La Copa del Mundo contra la fiebre por los Knicks. Nueva York vive un sábado de locura hospedando su primer partido de la Copa Mundial que, aunque tiene a Brasil como protagonista, difícilmente ganará en atención al posible título de los Knicks en las Finales de NBA.
La franquicia neoyorquina jugará a casi 3.000 kilómetros de distancia, en la cancha de los San Antonio Spurs, pero un triunfo retumbaría en toda la Gran Manzana.
Los apasionados seguidores de los Knicks, que dominan las Finales por 3-1 ante los Spurs de Victor Wembanyama, llevan esperando desde 1973 para festejar un título de campeón.
«El Mundial va a ser divertido… pero ahora mismo soy neoyorquino, así que vamos con los Knicks. ¡Básquet!», dijo a la AFP Robert Chen, actor de 32 años, junto a la zona para aficionados de la FIFA en el puente de Brooklyn. «Logremos esta victoria y después ya podremos pensar en el Mundial«, afirmó.
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Los aficionados brasileños arrasan
Los miles de aficionados brasileños, sin embargo, tenían otros planes y tomaron por asalto zonas emblemáticas de la ciudad como Times Square antes del debut de la Canarinha frente a Marruecos.
El duelo, uno de los más interesantes de la fase de grupos mundialista, arrancaba a las 18H00 locales en el MetLife Stadium, situado al otro lado del río Hudson, en el estado de Nueva Jersey.
Para las autoridades de Nueva York era un primer examen de las conexiones de transporte con la cancha, que albergará la final del Mundial el 19 de julio.
«Para quienes se desplacen a través de Manhattan, prepárense para un caos total de tránsito en Midtown», advirtió el sábado el alcalde Zohran Mamdani, indicando a los espectadores que prevean entre cuatro y cinco horas para el viaje.
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Morten Vold, de 37 años, vestía una camiseta de Brasil mientras se dirigía al estadio y elogiaba la organización en la bulliciosa Penn Station, donde aficionados de Marruecos, Brasil y de los Knicks se codeaban con decenas de miembros de la Guardia Nacional y refuerzos policiales.
«Antes ya había buscado cómo ir y vi un video al respecto en la aplicación de transporte», explicó Vold, aficionado de la selección de Noruega, que considera «una locura» tener que pagar 98 dólares por el trayecto entre Manhattan y el MetLife.
«Aquí manda el básquet»
Fuera de la estación, los habitantes de Nueva York eran una marea naranja de apoyo a los Knicks.
«Todo el mundo está deseando esta victoria, se siente la emoción en el ambiente… es contagiosa», dijo Ángel Díaz, de 42 años, aficionado de los Knicks y vendedor ambulante de Queens.
«Por supuesto que los Knicks eclipsan el Mundial, y es normal», zanja Lucas Matuszewski, encargado de un campo de fútbol indoor situado en un barrio industrial de Brooklyn.
«Es difícil competir con una institución tan profundamente arraigada», reconoce mientras a sus espaldas unos niños del barrio le dan patadas al balón en un campo de césped sintético.
Graeme Buckingham, que ha venido de Escocia para apoyar a su equipo, describe el nivel de «fiebre futbolística» en Nueva York como «bajo».
«Yo probablemente esperaba un poco más, más aficionados. Pero como pueden ver, aquí lo que manda es el básquet», comenta este hincha de 53 años en una conversación en el barrio de Wall Street.
En alerta
Las autoridades han desplegado importantes recursos para organizar el transporte de decenas de miles de aficionados al juego mundialista al mismo tiempo que resguardan las tres zonas oficiales para seguir el juego de las Finales de la NBA en Manhattan (00H30 GMT del domingo).
La tensión de las Finales, las primeras de este siglo en Nueva York, ha desembocado en disturbios con decenas de detenidos, una cincuentena de ellos tras el último partido del miércoles.
En un video difundido el sábado por la mañana, el alcalde Mamdani llamó a los neoyorquinos a «mostrar al mundo cómo celebramos con alegría y de manera responsable».
En caso de victoria de los Knicks, se espera que cientos de miles de personas salgan a las calles, especialmente en los alrededores del Madison Square Garden, en Manhattan.
Hasta 3.000 aficionados con entrada seguirán el partido frente a la emblemática cancha de los Knicks.