Mi amiga libre en La Mancha

Uno no sabe nunca dónde llegan las palabras. Ni dónde hieren ni a quién acompañan. En realidad, es un ejercicio a ciegas tan hermoso como inconsciente. La mayoría de las veces terminan en nada. Quizá eso sea una suerte. Aire son que vuelve al aire o trazos en pantallas que se borran y olvidan. Pero algunas veces atraviesan el espacio y se cuelan por un agujero del tiempo, y horadan muros con susurros. Hoy quisiera que unas pocas de estas se colaran entre rejas y llegaran a mi amiga. Ella está incomunicada, pero hay elementos libres, como estas palabras y ella misma, que escapan a la censura del hierro y la violencia.

Todas y todos los que permanecen entre rejas optaron por quedarse en Nicaragua y defender sus ideas frente a quienes solo les quedan las armas. Es un ejercicio quijotesco, sin duda: oponerse a la violencia con los ideales y la expresión libre. Y yo, que nunca he militado ni confío demasiado en las formaciones políticas que suelen uniformar la acción y estrechan la expresión de ideas propias y el pensamiento crítico, sí creo en la literatura. Así que ¿cómo no respetar a quienes se atreven a aventurarse como quijotes, ya no en pro de una ideología, sino de un ideal? El ideal que vive en algún lugar de la Mancha.

Además de en la literatura, también creo en el fondo bueno de las personas buenas, sean de izquierdas o de derechas, porque ese fondo suele imponerse y no se deja acorralar por ideologías. Son quienes tratan de buscar el sentido y el bien común, asumiendo las propias contradicciones. Es por eso que me fío de ellos y no me importaría votarles, incluso si fuera en contra de mis ideas políticas.

Mi amiga lleva en los genes la lucha por la justicia social y por la libertad de conciencia. Es la hija de Pinita y Miguel Ernesto, y la ahijada espiritual de Fernando Cardenal. Sé bien que ella es una experta en noches oscuras, de esas que iluminan la fe de los que creen, y saben que nunca está la noche más oscura “que cuando está a punto de amanecer”. Es, de nuevo, una de esas frases de quijotes que han experimentado la soledad y la nada. Qué bien sonaba en la voz de Fernando, que escucho ahora tan nítidamente en la memoria.

Las guardias que están con ella verán que mi amiga tiene los ojos soñando. Se ha enfrentado a los fantasmas del miedo con su mirada y su voz de niña. Y en su aparente fragilidad hay una templanza de siglos, de maestras y maestros en noches que saben buscar el rastro de la luz donde nadie alcanza. En el fondo, como diría Seferis, “somos una cuestión de luz”.

Nadie se atreve a enfrentarse a la oscuridad de la cárcel y la zozobra si no es con un sueño y un ideal. Nos lo confirmó Viktor Frankl, tras sobrevivir al horror. En su libro El hombre en busca de sentido recordaba una frase de Dostoievski: “Solo una cosa temo: no ser digno de mis sufrimientos”. Por eso, Frankl pensaba que lo importante era tener claro el sentido de esos sufrimientos porque solo entonces tenía sentido también sobrevivir a ellos y realizar el ideal. Hay algo muy cierto: el que cree profundamente en eso, vive ya aquello que cree. Una vez logrado, es imposible arrebatárselo.

Ella lleva en los genes una bondad innata. Quien la haya conocido, sabe de su ternura y delicadeza. Y ahora, las rejas que la guardan, también saben que no hay nada más fuerte que la delicadeza. Confío y sé que los maestros de las noches oscuras, que son los de la luz, la acompañan ahora. Vibran con ella, como sus propios genes. Y sé que volverán los días de los abrazos de Ana Margarita, de Tamara, de Dora, de Suyén, y de tantas y tantos compatriotas de la Mancha.

El autor es periodista.
@jsanchomas

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