El pasado 6 y 7 de junio, la recién electa vicepresidenta de los Estados Unidos (EE. UU.) Kamala Harris, se estrenó en política exterior en un viaje que la llevó a visitar Guatemala y México. Los temas que cargó en su portafolio fueron: La inmigración y la lucha contra la corrupción. La gira se dio en momentos en que la Administración de Joe Biden está siendo criticada por su falta de acción para resolver la crisis migratoria que este año está llegando a niveles récords en los EE. UU.
Hasta donde tengo entendido, la vicepresidenta firmó tres acuerdos, uno sobre seguridad fronteriza, otro sobre desarrollo económico y el tercero contra la corrupción. En México Kamala habló de un apoyo económico para los tres gobiernos conocidos como triángulo del norte, El Salvador, Honduras y Guatemala, apoyo que también incluyó a México por su situación de vecino. La ayuda prometida fue de 4 mil millones de dólares, los que en su mayoría quedarán en México para apoyar la producción y otras iniciativas de orden económico que pretenden amortiguar la migración de mexicanos a los EE. UU. Hasta aquí todo iba bien y me imagino que tanto el presidente guatemalteco y el mexicano le agradecieron el apoyo monetario que, a mi juicio a los únicos que va a sacar de la pobreza será a los que administren los diferentes proyectos en que se invertirá dicho dinero.
He hecho este preámbulo, porque me parece increíble que después de tantos años y de cientos de miles de millones gastados en múltiples proyectos para el desarrollo de Latinoamérica, nuestros amigos del norte todavía no se hayan dado cuenta cuáles son los verdaderos orígenes de la pobreza de nuestros países, así como de los verdaderos motivos que inducen a nuestros pueblos a emigrar en busca de mejores oportunidades. Sin más preámbulos se los voy a decir, tanto a Kamala como al presidente Joe Biden. Es la falta de democracia, se los repito, es la falta de democracia, por lo tanto, esa recomendación de la vicepresidenta a los futuros inmigrantes de “No vengan” confirma mi tesis de que todavía no terminan de atinar sobre el origen o causa de la inmigración de nuestros pueblos a su país.
Si hicieran una encuesta para conocer cuántos centroamericanos han cruzado ilegalmente su frontera, se darían cuenta que la mayoría proviene de los países en los que la falta de democracia es la que fomenta los otros vicios, como la corrupción, la violación de los derechos humanos, la falta de transparencia en el manejo de la cosa pública, el centralismo de los poderes del Estado en una sola persona por mencionar unos cuantos, son en realidad la causa de ese éxodo que no parará por más que la vicepresidenta Kamala Harris les pida que no vayan.
Pero volviendo con el tema de la encuesta para conocer la nacionalidad de los inmigrantes ilegales, les apuesto doble contra sencillo, que el país centroamericano que tiene cero solicitantes de asilo político, es Costa Rica y que a su vez es el que menos inmigrantes por razones económicas exporta a los EE. UU. o cualquier otro país.
Por ello mi consejo al presidente Biden y su vicepresidenta Harris, es que inviertan en fomentar la democracia en nuestros países y verán como disminuirán drásticamente la inmigración ilegal. Cuba, Venezuela y Nicaragua, por mencionar algunos, son el ejemplo perfecto para demostrarles que es la falta de democracia la causa del éxodo de cientos de miles de sus ciudadanos que huyen de la represión y de la falta de oportunidades. Al momento de escribir este artículo, la comunidad internacional está comprometida como nunca antes en nuestra historia, en apoyarnos para recuperar la democracia perdida, dependerá de nosotros aprovechar ese apoyo, aunque eso signifique señalar y separar a los que disfrazados de opositores le hacen el juego a la dictadura. Solo así la democracia dejará de ser un anhelo para convertirse en una hermosa realidad.
El autor es comentarista político.