A Maritza del Socorro Pérez, sus pacientes, vecinos y colegas la recuerdan como una profesional “siempre sonriente”, capaz de cambiar el entorno desde que llegaba y encendía el radio con sus alabanzas cristianas. Laboraba como auxiliar de enfermería en el Centro de Salud Sócrates Flores, en el barrio Monseñor Lezcano, Managua.
Pérez, de 62 años, falleció la tarde del miércoles 1 de septiembre tras permanecer varios días intubada en Managua.
Maritza celebró su último cumpleaños trabajando “como una guerrera de la salud”, afirma una colega. Pese a que tenía la edad suficiente para jubilarse, la necesidad de un salario la obligó a continuar “dando la vida”. Y la dio.
Sus compañeros de trabajo dicen que le gustaba cuidar de su apariencia física y aunque tenía muchas enfermedades, mostraba su mejor rostro a las personas que atendía.
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LA PRENSA conoció a través de allegados a la enfermera, quienes prefirieron omitir sus nombres para evitar represalias, que al personal de salud se le obliga a visitar casa a casa a los pacientes diagnosticados con Covid-19. “A nosotros nos mandan a meternos a la boca del lobo. En otros países, le dan el instrumento al paciente para que se haga la prueba del hisopado y no tener contacto directo, mientras que a nosotros nos mandan a ir a los hogares de estas personas contagiadas”, se lamentó una excompañera de trabajo de Pérez.
“Seguimiento Responsable y Cuidadoso”
Asimismo, esta fuente médica agrega que no solo se exponen a recibir una carga viral al día, sino hasta más de 50 cargas virales. “Nuestros listados son inmensos. Lo que pasa es que el diagnóstico no es como Covid, se le pone SRC (Seguimiento Responsable y Cuidadoso), pero si algo es importante destacar es que los pacientes en Nicaragua realmente saben que se trata del virus. Aquí todos lo dominamos y sabemos de lo que estamos hablando. No hay donde perderse”, explicó.

En este sentido, los colegas de Maritza expresan que no solo han sido testigos del aumento de casos, sino también contagiados por el virus y creen que Maritza Pérez lo adquirió durante las visitas casa a casa. “Para una señora diabética, hipertensa y con múltiples complicaciones de salud era un trabajo muy fuerte. Era un trato indigno, ella no se iba a su casa porque sabía que con la pensión de pobreza que recibiría al retirarse no le iba ajustar. Nuestra situación como trabajadores de la salud es conocida por todos los jefes y tampoco esperamos consideraciones”, expresó una de sus excompañeras.
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En el barrio Santa Ana, todos recuerdan a esta enfermera como una sanitaria que tenía mucha paciencia con los niños.
“Ella era muy cariñosa con mi hija que padece autismo y siempre se presentaba ante los niños con un dulce, por eso, todos en la familia sentimos su partida”, lamentó una de sus vecinas, quien tenía nueve años de conocerla.
No se vacunó por miedo
Los colegas de Pérez explicaron que no se aplicó la vacuna anticovid por temor, ya que padecía varias enfermedades crónicas. Esta profesional de la salud relata que la mayoría han dado positivo al virus, sin embargo tras cumplir su subsidio de 14 días vuelven a sus labores y su compañera fue extrañamente una de las últimas en ser diagnosticada con el Covid-19.
“Ella se rehusó a vacunarse porque era diabética y tenía problemas de insuficiencia venosa, hemorroides y otras complicaciones y como había escuchado que en algunos casos las vacunas anticovid daban trombosis como uno de sus efectos secundarios, tuvo temor de aplicarse la inyección”, añadió.
Murió esperando una reforma a su pensión
Doña Maritza Pérez trabajó durante más de 40 años en el sistema de salud y sus compañeros lamentan que no haya podido gozar el fruto de su trabajo, siendo una adulta mayor. Ella estaba esperando que se hicieran cambios en el Seguro Social para solicitar su retiro.

“Le estaban dando una pobreza como pensión, era madre y abuela; una jubilación no le iba alcanzar para todos sus gastos y por eso ella prefirió esperarse”, dijo otra sanitaria. “Es una lástima que haya fallecido cumpliendo su deber. Nosotros perdimos un gran talento. Recuerdo que siempre tenía un detalle para las embarazadas y hasta su comida compartía. Mientras perdemos personas buenas, hay otros que solo hacen la mueca dando trabajo y haciendo bulto”, cuestionó.
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Para José Antonio López, procurador laboral y de seguridad social, la situación de Maritza Pérez es parte de la nueva realidad a la que se enfrentan miles de nicaragüenses con las nuevas reformas que el gobierno hizo en 2019 a la Ley del Seguro Social. “La ley establece que las personas, en este caso los servidores públicos, deberían retirarse a los sesenta años, pero vemos que no se está cumpliendo porque antes se le daba al asegurado el 80 % del salario, ahora pasó a recibir solo el 70 % de su salario”, afirmó.
López explica que muchas personas continúan trabajando en el Estado, luego de cumplir su cantidad de cotizaciones necesarias porque creen que si acumulan mayor cantidad de cotizaciones recibirán más dinero, sin embargo esto no ocurre. “Con la nueva reforma al Seguro Social, se requiere tener una acumulación de casi 2,500 cotizaciones para optar al 70 % de la pensión y se debe trabajar unos 53 años”, concluyó.