¿Qué hacer para que Ortega “conceda” elecciones libres y qué hacer si no las da? Esa son dos preguntas que, como en un drama shakesperiano, enfrentamos los nicaragüenses. Vayamos con la primera.
Conseguir que Ortega acepte elecciones libres, transparentes y supervisadas es como conquistar la cima del Everest. La reciente propuesta de reformas electorales es la evidencia más reciente que no las quiere. Por nada del mundo quiere arriesgar su poder, sobre todo si perderlo le significa inseguridad o muerte política. ¿Cómo podría entonces forzársele o inducirlo a que conceda ese casi imposible?
Posiblemente deban conjugarse tres factores indispensables. Uno es la presión internacional, pero no la ñoña sino la fuerte y extrema; como prometerle a Ortega que la negativa a elecciones libres le acarreará su declaración de ilegitimidad, ruptura de relaciones, Magnitsky en masa para sus cómplices, incluyendo a todos sus diputados, magistrados, ministros, etc., suspensión total de financiamiento internacional y salida del DR-Cafta. Un paquete así puede que los invite a reflexionar, pues el prospecto de gobernar y vivir en dichas circunstancias es muy inquietante. Pero si lo que ellos prevén son declaraciones retóricas de protestas, acompañadas de sanciones que no le muevan seriamente el piso de sus finanzas, o que solo afecten algunos de sus esbirros y empresas, ellos reirán, seguros que pueden sortear aguas no muy bravas.
Lo anterior, si bien es muy importante, no suficiente. El segundo factor debe ser la presión interna: que Cosep, AmCham, Funides, iglesias, gremios, partidos, estudiantes, etc., exijan cuanto antes elecciones libres, supervisadas, y acompañen sus reclamos de acciones concretas como paros parciales, plantones, huelgas de hambre y todo el repertorio de acciones no violentas posibles.
El tercer factor necesario es el pragmático, ante el cual, como dijera Montaner, tienta taparse la nariz: llegar a un entendimiento con Ortega y el FSLN en que se logre una especie de amnistía real, un compromiso de perdón y reconciliación completa, incluyendo garantías de no persecución, y el espacio suficiente para seguir siendo una fuerza política relevante.
Si falta cualquiera de estos factores podemos anticipar, con absoluta certeza, de que no habrá elecciones libres. Si se combinan los tres aumentarían las posibilidades de tenerlas, pero no lo garantizan. ¿Qué hacer si, contra todo pronóstico, las hubiera? La respuesta es más fácil decirla que realizarla: unificar a la oposición alrededor de una fórmula electoral de consenso, que ahora probablemente tendrá que ser un hombre y una mujer. Si se divide en dos o tres bloques relativamente importantes, el resultado podría redundar en una victoria limpia de Ortega, lo que legitimaría y haría más implacable su dictadura.
¿Qué hacer si no las hay? Una opción es abstenerse. Ortega correría entonces contra los partidos zancudos, que ganarían algunas curules, y su triunfo sería criticado o desconocido por una parte de la comunidad internacional. La oposición también haría declaraciones muy emotivas y alguno que otro plantón o intentos de protestas públicas. Otra opción sería participar, bajo protesta. Esta podría ser una forma más efectiva de enfrentar al régimen, pero solo si reúne cuatro condiciones: ir unida, montar una red eficaz de fiscales capaces de documentar cualquier fraude, una votación masiva, y preparar la defensa del voto de forma que, de robarse las elecciones, estallen protestas en todos los municipios. Esto, aunque no garantiza que el gobierno caiga o acepte su derrota, le haría pagar el máximo costo político.
Lo anterior es muy importante si queremos entrar con mejor pie en la lucha que, probablemente, tendremos que enfrentar a partir del 2020. Lucha que deberá agotar con heroísmo y persistencia el repertorio de la resistencia pacífica, Sabiendo que si esta es aplastada a sangre y fuego y el pueblo rehúsa someterse, no quedará más remedio que sopesar el último recurso legítimo ante tiranías crueles y prolongadas: la insurrección armada. Por el momento, y para evitar llegar allí, lo que hay que hacer ya es luchar a brazo partido por elecciones libres. Simultáneamente, prepararnos para ganarlas o, si nos las impiden o roban, para pasar la cuenta al tirano.
El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.