A la decisión del régimen de despojar a Cristiana Chamorro Barrios de sus derechos ciudadanos, para impedir que sea candidata presidencial en las elecciones del 7 de noviembre, no hay que buscarle lógica jurídica ni sustento legal. La Constitución Política de Nicaragua es absolutamente clara en el tercer párrafo de su artículo 47, el cual dice de manera textual: “Arto. 47. Los derechos ciudadanos se suspenden por imposición de pena corporal grave o penas accesorias específicas, y por sentencia ejecutoriada de interdicción civil”. De manera que la suspensión de los derechos ciudadanos no puede ser una medida cautelar de ningún juez o jueza, que no tienen derecho y es contra la Constitución tomar esa decisión mientras no haya juicio y sentencia firme previa.
En realidad, la represión contra Cristiana y la inhibición de su candidatura solo se entiende por el rencor y el odio de la pareja gobernante hacia ella, por ser hija de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y doña Violeta Barrios de Chamorro, y la persona que según indican las encuestas es la que tiene la mayor posibilidad de derrotar electoralmente a Daniel Ortega.
El periodista cubanoamericano Daniel Morcate, editor jefe de la redacción de noticias de Univisión —quien declara haber colaborado con la Fundación Violeta Barrios de Chamorro (FVBCH) “en talleres para formar periodistas jóvenes y como jurado del Premio Nacional de Periodismo de Nicaragua”—, publicó un artículo inmediatamente después de que se conoció el despojo a Cristiana de sus derechos ciudadanos. Morcate recuerda en su artículo cuando doña Violeta le contó que después de las votaciones del 25 de febrero de 1990, “recibió a un derrotado, humillado y desmoralizado Daniel Ortega en su residencia de Managua”. “No llorés más —contó doña Violeta que le dijo a Ortega—, lo que tenés que hacer es aceptar que vos perdiste, convertirte en opositor y aspirar de nuevo a la Presidencia democráticamente”.
31 años después, el fantasma del 25 de febrero de 1990 que tortura la mente de Ortega, cobró vida y se convirtió en amenaza al poder del dictador en la persona de Cristiana, hija de doña Violeta, cuando anunció su precandidatura presidencial con las mejores posibilidades de derrotarlo en las elecciones de noviembre. Allí está la explicación de por qué Cristiana es reprimida y ha sido despojada de sus derechos ciudadanos.
Es evidente que Ortega guarda un rencor profundo y un odio inmenso a doña Violeta, a sus hijos y a todo lo que le recuerda la humillación de febrero de 1990. Perder una elección y el poder es para cualquier persona democrática una eventualidad política normal. Pero para un caudillo totalitario enemigo de la democracia es un agravio que guardará en su memoria el resto de su vida.
El odio es la “antipatía y aversión hacia alguien o hacia algo cuyo mal se desea”, dice el Diccionario de la RAE, y el rencor es el “resentimiento arraigado y tenaz”. Al respecto un eminente psiquiatra español llamado Vicente Ezquerro, explica que “el odio es persistente, es decir la persona que odia vive en el odio, desea venganza y ha elaborado la rabia de tres formas: quiere destruir, hacer sufrir y controlar a los demás”. Allí está la explicación de la particular saña represiva contra Cristiana y la familia Chamorro Barrios, entre muchos otros nicaragüenses.