Información cara a cara

Los periodistas independientes de Venezuela se las ingenian y recurren a las iniciativas más originales para seguir llevando a la gente información veraz y responsable.

Algunos periodistas suben a los autobuses de transporte urbano, uno de ellos se coloca delante de los pasajeros y les lee las noticias más importantes, mientras otro le pone ante la cara un marco de cartón negro. De esa manera simulan una transmisión de noticias por televisión, atraen el interés de la gente y cara a cara le dan información de actualidad y creíble, porque el periodismo en cualquier forma verifica cuidadosamente las noticias.

En otros casos los periodistas van por los barrios y leen las noticias a las personas que se juntan a su alrededor. O reparten hojas informativas que imprimen gracias a la contribución económica de quienes pueden hacerlo y apoyan de esa manera el derecho a la libertad de expresión y de información.

Esto que se hace actualmente en Venezuela es parecido al “periodismo de catacumbas” que se practicó en Nicaragua, después del asesinato del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal el 10 de enero de 1978. En esa época, para desafiar la férrea censura de prensa somocista algunos periodistas se presentaban en las iglesias católicas, recintos universitarios y otros lugares de concentración humana, y leían y comentaban con la gente las noticias que la dictadura prohibía su difusión.

Hoy en Venezuela, igual que en Nicaragua, el ejercicio del periodismo independiente es muy difícil y peligroso. Desde que el difunto dictador militar izquierdista radical, Hugo Chávez, tomó el poder en 1999 y se declaró enemigo de la prensa independiente, esta comenzó a sufrir acoso del Estado. Después, a partir de 2013 cuando Nicolás Maduro sustituyó a Chávez, decenas de medios de información han tenido que cerrar operaciones. Algunos, como el histórico diario El Nacional, de Caracas, se publican solo en internet pero aún así operan bajo el acoso de la dictadura. Otros medios de comunicación desaparecieron del todo.

En algunos casos los cierres de medios se han debido a multas multimillonarias, de hecho impagables, impuestas por la dictadura que los acusó de promover el odio y la desestabilización, porque informaban sobre las lacras del sistema y reflejaban las críticas y demandas de la población. A muchos periódicos escritos el régimen los ha asfixiado negándoles las divisas para comprar el papel y demás insumos para la impresión.

Según el Comité para la Protección de los Periodistas que tiene su sede en Nueva York, Venezuela “es uno de los países más difíciles para el periodismo independiente, porque el gobierno emplea distintas herramientas —desde el hostigamiento físico y la detención de periodistas hasta el uso de tribunales para juzgar a los medios—, a fin de limitar el espacio de la prensa crítica”. Así lo ha declarado Natalie Soutwick, coordinadora del programa de América Latina y el Caribe de la mencionada ONG que es caracterizada como “la Cruz Roja del periodismo”.

Venezuela es una república federal que tiene 23 estados. Hasta la revolución bolivariana en todos había diversos periódicos escritos y otros medios de comunicación e información. Pero ahora solo en 11 de ellos hay diarios regionales que sobreviven precariamente. Sin embargo, según Daniela Alvarado, coordinadora de libertad de información del Instituto Prensa y Sociedad, que es independiente del gobierno venezolano, “los medios informativos alternativos han sido el lado positivo de lo que han traído las terribles consecuencias para el ejercicio periodístico en el país, la censura y las precarias condiciones que hoy se viven”.

Es que el periodismo no calla ni puede ser callado por completo. Como ha dicho Martin Baron, el legendario director de The Washington Post, “nuestros derechos a la libertad de expresión carecerían de sentido si no los ejerciéramos”.

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