Con la muerte del licenciado Francisco Arellano Oviedo, la Academia Nicaragüense de la Lengua pierde a uno de sus más apreciados miembros de número, que hizo valiosas contribuciones para la mejor andanza de la Academia y su prestigio nacional e internacional.
Arellano Oviedo, desde su ingreso en la corporación en 1995 y mediante el diligente y sucesivo desempeño de los cargos de secretario ejecutivo, secretario y director de la Academia desde 2011 hasta su fallecimiento, se empeñó en mejorar la organización y funcionamiento de la Academia y su participación en los trabajos lexicográficos de la Real Academia Española de la Lengua y de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale); la participación de nuestra Academia en los Congresos Internacionales de la Lengua y velar por la calidad y periodicidad de las publicaciones oficiales de la Academia: la revista Lengua y el Repertorio Dariano.
Se educó con los salesianos en Guatemala y El Salvador. Estudió latín, griego, filosofía y teología, e hizo los estudios propios del sacerdocio pero decidió quedarse como un laico profundamente católico. Sus estudios superiores los hizo en la UNAN-Managua. Por muchos años fue profesor de secundaria y catedrático en varias universidades del país: la UNAN, UCA y la Universidad Católica “Redemptoris Mater”, donde fue su primer secretario general. Fundó la editorial Pavsa, y era considerado como uno de los mejores editores de libros del país.
Poeta, narrador, ensayista y lexicógrafo. En el año 2005 ganó el Premio Nacional Rubén Darío con su obra de teatro Catoblepas. Su obra más importante es su “Diccionario del Español de Nicaragua”, que lleva ya varias ediciones. Sobre este diccionario, el recordado académico Carlos Mántica escribió lo siguiente: “El Diccionario del Español de Nicaragua que hoy nos ofrece Francisco Arellano Oviedo es, hasta donde me ha sido posible cotejar, el primer diccionario elaborado con estricto rigor científico que se publica en Centroamérica”… “Arellano Oviedo ha realizado también esa paciente recopilación de nicaraguanismos, americanismos, voces del Español general que en Nicaragua tienen acepciones especiales, extranjerismos, nombres propios y derivados que se han lexicalizado, gentilicios de ciudades y municipios, neologismos propios de la ciencia y la tecnología y locuciones verbales, sustantivas y adjetivas… todo en plena vigencia en nuestro hablar cotidiano nicaragüense… pero ha ido más allá de un inventario…”
Como narrador sobresale su picaresco libro “Entre piadosos ronda el diablo”. Su último libro: “Versos para loar a nuestra Madre” (2020) es una colección de poemas inspirados sobre cada una de las letanías, con prólogo del cardenal arzobispo de Tegucigalpa, Oscar Rodríguez Maradiaga, quien afirma que Arellano “hace su aporte con sencilla belleza y rica profundidad”, y agrega que “para escribir este libro se necesita no solo ser devoto de la Santísima Virgen sino también haberse sumergido en el hontanar de la eclesiología, la cristología y mariología”.
Francisco Arellano ingresó a la Academia en 1995 y, desde entonces, su labor fue siempre de mucho beneficio para la Academia, sobre todo para la reorganización y revitalización del quehacer de la Academia. Estaba por terminar su segundo período como director de la misma.
Es justo afirmar que la Academia debe mucho a su fecunda labor. Como lexicógrafo participó por varios años, en representación de Nicaragua, en la Comisión Interacadémica para trabajar en el Diccionario Panhispánico de Dudas, el Diccionario de Americanismos, la Ortografía y el Diccionario de la Lengua Española en su edición XXIII. Coordinó la preparación de la edición conmemorativa de Rubén Darío: Del símbolo a la realidad.
La estimación por Francisco Arellano Oviedo trascendió nuestras fronteras, como se evidenció por las sentidas condolencias y reconocimientos a su labor recibidas de parte de la Real Academia Española de la Lengua, de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale) y de todas las Academias de América Latina.
Finalmente, es necesario reconocer la enorme deuda que tiene nuestra Academia con quien fuera su diligente y talentoso director, que ejerció su cargo con gran dedicación y eficiencia. De reconocida humildad y generosidad, fomentó la mayor cordialidad entre los académicos y contribuyó a la publicación de sus obras con el sello editorial de la Academia.
El autor es jurista y catedrático.