La vida es corta, pero podría ser aún más

Tratemos de no repetir la historia vivida en la primera ola, cuando proliferaron los entierros exprés, hijos sin poder velar a sus seres queridos y abuelos marchándose de este mundo por su vulnerabilidad ante la pandemia

Durante las últimas semanas hemos visto en Nicaragua unas imágenes devastadoras: miles de personas hacen filas desde la medianoche para encontrar un espacio y vacunarse. Se ve reflejado mucho descontrol en el proceso de vacunación, no existen las medidas adecuadas ni la distancia requerida. Le ha quedado grande la responsabilidad al Ministerio de Salud. Leo que estamos en la cola de Centroamérica en habitantes vacunados y estamos dependiendo de las donaciones de los organismos internacionales.

Me llama la atención un detalle importante entre los nicaragüenses, a pesar de que estamos catalogados como países del tercer mundo, me agrada el hecho que la gente corre riesgos de ser contagiada en esas filas con tal de vacunarse, el ciudadano pinolero ve la realidad que tiene en sus narices y la afronta yendo a su centro médico y pedir la dosis que podría significar la vida de la muerte. En Estados Unidos muchos tienen la oportunidad y deciden no hacerlo.

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No obstante, también existe “la otra Nicaragua”, con esto no quiero sonar un poco despectivo porque al final debemos querer al prójimo como a nosotros mismos; sin embargo, esas personas que no toman medidas, que no usan mascarillas, que les gusta la fiesta y andan de bar en bar viviendo la vida como si no pasara nada y llevan a sus casas el virus, a veces se hace difícil quererlas y respetarlas por igual. Los jóvenes deben resistirse a las tentaciones, a los impulsos de salir sin medidas y a ser conscientes de su futuro y el de los que los rodean. Si sos un padre de familia, debés ser ejemplo en la casa.

A nivel de esferas de poder también están reprobados. Yo soy un simple ciudadano con sentido común y, si los países desarrollados que invierten millones en la ciencia y medicina y están capacitados para momentos duros han colapsado, es obvio que a un ritmo frenético, sin control y con un sistema de salud deplorable a nivel de estructuras, el final del país podría ser oscuro. Tampoco le encuentro sentido, porque invitan desde las instituciones del Estado y desde el Ejecutivo a salir a las calles a hacer turismo o a vivir la vida como si todo estuviera normal. Quiero entenderlo y no puedo.

La Iglesia católica ha sido sensata en su llamado a permanecer en sus casas y, con todo y eso, el cardenal Leopoldo Brenes salió contagiado; deberían de seguir ese ejemplo las demás religiones para que se proteja a sus siervos. La fe es importante, pero también necesita de acciones de nosotros.

Tratemos de no repetir la historia vivida en la primera ola, cuando proliferaron los entierros exprés, hijos sin poder velar a sus seres queridos y abuelos marchándose de este mundo por su vulnerabilidad ante la pandemia. Si algo ha quedado claro, es que el virus no perdona raza, religión o partido político. Seamos sensatos, es cierto que la vida es corta, pero podría ser aún más si no usamos mascarillas y salimos de nuestros hogares.

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COMENTARIOS

  1. Hace 5 años

    Me podrian decir cuanto cuesta un espacio semanal para escribir mis opiniones ?

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