La resurrección: ¿verdad o mito?

La Iglesia católica celebra, en esta temporada de Pascua, que Cristo resucitó. Ante semejante afirmación es natural que muchos se muestren escépticos. Desde la perspectiva estrictamente científica la resurrección es imposible. No hay forma que ningún animal o persona definitivamente muerta, con todos sus signos vitales interrumpidos por muchas horas, pueda volver a la vida. Solo podría explicarlo un milagro extraordinario, cosa que no puede aceptar el no creyente o el agnóstico. Para él la afirmación de que Cristo resucitó de entre los muertos, solo puede ser producto de una mentira deliberada o de una alucinación colectiva. No hay otra alternativa.

Tal explicación enfrenta, sin embargo, serias dificultades para sustentar sus dos hipótesis. Veamos la primera; la de la mentira: un grupo de apóstoles y un par de mujeres afirmaron haber visto y hablado con Cristo resucitado varias veces, dando pormenores muy concretos de dichos encuentros. No solo eso, sino que se definieron a sí mismos como testigos de la resurrección e hicieron, de este supuesto acontecimiento, el centro de su predicación, al punto que San Pablo diría que “vana es nuestra fe si Cristo no hubiese resucitado”.

Es difícil, aunque no imposible, que un grupo de hombres decidieran, por conveniencia religiosa o ideológica, inventar algo que no había sucedido, es decir, mentir. Pero dicha posibilidad se vuelve más difícil de sostener si se considera que ellos enfrentaron grandes penalidades, persecuciones, e incluso muertes ignominiosas, por insistir en la veracidad de la resurrección. Difícil es sufrir y morir por algo que uno sabe que es falso.

Queda entonces la hipótesis de una especie de alucinación colectiva, o de un proceso de autosugestión; la posibilidad de que por algunas razones psicológicas, poderosas, los discípulos de Cristo creyeran, de buena fe, que este había resucitado. En realidad, cuando las expectativas de algo son muy intensas y quedan frustradas, la psiquis humana puede entrar en un proceso de negación de la realidad y hacerse proclive a tejer historias fantásticas. La dificultad, en nuestro caso, es que esto haya ocurrido a más de una docena de personas y que todas coincidieran en ver o experimentar lo mismo. También el hecho de que ellas no eran personas propensas a las fantasías. Por el contrario, los evangelios relatan como dudaron fuertemente de que Cristo hubiese resucitado. Cuando María Magdalena se lo contó a los apóstoles no le creyeron. Igual no lo creyeron el par de discípulos que iban hacia Emaús. Tampoco Tomás, quien dijo que para creer tenía que meter sus manos en las heridas de Cristo.

De acuerdo con los escritos evangélicos Jesús, después de haberse aparecido a María Magdalena, a las demás mujeres, a Pedro y a los discípulos de Emaús, se aparece a los Once. Él les dijo entonces: ¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo. Les mostró luego las manos y los pies y comió con ellos.

A partir de estos hechos los apóstoles tendrían para siempre la seguridad de que su fe en el Resucitado no era efecto de la credulidad, del entusiasmo o de la sugestión, sino de hechos comprobados repetidamente por ellos mismos. Por proclamarlo lo arriesgaron todo.

Es difícil creer en milagros. Pero también que relatos tan concretos, como los narrados en los evangelios, sean producto de perturbaciones psicológicas o de mentiras bien urdidas. En resumen, no quedan más que esas tres alternativas: milagro, neurosis o engaños. Solo una es verdad. A través de los siglos millones han decidido creer en la primera. Millones también han decidido creer en la segunda o tercera. Descubrir cuál es la veraz es la gran responsabilidad de quienes han oído hablar de la resurrección. Hacerlo tiene grandes consecuencias.

El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.

Opinión Iglesia Católica María Magdalena San Pablo archivo
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí