeter fue un ejemplo de tenacidad y perseverancia. Cuando las cosas le iban mal al inicio de su carrera, ha dicho que dudó sobre si había sido una buena decisión dejar su beca en la Universidad de Michigan por irse a jugar beisbol con los Yanquis, quienes lo escogieron en el primer round del draft de 1992.

Ese mismo año se enfiló en la Liga de Novatos y cerró con .210 de promedio. Se asegura incluso que su mánager en aquel entonces, Gary Denbo, ahora director de desarrollo de jugadores y scouteo de los Marlins, lo sentó en los días finales de la temporada, para que no terminara con un average ofensivo por debajo de .los 200.

Al año siguiente mejoró su ofensiva al terminar con .295 en 126 partidos, pero su defensa fue un martirio. Cometió 56 errores. Sin embargo, en lugar de irse a su casa, alquiló un apartamento en Tampa y se quedó a trabajar durante la temporada muerta y su carrera se disparó. En 1995 fue el Jugador del Año en las Ligas Menores.

En 1996 era shortstop titular de las Yanquis, fue el Novato del Año y ganó la Serie Mundial. Y luego de 20 campañas revestidas de una brillantez incuestionable, ahora se dirige hacia Cooperstown.

Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR 

 

 

 

 

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