Las represiones de Luis Somoza

La historia es muy útil para darnos un sentido de perspectiva; para poder comparar y juzgar mejor los acontecimientos. En estos momentos, en que la oposición nicaragüense enfrenta una ola represiva, es bueno echar una mirada al pasado. Los libros de texto que hoy leen nuestros jovencitos en las escuelas públicas, fieles a la partitura de la historiografía sandinista, presenta a los Somoza como tres fieras sanguinarias que impusieron una dictadura atroz. El escribir mi libro Buscando la Tierra Prometida (historia de Nicaragua desde Colón hasta la explosión del 2018), tuve que hurgar pormenores de ese período, parte del cual viví de cerca, pudiendo observar que los hechos no solo arrojan una visión distinta a la oficial, sino que muestran grandes contrastes entre el hoy y el ayer.

Cubrir toda la era somocista en un artículo es imposible. Por eso me limitaré a rescatar algunas memorias del gobierno de Luis Somoza Debayle, el hijo mayor del fundador de la dinastía, el dictador Anastasio Somoza García, y quien heredó el poder en 1956, a la edad de 33 años. Gobernar no le fue fácil. En sus poco más de seis años en la presidencia tuvo que enfrentar varios intentos “golpistas” y verdaderas insurrecciones armadas. Es interesante consignar sus reacciones ante hechos capaces de encolerizar a muchos.

El primer complot se fraguó a los cuatro meses de su inauguración. Líderes conservadores, entre ellos Emiliano Chamorro y Luis Cardenal, junto con diez pilotos de la fuerza aérea, planearon bombardear la casa presidencial. No ocurrió por una delación que llevó a la captura de 22 oficiales. Estos serían amnistiados algunos meses después. La segunda intentona “golpista” fue la famosa invasión de Olama y los Mollejones de 1959 cuando, de nuevo, Luis Cardenal y Pedro Joaquín Chamorro C. aterrizaron desde Costa Rica a poco más de cien guerrilleros, en los potreros de Boaco. Tras dos bajas y dos semanas de hambre todos se rindieron.

Un tribunal militar condenó a los líderes de la revuelta a nueve años de cárcel por el delito de “traición a la patria”, pero ocho meses más tarde, (junio 1960) todos fueron perdonados. Ni ellos ni sus familiares fueron objeto de represalias o confiscación alguna. Pedro Joaquín, sea dicho de paso, sí sufrió un buen susto cuando a los días de capturado unos soldados le dijeron que el presidente ordenaba que se lo llevaran. ¿Le esperarían torturas? Grande fue su sorpresa cuando Somoza le ofreció comida y cigarros y le dijo: Quiero que platiquemos, pero cambiando de lugar. Vos sentate aquí, en la silla del presidente, y yo me voy a sentar en la tuya. Pedro Joaquín siguió perplejo las instrucciones. Entonces el presidente añadió: Vos sos en este momento Luis Somoza y yo Pedro Joaquín. ¿Qué me harías? Chamorro, sin salir de su asombro, le dijo: Pues yo te jodería. Luis sonrió también y le dijo: Yo te voy a joder también, pero no te preocupés tanto que te voy a tratar bien”.

Una vez libre, Chamorro, director de LA PRENSA, empuñó de nuevo su incisiva pluma para demoler con sus editoriales y noticias la legitimidad de la dinastía somocista. No había tregua. Unos meses más tarde, en noviembre de 1960, los hermanos Edmundo y Fernando Chamorro, con un puñado de armados, se tomaron los cuarteles de Jinotepe y Diriamba. Tras los tiroteos y algunas bajas de la GN los atacantes se rindieron. Sus prisioneros no fueron incomunicados, sino que gozaron del recurso internacional del Habeas corpus, que obliga a las autoridades a presentar al reo en los primeros días de arresto. Como de costumbre, Somoza los cobijaría con una amnistía el 8 de junio de 1962.

Manchas negras las hubo. La peor ocurrió el 23 de julio de 1959, cuando en un incidente confuso la GN mató a cuatro manifestantes en León. Desde entonces el sandinismo se rasga las vestiduras todos los años conmemorando dicha fecha como la gran masacre del sanguinario dictador. La Nicaragua socialista, cristiana y solidaria, dicen, no tiene que ver nada con esos tiempos oscuros. Estamos de acuerdo. Luis Somoza y los Ortega Murillo no se parecen en nada.

El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.

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