En una entrevista publicada a finales de abril de este año, titulada No existe un solo hecho donde esté involucrado personal de nuestra institución en actividades de orden público, el vocero de su Ejército, coronel Álvaro Rivas, explicó que el cuerpo castrense “no hizo absolutamente nada para llevar al país a la crisis del 2018, y no va a hacer nada para agravarla”, sin embargo, en redes sociales circulan fotografías donde aparecen civiles —entre ellos el juez Edgard Altamirano— entrenando con el Ejército. Mismos civiles identificados a la par del comisionado Avellán, después de la matanza en Masaya.
Asimismo, circula un video —del 30 de mayo de 2018— en el que se aprecian dos pick up saliendo del Hospital Militar hacia el Estadio Dennis Martínez, de las que se bajan civiles armados, disparan y regresan al centro, donde efectivos del Ejército le retiran las armas para dejarlos entrar. ¡Repito, eran civiles no policías! General, para los que vimos a nuestros amigos caer en las protestas, podemos asegurar 3 cosas: 1) los disparos letales por francotiradores en el “triángulo de la muerte”: cabeza, cuello y corazón, incluso en la oscuridad. 2) el armamento de guerra con que dispararon los paramilitares, entre ellos Dragunov, ametralladora PKM, M-16, Remington 700, fusil de asalto Galil ARM, Mossberg 500, AK-47 con tambor de 75-100/, M24 SWS, etc. Y 3) la benevolencia del Ejército con respecto a los paramilitares.
El Ejército ha dicho que es responsabilidad de la Policía desarmar a los paramilitares, sin embargo a los rearmados que han surgido desde 2012, su institución los ha venido matando. Es este doble discurso que nos hace dudar de sus notas de prensa. Según su lógica: si el paramilitar apoya a Ortega, es responsabilidad de la Policía desarmarlo, pero si es rearmado contra Ortega, lo matan ustedes (?), como el caso de Pablo Negro, Aguinaga, Cascabel y el esposo de doña Elea Valle, la misma señora que afirma que sus efectivos asesinaron, violaron y colgaron a su hijo e hija, respectivamente. Asesinatos que quedaron impunes.
Mi general, en 2018 era obligación de su institución tomar el control del país; quizás muchas muertes se hubieran evitado. En Nicaragua solo pueden haber dos grupos armados, pero su “neutralidad” le ha servido a Ortega para matar y reprimir al pueblo. Recuerde que desde hace años se viene susurrando la abolición del Ejército y su “indiferencia” acrecienta más ese sentimiento. La población se pregunta: si desarmar a 2,000 paramilitares les da canilleras, ¿cómo podríamos estar seguros en caso de una agresión externa? Con todo respeto, mi general, pero cualquier militar en el mundo daría la vida por su pueblo. Sandino siendo un mancebo juró venganza cuando vio cómo los yanquis invasores despedazaban a Zeledón, pero usted mira a la Policía matar a su gente y calla. ¡Dé el primer paso, general, y verá que el pueblo no lo dejará solo!
El autor es estudiante de Filología y Comunicación.