Un dictador anacrónico

En estos días, hemos sido testigos del secuestro de los principales personajes líderes de oposición en Nicaragua; tras las rejas del régimen están: Félix Maradiaga, Juan Sebastián Chamorro, Arturo Cruz, Cristiana Chamorro, que tiene casa por cárcel, y José Adán Aguerri; además de excombatientes históricos como Dora María Téllez, Hugo Torres y Víctor Hugo Tinoco, a quienes se suman miembros de la junta directiva de Unamos, ellos se unen a los más de 120 presos políticos que el dictador mantiene encerrados desde el 2018. A los que se suman los periodistas Miguel Mora, Miguel Mendoza y María Fernanda Flores con casa por cárcel.

La operación de captura de los líderes fue llamada “Operación Danto”; quizás, los jóvenes de mi generación, en algún momento, escuchamos este nombre, pero no nos resulta familiar hasta estos días. La operación “Danto 88” fue el nombre de la mayor ofensiva militar del Ejército Popular Sandinista a la Contra o Resistencia Nicaragüense, esta operación fue realizada en un contexto de guerra, en 1988, en donde existían dos bloques armados y en los últimos años de la llamada Guerra Fría, un enfrentamiento político, económico, social, ideológico, militar e informativo iniciado tras finalizar la Segunda Guerra Mundial entre el bloque occidental capitalista, liderado por los Estados Unidos, y el bloque del Este Oriental comunista, liderado por la Unión Soviética. También es importante recordar que el Frente Sandinista fue fundado en 1961, como una organización político-militar de izquierda, inspirada en el legado nacionalista y antimperialista de Augusto C. Sandino, el cual rápidamente tomó como línea ideológica la marxista leninista. Ahora ¿por qué me parece importante recordar estos datos? Porque en pleno 2021, en Nicaragua seguimos teniendo secuelas de la Guerra Fría y de estas ideologías obsoletas que afectan el futuro de Nicaragua.

Nicaragua es uno de los países que sufrió los enormes daños colaterales de la Guerra Fría, esto abrió un episodio sangriento de polarización entre nicaragüenses, cuyas secuelas continúan vigentes. Además de la enorme destrucción económica causada por los conflictos armados de los últimos cuarenta años, el escenario político nicaragüense quedó profundamente marcado entre quienes defienden el legado de la Revolución Sandinista y quienes rechazan al FSLN como la nueva expresión de la política tradicional autoritaria y violenta que ha marcado a Nicaragua.

Adicionalmente, el actual régimen del FSLN sigue operando bajo una lógica de la “nostalgia”, de la era en la cual ese partido sostenía alianzas políticas y militares basadas en el principio del internacionalismo socialista. Esa práctica ideológica y anacrónica ha hecho que las actuales relaciones internacionales de Nicaragua se definan sobre la base de una lógica “antinorteamericana”, “antiyankees” y de defensa de un proyecto revolucionario obsoleto e insostenible para Nicaragua, que tiene sus raíces en 1961. Como consecuencia, aunque ya no existe una guerra fría, una vez más Nicaragua se encuentra inmersa en un conflicto geopolítico del cual son parte Venezuela, Cuba, China y Rusia. Las consecuencias del alto contenido ideológico y dogmático de las políticas públicas, las graves violaciones a los derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad del actual régimen sandinista ponen en riesgo los tratados de libre comercio de Nicaragua con Estados Unidos y Europa, tales como el Cafta, así como su imagen país, cuyo actual presidente inconstitucional gobierna con una mentalidad de Guerra Fría; Ortega vive encerrado en su búnker, en El Carmen, soñando y romantizando la idea de una revolución, de un contexto que dejó de existir en 1991.

De manera corta, me gustaría dejar algunas conclusiones y realidades que arrastramos desde la Guerra Fría y que el dictador Ortega aún quiere vivir; que esto nos hagan pensar en el importante proceso que abrimos en abril del 2018 y en la oportunidad que aún tenemos para empezar a cambiar algunas realidades.

En conclusión: El proceso de pacificación y reconstrucción posconflicto en Nicaragua quedó incompleto con una enorme población de víctimas de guerra, lisiados, excombatientes, confiscados y exiliados, cuyo daño humano, económico y moral, nunca fue reparado.

Nicaragua es de los pocos países del mundo que luego de un conflicto armado nunca estableció una comisión de la verdad o un proceso similar de justicia transicional y memoria, por lo cual el país tiene una agenda de derechos humanos pendiente desde 1979 hasta la actualidad.

El modelo de Estado-partido-ejército establecido por el FSLN en los años ochenta parece haber revivido del olvido de la Guerra Fría para reaparecer en una nueva expresión de partido hegemónico que pone en riesgo las posibilidades de que en Nicaragua se pueda establecer una república democrática bajo el imperio de la ley.

La rebelión cívica de abril del 2018 demuestra que la población nicaragüense, particularmente las personas más jóvenes, tiene un enorme descontento por la falta de justicia y falta de oportunidades que sufren las actuales generaciones. Lejos de intentar dar una respuesta institucional, el régimen de Ortega intenta revivir viejos fantasmas de la Guerra Fría, como por ejemplo la lucha contra el “imperialismo”, para justificar su aferramiento al poder.

Finalmente, Nicaragua es una vez más objeto de gran preocupación de la comunidad internacional ante los alarmantes eventos de las diarias graves violaciones a los derechos humanos, rupturas constitucionales y probables fraudes electorales. Los pocos avances de la transición democrática pos Guerra Fría desaparecieron, estacando a Nicaragua como el segundo país más pobre de América Latina y con el enraizamiento cada vez más profundo de la dictadura Ortega Murillo. En palabras del filósofo Alejandro Serrano Caldera: “Nuestro futuro parece ser el pasado que regresa, como si nuestra historia fuera una bicicleta estacionaria”.

La autora es estudiante de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Miembro de la Unidad Nacional Azul y Blanco.

COMENTARIOS

  1. Hace 5 años

    Excelente trabajo

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