Las Olimpiadas en la mitología

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Desde el viernes 23 de julio y hasta el 8 de agosto de 2021 se realizan en Tokio, Japón, las XXXII Olimpiadas de la época moderna.

Estas Olimpiadas se vienen realizando desde 1896, cuando se jugaron en Atenas, Grecia, después de más de 2,000 años de interrupción. En la antigua Grecia, las Olimpiadas se realizaron por primera vez en el año 776 antes de Cristo y la última de esa etapa fue en el 303 de nuestra era. Al abrazar el imperio romano la religión cristiana, el emperador Teodosio prohibió las competencias deportivas olímpicas junto a todas las celebraciones de cualquier clase que fueron consideradas como paganas.

Las Olimpiadas de la antigüedad se celebraban en la ciudad griega de Olimpia (y de allí su nombre), llamada así porque estaba situada al pie del monte Olimpo, en cuya cúspide se encontraba la residencia de los dioses, según la creencia religiosa y mitológica de los antiguos helenos.

Pero además de haber sido un hecho histórico de la antigüedad, las Olimpiadas tienen también explicación en la mitología. En una de las versiones del mito olímpico se dice que Heracles Ideo, uno de los cinco hermanos Dáctilos (que nacieron de la tierra cuando Rea afirmó en ella sus manos con gran fuerza en el momento de alumbrar a Zeus), les propuso competir en una carrera. Heracles Ideo ganó la carrera y como la competencia les agradó decidieron repetirla cada cinco años, porque cinco eran ellos y así habría oportunidad de que cada uno ganara.

Otra versión del mito olímpico dice que Cronos y Zeus compitieron en el Olimpo en una lucha de fuerza física, sin armas, por el imperio del mundo. Zeus venció y para perpetuar la hazaña dispuso que cada cierto tiempo se hiciera una competencia que ya no sería solo de lucha personal, sino también de otras actividades físicas en las cuales los competidores pudieran mostrar sus aptitudes personales sin causarse ningún daño.

Todavía hay otra versión, según la cual Zeus creó las competencias como recuerdo de la lucha que los dioses olímpicos libraron contra los Titanes. Pero como ahora no se trataría de una lucha por el poder, las competencias debían ser sin armas, pacíficas y los competidores salir ilesos.

Aquella primera competencia olímpica instituida por Zeus consistió en una carrera de Apolo con el dios mensajero Hermes, que tenía alas en los pies. Apolo ganó y las Musas lo premiaron poniéndole una corona de olivo sobre la cabeza y desde entonces las imágenes de este dios heleno y romano lo mostraron con ella. La significación del premio vegetal y sencillo era que en los deportes no se debía competir por beneficio material, solo por el prestigio personal.

Para la siguiente contienda deportiva al pie del Olimpo fue creado el Pentatlón, una competencia en cinco actividades: salto de distancia, carrera, lucha cuerpo a cuerpo y lanzamientos de disco y jabalina. En el Pentatlón solo podían participar los jóvenes mejor dotados físicamente, pues tenían que parecerse a Apolo. Los atletas que ganaban esta competencia danzaban con la música que tocaban con sus flautas las pitias, hermosas sacerdotisas consagradas al servicio religioso de Apolo, y luego eran coronados con el olivo.

Las olimpiadas mitológicas fueron suspendidas durante largo tiempo, hasta que Pélope —el héroe que dio su nombre a la península del Peloponeso—, las restableció en memoria de una competencia en carros de caballos que ganó para obtener la mano de Hipodamía, una bella princesa de la Élide, la región donde estaban la ciudad y la llanura de Olimpia.

Los juegos olímpicos mitológicos volvieron a caer en decadencia y fueron olvidados. Hasta que los restableció Ífito, un hijo de Tántalo que se hizo famoso por el castigo que le impusieron los dioses. Ífito participó en competencia de tiro de flecha usando el arco de Apolo, herencia de su padre a quien el mismo dios se lo habría regalado. Por alguna razón el arco de Apolo llegó después a manos de Odiseo (Ulises en la mitología romana), quien lo usó para exterminar uno a uno a los hombres que pretendían casarse con su esposa Penélope.

 

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