Este domingo durante la celebración eucarística de Pentecostés, el obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando José Álvarez y el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, monseñor Silvio Báez, por separados nuevamente le plantaron la cara a los líderes de la oposición nicaragüense, quienes siguen divididos en el camino hacia las elecciones del próximo 7 de noviembre.
El obispo Álvarez inició su homilía destacando el amor que han demostrado tener la mayoría de nicaragüenses por Nicaragua y la necesidad que tienen por construir una nueva nación basada en la justicia, democracia y paz. Enseguida, en lo que pareciera ser una fuerte crítica a los líderes de la oposición de los dos bloques opositores Coalición Nacional y Alianza Ciudadana, desde la catedral San Pedro Apóstol en Matagalpa, monseñor Álvarez mencionó: «Los líderes o como se les suele llamar la clase dirigencial, podrían estar divididos o no estar unidos, pero nosotros los nicaragüenses, sino todos, la inmensa mayoría de los nicaragüenses estamos unidos en este amor por nuestro país, en este amor por nuestra Nicaragua, y nosotros sí sabemos qué queremos y hacia dónde queremos ir», dijo monseñor Álvarez.
No se puede vivir como si se estuviera en guerra
Enseguida precisó que el país tienen una cantidad enorme de retos que obligan a todos los ciudadanos a crear causas racionales para la construcción de una nueva nación que cuente con un Estado moderno, funcional y de una sociedad capaz de crear su propio sistema de vida, político, económico cultural, y de asumir sus propias responsabilidades.
Por ello, monseñor Álvarez aseveró que «en Nicaragua no podemos continuar viviendo como si se estuviera en guerra de todos contra todos y contra todo, pensemos en el país que anhelamos, postergar esa responsabilidad sería hipotecar el futuro de la nación en este contexto histórico», en el que, según él, hoy se hace más urgente y necesario contar con un proceso electoral transparente, justo y libre para que se logre generar un diálogo entre todos los sectores para tejer un consenso social mínimo sin exclusión.
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El religioso remarcó que mientras no «haya un consenso y decisión política» para crear una institucionalidad moderna y democrática que el país necesita y merece tanto, «se estará comprometiendo y arriesgando el futuro de Nicaragua, abandonar la idea de un mejor país sería contribuir al caos, debemos insistir en la posibilidad de construir nuestra nación, una nueva Nicaragua, animo hermanos no tengan miedo rememos mar adentro», aseveró el religioso.
Falta de unidad es porque se han impuesto los intereses mezquinos
Por su parte, monseñor Silvio Báez, durante su homilía en la iglesia St. Agatha Catholic Church en Miami, Estados Unidos, lamentó la falta de «unidad» que existe entre la oposición en Nicaragua y afirmó que esa falta es señal de que se han impuesto los «protagonismos personales y los intereses mezquinos».
«Cuando solo hay diversidad y falta la unidad es señal de que se han impuesto los protagonismos personales y los intereses mezquinos. Si no se alcanza la unidad es porque ha prevalecido la exclusión y la rigidez de los distintos planteamientos, es porque ha faltado capacidad de escucha recíproca y de sacrificio en favor el bien de todos. Nos hemos cerrado al Espíritu», señaló el obispo auxiliar de Managua.
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El religioso continúo insistiendo en que se busque la unidad respetando la diversidad y no excluyendo a nadie. «Otras veces se busca la unidad sin respetar la diversidad, obligando a que todos piensen igual y hagan las mismas cosas y del mismo modo. Cuando se sacrifica la diversidad, se cae en la uniformidad, en el pensamiento único que es una característica típica de los regímenes totalitarios, y esto produce sometimiento, bloquea la creatividad y anula la libertad de las personas», remarcó.
Llaman a no tener miedo
Ambos religiosos por separados llamaron a la feligresía a no tener miedo. Monseñor Álvarez reflexionó en torno al Evangelio correspondiente y precisamente en la escena del día de la Resurrección de Jesucristo, las puertas de la casa en la que se encontraban los discípulos estaban cerradas por miedo a los judíos, se presentó Jesús entre ellos.
«El miedo paraliza, paraliza a una persona, paraliza a una familia, paraliza a una comunidad, paraliza a un país entero, el miedo puede paralizar a una sociedad completa, porque hay miedo a cualquier cosa, a cualquier persona, miedo a cualquier situación, miedo a situaciones adversas muy adversas, miedo al fin que paraliza (…) Nosotros hermanos no tenemos miedo, ustedes no tengan miedo, el miedo paraliza, dejen que el Espíritu Santo entre, penetre en nuestros corazones y rompa toda cadena de miedo, porque el Espíritu es de valentía y de libertad», concluyó el obispo de Matagalpa.
Mientras monseñor Báez, antes de concluir su reflexión, mencionó que a pesar del paso del tiempo, de los errores y fracasos, en el silencio miedoso y el aliento de Jesús Resucitado «nos renueva cada día, y nos empuja a ser testigos de la misericordia, existe siempre el riesgo de cerrarnos, resistirnos, y quedarnos encerrados por comodidad o temor, sin embargo, el aliento de Jesús sigue animando incansablemente nuestras vidas».