Víctor Klemperer fue un periodista, escritor, filólogo y académico alemán que nació en octubre de 1881 y murió en febrero de 1960.
Era judío, pero profesaba la religión cristiana protestante, igual que su esposa, una talentosa pianista llamada Eva Schlemer. Cuando Hitler tomó el poder en 1933 y poco tiempo después comenzó la persecución mortal contra los judíos, Klemperer se salvó porque su mujer era calificada por el régimen hitleriano como “aria pura”. Sin embargo, tuvo que ponerse el distintivo de la estrella de David obligado por los nazis como una identificación segregacionista de los judíos.
Durante los años de la dictadura nazi Klemperer escribió un diario que fue publicado en un libro editado hasta en 1995, por decisión de sus descendientes que consideraron que tenía un gran valor literario, histórico y político y debía ser conocido por los alemanes y gente de otros países.
Es que por su condición e inteligencia de filólogo Klemperer estudió minuciosamente —y pacientemente recogió sus observaciones en el diario— lo que él llamó el “lenguaje paralelo” del nazismo, que denominó en latín “Lingua Tertii Imperii”, en español Lengua del Tercer Imperio.
Era un lenguaje creado y usado por los nazis de manera paralela al idioma alemán oficial, que según el filólogo “carecía de argumentación seria y profunda, estaba pleno de procacidades, insultos e histrionismos innecesarios que buscaban conectar con la masa, desvincular, escindir el individualismo y la libertad y hacerlo corporativismo, lenguaje de cuartel”. Así lo explica en un excelente artículo el académico venezolano Carlos Ñañez Rodríguez, profesor de Economía y Ciencia Política en la Universidad de Carabobo.
“Revisión del lenguaje desde Klemperer, un ejercicio lingüístico para la libertad”, se titula el ensayo del profesor Ñañez, quien a modo de epígrafe cita una frase del mismo filólogo alemán que retrata la situación sombría que había en su país en tiempos del nazismo: “Nadie hace ni dice nada, todo el mundo tiembla y repta”.
El lenguaje paralelo de los nazis tenía el propósito de “mutar la verdad para desmontarla, el lenguaje así solo era un mecanismo de alienación perversa, de cruel abyección negativa de la verdad”, escribe el profesor venezolano. Y menciona los seis pasos del lenguaje nazi para el proceso de quiebre de la democracia y el Estado de derecho, señalados y enumerados por Klemperer.
1. Negar y ocultar la verdad, instalar la mentira y la contradicción como formas de relación cotidiana entre la autoridad y los gobernados, una instalación infecta de la gobernanza.
2. Manipular la interpretación política, económica y social.
3. Aislar entre sí a las personas, una vez escindidas del lenguaje.
4. Hundir a la sociedad en el conflicto y la división para imposibilitar cualquier vía de acuerdo o negociación, atrofiando y anulando las capacidades cognitivas del individuo, volviendo al hombre masa.
5. Imponer el pensamiento único, la advertencia de la distopía totalitaria de George Orwell.
6. Abolir instituciones de formas democráticas, negar la libertad de mercado y la libertad individual, conjurando la propiedad como derecho humano.
Es útil conocer esa puntuación de Klemperer sobre el propósito de los nazis, para entender la situación actual de Nicaragua y el lenguaje paralelo que usan los gobernantes.