El pasado 28 de abril se venció el plazo para presentar candidatos a magistrados del Consejo Supremo Electoral (CSE); se presentaron un poco más de dos docenas de candidatos, entre los que se encuentra su servidor. De entre todos los comentarios que se han vertido alrededor de las nominaciones, vale la pena resaltar la vertida por el asesor de Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN) y miembro del directorio de la Coalición Nacional, doctor José Pallais, cuando rechazó su postulación, cito textualmente lo que dijo: “Agradezco la confianza que Fuerza Democrática Nicaragüense, el Movimiento Campesino y otras organizaciones han tenido en mi persona al proponerme para magistrado del CSE, no obstante considero que los magistrados deben ser personas que no estén ligadas a ninguna organización política”. Considero que es un argumento que vale la pena tener en cuenta, por ello he titulado este artículo: La importancia de la objetividad.
En artículos anteriores me he referido en varias ocasiones sobre la necesidad de no heredar a nuestros hijos nuestros odios, rencores y resentimientos políticos por muy valederos que consideremos que estos sean. Creo que fue Gandhi el que dijo que una nación que insiste en una política de ojo por ojo, corre el riesgo de convertirse en un país de ciegos. En esta ocasión en particular, los nicaragüenses dentro y fuera de nuestras fronteras estamos enfrentados a un gran reto, el reto consiste en lograr un proceso electoral lo más ecuánime posible, que sea la oferta electoral de las diferentes fuerzas políticas que se enfrentan en las elecciones del próximo 7 de noviembre, las que primen en la decisión del electorado, en pocas palabras que sea el soberano el que decida quién habrá de gobernarnos durante los próximos cinco años.
Solo así podremos dejar atrás los atavismos históricos que nos han mantenido en un círculo vicioso, que ha impedido desarrollarnos como nación. Ese es el reto al que estamos enfrentados. No podemos desaprovechar el apoyo que estamos teniendo de parte de la comunidad internacional, al respecto puedo decirles con propiedad que jamás en los tiempos de la Resistencia Nicaragüense (Contra) tuvimos el apoyo internacional que tiene la causa de la democracia en este momento. Algo que no debe nublarnos la vista, haciéndonos perder el pragmatismo que la comunidad internacional espera de nuestros políticos y nuestro pueblo. Dicho esto, me anima que en la medida en que se acerca nuestro día D (elecciones), se están cumpliendo los requisitos mínimos para tener una elección cuyo resultado sea aceptado por la mayoría. Me refiero a que muy pronto conoceremos la forma en que quedará estructurado el nuevo CSE, el compromiso de los nuevos magistrados debería ser el de no tener más compromiso que el de administrar un proceso cuyo resultado sea el producto de la voluntad popular expresada en las urnas. Otro proceso que ya empezó, es el de las reformas electorales, al respecto ya todos los partidos participantes en la contienda electoral han expresado lo que tuvieron a bien sobre las mismas, espero que los diputados estén a la altura de las circunstancias y nos concedan una reforma que abone a la legitimidad de las elecciones. Cumplido ambos requisitos, solo queda esperar que el día de las elecciones sea en realidad una fiesta cívica en que nuestro pueblo pueda expresarse y le dé su voto al candidato que durante lo que falta del proceso, le haya convencido de que tiene la capacidad de administrar un país que necesita reconstruirse social, política y económicamente.
A modo de consejo, lo que puedo decir a los cinco o seis candidatos que considero asistirán a las elecciones, es que se enfoquen en propuestas propositivas que contribuyan a despolarizar nuestra sociedad. En cuanto a nuestro pueblo, aspiro a que el voto emotivo evolucione, pues hasta el día de hoy solo decepciones nos ha producido.
El autor es comentarista político.