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Los más de 12 mil fanáticos apostados en el Tropicana Field de San Petersburgo, Florida, la noche del martes, observaron con especial atención cada movimiento de Wander Franco, el prospecto dominicano, destinado a la grandeza desde que era un niño.
Luego de una asombrosa escalada a través de las Ligas Menores, que ha confirmado las expectativas elaboradas sobre este prodigioso jugador, los aficionados vieron algo de lo mucho que se les ha hablado respecto al talento excepcional que tiene Franco.
Franco recibió una base en su primer turno, antes de disparar un cuadrangular de tres carreras, que empató el partido frente a Boston en el quinto inning, produciendo una ovación de pie, antes de brillar con la manopla en la tercera base y corriendo las almohadillas.
Y aunque en su segunda batalla, lo dominaron en tres turnos, con dos bases por bolas, que resaltan su disciplina en el cajón de bateo, Franco continuó ganando seguidores con su juego sólido en todas las facetas, mientras ahora se ubicaba en el shortstop, su sitio habitual.
Dos partidos definen la dimensión de un prospecto, pero lo de Franco ha sido admirable desde que era un niño, literalmente, cuando fue observado por el scout y luego desarrollador de jugadores Rudy Santín, quien lo preparó en su academia MPV en Dominicana.
Santín lo vio y se encantó con el chavalo, a pesar de que solo tenía 10 años. “¿En realidad tiene 10?”, preguntó el cubano, debido a la habilidad con que manejaba el bate y la manopla. Hasta entonces, su jugador más joven tenía 12 años.
“¡Déjamelo!”, emplazó Santin a Franco padre… “Me mata su mamá”, ripostó el papá, pero se comprometió a volver con el niño cuando tuviera 12 años», de acuerdo a Jeff Passan de ESPN. Y tras esos dos años, el papá firmó por 30 mil dólares para dejar a Santín el derecho de negociar la firma.
Franco evolucionó tanto que Tampa lo firmó por 3.8 millones de dólares en 2017, justo el mismo año en el que firmó al colegial estadounidense Brendan McKay por siete millones. McKay no ha lanzado en las Mayores desde 2019 y Franco ha comenzado a escribir su historia ahora.
Debutó en la Liga de Apalaches en 2018 y fue escogido Jugador del Año, tras batear .374/.445/.636, con 11 jonrones y 57 remolques en 245 turnos. En 2019 saltó a AA y terminó con .327/.398/.487, con nueve tablazos y 53 empujadas.
El año pasado no jugó porque pandemia suspendió las Ligas Menores, pero este año, tenía .315/.367/.586 con siete jonrones y 35 remolques en 39 juegos en AAA. Así que por donde ha pasado, ha sido un fenómeno con su labor.
Franco, es un shortstop que batea a ambos lados, tiene proyección de poder sobre average y dispone de todas las herramientas para llegar a ser una súper estrella.
Muchos lo consideran mejor incluso que sus antecesores Vladimir Guerrero Jr., Fernando Tatís Jr. o Juan Soto. Y su inicio fue realmente electrizante, de 4-2, con un doble, un jonrón y tres remolques el martes, antes de fallar tres veces el miércoles.
Sin embarga, falta ver qué será capaz de hacer a través del tiempo, que suele ser el juez más preciso de estos atletas precedidos de espectaculares expectativas.
Figuras como Mike Trout (2011), Alex Bregman (2016), Andrew Benintendi (2017), Shohei Ohtani (2018) y Guerrero Jr. (2020), llegaron precedidos de tanta fama como Franco y la mayoría ha respondido.
Ahora es el turno del chavalo de Baní, República Dominicana, que no solo piensa ser el mejor bateador de su pueblo (y de ahí han salido algunos buenos como Miguel Tejada y José Ramírez), sino que pretende ir a Cooperstown.
Ya veremos si lo consigue
Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR
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