¡A esperar noviembre!

Muy a pesar de que la aplanadora orteguista que funciona en la Asamblea Legislativa hizo las Reformas parciales a la Ley Electoral, y “eligió” a su manera a los diez miembros del nuevo Consejo Supremo Electoral, el pueblo de Nicaragua faltando justamente seis meses para las elecciones generales del 7 de noviembre se apresta al cumplimiento de su derecho al Voto.

A pesar también de que la dictadura eliminó al PRD y trata de impedir la candidatura de Cristiana, el pueblo está dispuesto a votar aunque no haya en el ambiente suficiente optimismo y confianza. El sandinismo nunca ha tenido buena fe y nada positivo se puede esperar de este régimen.

Daniel Ortega, emulador de los Somoza, hace “mérito” a la vieja teoría de “burro amarrado con tigre suelto”. En este sufragio electoral que se avecina, como en los anteriores, el dictador espera resultar vencedor haciendo a un lado el pobrísimo porcentaje de votación que le asiste, pues no ha podido pasar de ese lugar en su fracasada carrera de líder. Con las últimas acciones antidemocráticas para desvirtuar el proceso electoral, se podría decir que “todo está consumado”. Pero no es cierto, la esperanza, que es la última que se pierde, es el motor para sobrevivir y pensar que todavía hay un tiempo para que Nicaragua pueda salir adelante en la gran empresa de la justicia, esa diminuta imagen que desde lo más íntimo de la conciencia nos motiva para pensar y discernir que la peor lucha es aquella que no se hace, y que en el afán de alcanzar objetivos comunes es necesario no darse por vencido y desafiar con certeza y firmeza los obstáculos que se presentan en el camino.

Los dictadores tienen la particularidad de considerar que el poder es un patrimonio de ellos, y que nada ni nadie puede sacarlos de ese entorno. Por eso, contando con todo lo que tienen a su alcance, apelan a la represión y al fraude en los referéndum eleccionarios que se dan pasándose por encima de la voluntad popular. Este mecanismo lo aplicó Somoza García en 1947, cuando con inaudito descaro le robó las elecciones al doctor Enoc Aguado, destacada figura de la honestidad ciudadana y un formidable candidato de la oposición en aquel lejano tiempo. Somoza García se pagó de su gusto imponiendo a su candidato, el doctor Leonardo Argüello, pero derribándolo a los veintiséis días de haber asumido el poder. Como el dictador contaba con los servicios de Modesto Salmerón que era el presidente del Tribunal Supremo Electoral, se le hizo fácil “cocinar el fraude”.

La historia siempre se repite, esto ha sido un mal de todos los tiempos que no se ha podido enmendar y por eso las dictaduras de distintos signos han corroído ferozmente los principios, y los conceptos de la democracia. Si las elecciones del 7 de noviembre próximo no cuentan con la activa participación de los organismos nacionales e internacionales acreditados para velar por la pureza del sufragio, indudablemente que el fraude será un hecho, y la dictadura orteguista afilaría sus garras con mayor fuerza tendiéndole a Nicaragua el manto oscuro de la opresión en sus largas noches de temible agonía.

Noviembre tiene que ser decisivo para Nicaragua, y los nicaragüenses. La Patria es de todos, y tenemos deberes, y obligaciones que cumplir de acuerdo a la tarea de rescatar para la democracia en el tiempo posible a esta hermosa nación, que vive con fulgores de gloria en el lenguaje eterno de nuestra nacionalidad.

El autor es periodista de Somoto

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