Jesús no desea cristianos islas

Dios nos ha creado para estar con otros y no nos hizo para la soledad. Desde las primeras páginas de la Biblia, Dios se dice a sí mismo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gen 2, 18).

Los hombres no somos islas. Nacemos en el seno de una familia, de una comunidad, vivimos en una comunidad, nos desarrollamos y morimos en una comunidad.

La vida humana se hace imposible en soledad.

Todos nos necesitamos los unos a los otros, así que un país no es obra de una persona, el país es obra de todos y tenemos nuestra responsabilidad y nuestro granito de arena que aportar para construirlo y mejorarlo. Un ciudadano, incapaz de sentir solidaridad con el pueblo que sufre, no tiene fuerza moral para exigirle al pueblo nada porque nada le ofrece él.

Muchas veces estas actitudes egoístas son el fruto de una falsa educación, de una educación paternalista en la que el papá o mamá anulan a los hijos haciéndoles ver que él les va a solucionar todo, les dan todo. Los paternalismos de hoy en todos los ámbitos construyen personas islas que crecen con derechos y sin ninguna obligación.

La construcción de personas islas tiene su raíz y su causa en el mismo seno familiar. La comunidad familiar no es obra del papá o de la mamá; la familia es el resultado del trabajo y colaboración de todos.

En no pocas familias muchos de sus miembros convierten el hogar en un frío hotel en el que tienen todos los servicios gratis y en el que nada aportan en beneficio de los demás. Cada uno en su habitación jugando, leyendo o con el celular y si sale cada uno lo hace con su celular sin comunicarse entre ellos.

Mucha culpa la tienen los padres que se toman actitudes paternalistas. Cada uno lo hace por los hijos, pero se olvidan que lo que deben es “no hacerle todo a los hijos”, ya que es en el mismo hogar donde tenemos que aprender a vivir en solidaridad y no en soledad egoísta.

Jesús nos enseña a no convertirnos en “creyentes islas”. A ser una comunidad cuyos miembros están unidos por una misma fe en el Padre común. A ser una comunidad cuyos miembros estemos unidos con una misma misión.

Jesús no quiso “creyentes islas”. Jesús no hizo una Iglesia cerrada y egoísta, sino una comunidad en la que todos los creyentes nos sintamos responsables del Evangelio que Él ha puesto en nuestras manos para darlo a todos los hombres.

Jesús no quiso una Iglesia en la que impere el poder, el dinero y la riqueza como vehículos imprescindibles para llevar a cabo la salvación a todos los hombres (Mc 6, 8), sino una comunidad en la que todos “de dos en dos” (Mc 6, 7), como lo hemos escuchado en el evangelio: es decir en responsable comunión.

Nuestra comunidad es obra de todos, donde tenemos que sentirnos responsables y juntos vivir la fe que nos une y la misión que Jesús nos ha puesto en nuestras manos.

Una Iglesia que se convierte en un supermercado de cosas espirituales a consumir cada uno, sin importarnos la vida de los demás, es fuente de “cristianos islas”. Una Iglesia se lleva a cabo como dice Jesús “de dos en dos”, en comunión responsable con todos.

Jesús desea una comunidad de hermanos que vivan en comunión y en comunión sean responsables de la misión de la Iglesia. Por eso, debemos de ser creyentes que nos ayudamos, nos comunicamos, nos escribimos o llamamos; que nos sentimos y nos sabemos hermanos.

El autor es sacerdote católico.

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