¿Por qué Francisco Aguirre y otros?

¿Hasta cuándo dejaremos de sorprendernos? El más reciente sobresalto fue el arresto del excanciller Francisco Aguirre Sacasa. No era un activista político, sino un intelectual retirado, septuagenario, con un brillante historial profesional. Sus escritos de opinión solían versar más sobre aspectos internacionales que domésticos. Las veces que se refería a estos lo hacía con moderación; sin atacar a nadie.

En una de las más recientes abogó por no sacar a Nicaragua del tratado DR-Cafta. Tenía y cultivaba sus muchos contactos en Washington, pero lo hacía para auscultar sus opiniones, no para pedir sanciones.

¿Por qué entonces la orden de encarcelarlo, incomunicado, por al menos 90 días? La misma pregunta podría hacerse respecto a la multitud de medidas represivas de los últimos meses. Algunas tienen un claro trasfondo político, como por ejemplo las arbitrarias detenciones de los aspirantes a presidentes y de ciertos activistas. Son monstruosas, injustificadas y crueles. Pero uno las puede entender como miedo a que cosechen el voto opositor o a las protestas. Pero no en el caso de Aguirre, las ONG médicas, o a Funides.

La pregunta que se hacen entonces muchos nicaragüenses y extranjeros es ¿por qué actúa así la dictadura? ¿Qué pretende con estas acciones que, desde el punto de vista pragmático, son innecesarias y políticamente costosas? La repuesta no es fácil porque solo la conoce a fondo la pareja presidencial y, quizás, algunos de sus colaboradores más íntimos.

Al inicio parecía que la razón más importante era evitar a cualquier precio un proceso electoral que les iba a resultar adverso. Mas, había indicios de que se planeaba algo más duro y permanente, porque a partir de octubre del año pasado, y con más virulencia en los primeros meses del presente, se aprobó un paquete de leyes draconianas diseñadas para justificar la subsiguiente represión. Algunas de ellas en flagrante violación del derecho internacional, como el pasar de 48 horas a 90 días el período de detención investigativa, con total incomunicación e indefensión del reo. Luego vino la actual ola represiva, también sin precedentes recientes en América Latina, ola que continúa imparable, sin que nadie sepa en qué culminará, aunque creando al mismo tiempo una certeza muy importante: que Ortega ya no repara mayor cosa en los costos políticos de sus acciones.

El porqué, de esta actitud desafiante, manifestada también en una retórica agresiva, tiene su más probable explicación en que Ortega se siente seguro. Siente que puede eternizarse en el poder con relativa impunidad y llevar adelante su sueño, por un tiempo reprimido, de implantar en Nicaragua un sistema plenamente autoritario. Su admiración por el sistema de partido único, como lo confesó en un viaje a La Habana, y su afecto a tiranos como Castro y Gadafi, indican a dónde apunta su corazón. Antes del 2018 guardaba todavía algunas apariencias de convivir con algunos aspectos de la democracia formal. Hoy ya no.

Entre los factores que apuntalan esta seguridad de Ortega está el muy importante apoyo incondicional del alto mando militar y de la Policía. Por eso su reciente expresión de que “el pueblo armado jamás será aplastado”. Otro es su desprecio hacia las posibles reacciones de la comunidad internacional, pródiga en declaraciones, pero no en acciones. Las probables sanciones le son molestas, pero no las considera como una seria amenaza. Se puede resistir el vendaval, como lo han hecho Maduro y Cuba. La economía de Nicaragua cuenta con fuertes reservas, exportaciones estables, remesas crecientes y apoyo financiero del BCIE. Bajarán las inversiones y quizás se estanque el crecimiento, pero ni colapsará el Estado ni el sector privado dejará de acomodarse. La única amenaza seria es sacar a Nicaragua del DR-Cafta, pero eso no ocurrirá porque ningún país quiere castigar al empobrecido pueblo nicaragüense. Además, quien preside el Imperio no es ya un Trump, impulsivo e impredecible, sino un viejito senil, mientras que al otro lado está un macho alfa, Putin, dispuesto a respaldarlo.

Queda por explicar la virulencia de ciertas acciones contra opositores y otros que no lo son tanto. ¿Serán dosis de odio y resentimientos irreprimibles? Puede ser. Los factores irracionales dictan buena parte de la historia.

El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.

Opinión DR-CAFTA Francisco Aguirre Funides Nicaragua archivo
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