\ A seis meses de los huracanes, Wawa Bar sigue padeciendo por falta de comida y agua
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A seis meses del paso de los ciclones, los comunitarios intentan levantarse. LA PRENSA/Archivo

A seis meses de los huracanes, Wawa Bar sigue padeciendo por falta de comida y agua

Los habitantes del lugar aseguran que desde diciembre de 2020, cuando recién pasaron los huracanes, el gobierno no ha llevado más ayuda a la comunidad

Fue en noviembre de 2020 que azotó Eta y luego llegó Iota a arrasar. Ahora, en el Caribe Norte de Nicaragua, los habitantes de la comunidad Wawa Bar poco a poco, sin la ayuda de nadie, intentan resurgir: algunos han levantado sus casas con la madera de los árboles caídos, se percibe un mejor orden y los hombres han reactivado las labores de pesca, principal fuente de trabajo y alimento en el lugar. Sin embargo, esto no es suficiente, los comunitarios todavía resienten la escasez de comida, agua y materiales para terminar de construir sus viviendas. «Estamos casi igual que hace seis meses», dicen.

Araly Richinal, madre de tres hijos y habitante de Wawa Bar, fue una a quien los huracanes dejó prácticamente en la calle. Se tuvo que establecer en una «champa», construida con la madera que rescató entre los escombros, zinc viejo y plástico negro, pero con la llegada del invierno de este año, señala que le urge cambiar su techo y reconoce que en estos últimos meses la ayuda del gobierno ha sido nula.

«Muchos todavía estamos en champa, son pocos los que han construido sus casitas. Ahorita estoy viendo si mejoro mi champa, porque cuando cae la lluvia en las noches se nos mete el agua, por eso estoy preocupada y necesito de palos (madera) y zinc  (…) Con el asunto del agua estamos igual, la comida también, porque nosotros ahorita no estamos haciendo plantación, así que de dónde vamos a sacar comida, estamos sufriendo», relató Richinal a LA PRENSA.

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Desde que los huracanes dejaron los pozos de la comunidad contaminados, los pobladores han recurrido al agua de lluvia para sobrevivir. La lluvia los inundó, pero también calmó su sed. Esa agua de lluvia han estado tomando desde noviembre.

Cándida Tebas, habitante del lugar, asegura tras la devastación que dejaron los dos ciclones, los comunitarios instalaron un canal en el techo y abajo colocan un recipiente para recoger el agua; es su sistema de abastecimiento.

«Cuando cae la lluvia, uno aprovecha y llena sus barriles y con eso uno resuelve para tomar. Del pozo que tenemos todavía sale agua salobre (es decir, mezclada entre agua de mar/arenosa, salada, con agua dulce), entonces esa agua se utiliza para lavar ropa, para cocinar y bañarse, pero el agua de lluvia es exclusiva para tomar», explicó Tebas.

Régimen recibe donación

Richinal aseguró que desde diciembre de 2020, cuando recién pasaron los huracanes, el gobierno no ha llevado más ayuda a la comunidad «El gobierno nunca viene». La poca que han recibido ha sido por parte de organizaciones independientes y personas particulares.

«Hace poco llegó una gente y regalaron como tres libras de arroz, tres libras de frijoles y un litro de aceite», pero más nada. «Algunos nos acostamos sin comer, otros solo comen un tiempo, estamos sufriendo por comida», insistió Richinal.

El gobierno hasta ahora no ha impulsado ningún proyecto de construcción de viviendas en estas comunidades afectadas por los ciclones, pese a que el pasado 13 de mayo el Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (Sinapred) recibió gracias a la embajada de China-Taiwán la donación de un millón de dólares para apoyar el proyecto de atención humanitaria «Plan Techo», destinado a familias afectadas por los huracanes Eta y Iota. A seis meses no se anuncia ningún plan.

«De seis meses para acá ha significado todo un proceso de reconstrucción, de recomposición y al mismo tiempo de recoger experiencias y las buenas prácticas, todo aquello que tenemos que tener presente para fortalecer los mecanismos de actuación, nuestro sistema y que todo el país esté listo para cualquier situación», expresó el director del Sinapred, Guillermo González, tras recibir la donación.

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Lo único que se sabe que ha hecho el gobierno en Wawa Bar durante los últimos meses fue la restauración a medias del colegio de dicha comunidad. Sin embargo, los alumnos no reciben clases en las mejores condiciones, ya que el proyecto del régimen no incluyó el equipamiento de pupitres y las lecciones se reciben desde el suelo.

El gobierno mandó a reparar el colegio de Wawa Bar, pero el cerco perimetral no fue restablecido. LA PRENSA/Cortesía

Iglesia impulsa proyecto

Cándida Tebas repite el relato de lo duro que ha sido pasar seis meses en estas condiciones sin contar con el apoyo de las autoridades locales. Aunque manifestó que ante la falta de acción por parte del gobierno, a nivel independiente la Iglesia Verbo, de Bilwi, está impulsando un pequeño proyecto que consiste en restaurar las viviendas al menos de las personas más necesitadas, como los ancianos y viudas.

«Entiendo que son los de la Iglesia Verbo quienes llegaron a Wawa Bar con ese proyecto. Ya han construido como tres casas y dicen que después van a continuar al suave. Ellos ponen la madera, el cuadro completo, pero cada dueño de la casa debe de poner el techo, es decir conseguir las láminas de zinc», señaló.

La pesca los mantiene a flote

En esta comunidad, ubicada a una hora de Bilwi, la única fuente de ingresos es la pesca, pero con los recursos que cuentan apenas les da para medio sobrevivir y comercializar una parte del producto. Una fuente de la zona, quien prefirió no identificarse, afirmó que estas labores se están realizando de manera irregular debido al factor climático, ya que con los fuertes vientos a los hombres se les dificulta salir.

«Ahorita hay poco pescado y entonces lo que se pesca es prácticamente para el plato de comida de la casa. Normalmente ocurre porque en el mes de mayo siempre por los fuertes vientos no podemos salir al mar a pescar», declaró el comunitario.

«A veces a los pescadores no les va bien porque no encuentran producto, pero ahí están luchando. La gente pues agarrando su almejita y hace su sopa, porque en esta fecha salen sus almejas. Con lo poco que se pesca se come y una parte se comercializa y de ahí la gente saca su dinero y compra su provisión», dijo al respecto Cándida Tebas.

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