Lupita cuando regresó a su casa a inicios de julio. LA PRENSA/Archivo

Niña que sobrevivió a accidente será sometida a su séptima cirugía

Lupita, de 2 años, fue arrollada por un bus de la ruta 172 hace dos meses. La menor perdió una pierna y sobrevivió de milagro

Está llena de vida. Se alimenta bien. Ya se sienta sola desde que salió de su quinta cirugía, esta semana. En las últimas horas, tres veces ha sido operada y el lunes se enfrentará a una séptima operación. Son diez cirugías en total, pero Lupita deberá esperar seis meses para las próximas tres. Es una niña que conforme pasan los días su salud mejora.

La pequeña que está a punto de cumplir 2 años de vida, sobrevivió luego de ser arrollada por las llantas traseras del bus placas M2236, de la ruta 172. El accidente ocurrió el pasado 12 de junio en el barrio capitalino 19 de Julio, en el mercado Oriental. “Llegó al hospital entre la vida y la muerte. Los médicos solo le daban un ocho por ciento de probabilidad de vida”, recuerda Carolina Acevedo, tía de la menor.

Gabriela Aguilar sonríe cuando observa a su hija Lupita sentada después de haber sido operada por quinta vez. “Los médicos nos habían dicho que en un año sería operada, pero su evolución ha sido tan rápida que en una semana ya tres veces ha ingresado al quirófano y falta la del lunes”,cuenta.

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“La niña está bien, ha reaccionado muy bien, por eso le han hecho seis cirugías en 60 días”, dice Aguilar, madre de Keiling Guadalupe Hernández Aguilar, a quien toda la familia prefiere llamarle cariñosamente Lupita. Es la menor de sus tres hijos y cree que la recuperación rápida de su pequeña es un milagro. “Yo creo que Dios y la Virgen han puesto sus ángeles para que estén con mi bebé”, esta es la única explicación que ella encuentra.

“Es una guerrera”

Cuando Gabriela Aguilar, quien también es madre de un adolescente de 16 años y una niña de 10, supo del accidente de su hija menor, se encontraba trabajando en una farmacia de Managua. Ahí ejerce como asistente de Programas Especiales. Sin pensarlo tanto, abandonó su puesto y de inmediato se trasladó al Hospital Fernando Vélez Paiz para encontrarse con su Lupita. “Mi pobre niña es una guerrera. Tanto que ha pasado ya”, dice.

La menor ya logra sentarse sola. LA PRENSA/Cortesía

Recuerda que el personal de salud de esa unidad médica entró en pánico al ver la gravedad del accidente. La llanta del pesado motor casi había destrozado la parte inferior del pequeño cuerpo de Lupita. La menor perdió bastante sangre y no la lograron estabilizar. Carecían de las especialidades necesarias. “Yo creo que pasó mucho tiempo. Tal vez mi niña todavía tuviera su piernita”, se pregunta acongojada esta madre, a dos meses de la tragedia.

La niña milagro

Al llegar al Hospital Fernando Vélez Paiz, Gabriela Aguilar resolvió que lo mejor para su niña sería trasladarla al Hospital Militar donde ella y sus tres hijos están asegurados. “Fue triste. Cuando llegué con la niña al Militar, solo me daban 72 horas de vida. Fue un duro golpe para toda la familia”, rememora Gabriela.

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“Mi niña estaba muy grave. Había perdido demasiada sangre. Le pusieron casi seis litros de sangre por un período de seis días. Los primeros días fueron los más críticos. A diario, el personal de salud me pedía autorización para la transfusión de sangre”, continúa narrando Gabriela. “Muchas veces pensé que mi niña se iba a morir», dice y agrega que no solo a ella le sorprendió la sobrevivencia de Lupita. «En el Hospital Militar me la llaman la niña milagro, porque médicamente mi hija no iba a vivir y si sobrevivía estaría hospitalizada mucho tiempo, pero Dios quiso que solo fueran unos días”, dice con orgullo.

El próximo 31 de agosto la niña cumplirá 2 años. LA PRENSA/Archivo

El 30 de junio, Lupita fue dada de alta. La psicóloga del Hospital Militar les explicó a Gabriela Aguilar  y a Jorge Hernández (madre y padre) que lo mejor sería regresar al hogar porque se evitarían que la niña se contagiara de Covid-19 durante su hospitalización y también sería óptimo porque facilitaría la recuperación de la menor, quien para entonces ya había pasado por tres intervenciones quirúrgicas y estaba previsto que el próximo año iniciarán las reconstrucciones internas con las siete operaciones pendientes, pero para sorpresa de la familia se adelantaron.

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“Llegó un médico y me dijo que esperar un año era mucho tiempo. Mi niña estaba en buenas condiciones para ser operada antes”, expresa Aguilar.

Inician reconstrucciones

En la última semana, entrar y salir del quirófano se ha convertido en parte de la rutina de Lupita, quien este próximo 31 de agosto cumplirá sus primeros 2 años de vida. “Dios me devolvió a mi niña. Verdaderamente es muy fuerte mi hija. En poco tiempo ha pasado por tanto sufrimiento y no deja de sonreír”, dice esta madre. También a ella le ha cambiado la rutina. “En el día la cuida mi hermana y por la noche la cuido yo”, dice Gabriela, quien del hospital se transporta directo a su empleo.

Este es el reductor de velocidad que está ubicado en la cuadra donde ocurrió el accidente. LA PRENSA/Archivo

El 10 de agosto se le realizó la primera cirugía a Lupita para desinflamar la parte donde se ubica la sonda de la orina; para el viernes 13 de agosto, esta niña ya había pasado por una segunda y tercera cirugía, con el propósito de hacerle injertos y cerrarle la herida, pero todavía le hace falta una cuarta operación en una semana que está programada para este lunes 16 de agosto. “Con la operación del lunes ya serían siete en total”, confirma Gabriela.

El día de la tragedia

Mientras esta madre disentía si despedirse de su hija o aferrarse a la última esperanza de vida y esperar un milagro, en el hogar de los Hernández, donde había ocurrido el accidente, se respiraba mucho temor y la ansiedad se apoderaba de sus miembros con los rumores del posible deceso de Lupita en cualquier momento. A medida que pasaban los minutos y las horas, tomaban fuerzas.

El accidente se produjo el 12 de junio a eso de las 11:00 de la mañana, cuando Lupita aprovechó que la verja principal de la casa estaba abierta y en ese momento el conductor del bus placas M 2236 que cubre la ruta 172, identificado como Arnulfo Casimiro Pérez Bonilla, de 32 años, abandonaba la terminal de buses ubicada en el mercado Oriental. Las llantas traseras del pesado vehículo le pasaron encima a la niña, dejándola entre la vida y la muerte.

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Familiares y vecinos confirmaron que hasta el lugar se presentaron autoridades policiales, sin embargo los padres de la menor desestimaron interponer denuncia en contra del conductor. “La niña se nos salió en términos de segundos y él jamás la iba a mirar porque la niña es chiquita y cuando nosotros oímos fue el golpe. La niña estaba bajo la tutela de mi otra hermana, pero ya no la pudo agarrar”, contó Carolina Acevedo, tía de la menor.

La tragedia de Lupita, ocurrida hace dos meses, todavía mantiene conmocionados a los vecinos del barrio 19 de Julio. El accidente cobró la amputación de una de sus piernas y causó daños en varios de sus órganos, los médicos continúan realizando múltiples esfuerzos por reconstruir los miembros afectados de la menor.

El accidente ocurrió en el mercado Oriental, cerca del Calvario. Ese fue el bus involucrado en la tragedia. LA PRENSA/Cortesía

Nuevas medidas

Aunque en la cuadra del accidente existen dos retenedores de velocidad, vecinos denuncian su ineficacia ante la falta de mantenimiento, dicen que no cumplen su función principal y algunos señalan que los rellenan de tierra, pero continúan en mal estado. “Este policía acostado no sirve y eso que nosotros lo hemos estado rellenando de tierra”, dijo Amada Monjarrez.

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Familiares y vecinos del barrio 19 de Julio acudirán hasta la Alcaldía de Managua para exigir que les retiren el tránsito de la ruta 172 y 262 y sean trasladadas a la calle principal. “Los vecinos han puesto piedras alrededor de sus casas para evitar que las rutas rocen el andén. Tenemos más niños y queremos que este lamentable hecho no se repita”, dijo Carolina Acevedo.

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