Amigos y familiares “Zekeda”

De lo que restó del mes de abril del 2018 y los meses que siguieron, mis redes sociales se convirtieron en un medio donde hablaba directamente a quienes llegué a llamar mis “amigos y familiares Zekeda”. Todos tenemos unos cuantos. Cada vez que me dirigía directamente a ellos era para comentar sobre los múltiples actos de corrupción y violencia que el gobierno autorizaba a través de sus fuerzas represoras: la Bancada Sandinista, la Policía Nacional, turbas, paramilitares y aunque lo niegan, hasta el Ejército.

Les hablaba directamente para ver si alguno me llegara a responder con argumentos válidos en apoyo a esos actos que llegarían a causar tanto dolor y muerte. Les mencionaba la memoria histórica cuando el pueblo, de la mano con guerrilleros, llegaron a derrocar a una dictadura que casualmente hizo lo mismo que el gobierno actual le estaba haciendo a su gente. Y también les recordaba cómo, al volver al poder, ese hombre al que tanto alaban incumplió con su promesa de no ser el mismo de antes, que había cambiado y que ahora era un hombre de fe, o a como él decía un “millonario de cariño, de ideas y de amor”.

Los pocos que respondieron defendían fielmente las acciones del señor con las mismas consignas y los mismos argumentos de odio que uno llegaría a ver y que sigue viendo por los medios oficiales —a cualquier hora, no solo al mediodía— como si ellos también recibían los comunicados elaborados sobre papel colorido, con una fuente de letra que parece ser redactada aún en máquina de escribir.

Esos “amigos y familiares” dejaron de hablarme o, por acuerdo mutuo, dejamos de ser amistades en las redes. Unos cuantos siguen con lo suyo, promoviendo las obras que supuestamente solo este gobierno específico puede lograr. Una me llegó a decir que “no importa si Daniel roba, con tal que le dé algo a los pobres”, antes de desligarse por completo de mi amistad y en un caso especial, mi relación con alguien muy cercano se vio afectada por nuestras diferencias políticas de tal forma que muchas veces me dirigía específicamente hacia él para tratar de hacerle ver que estaba en el lado equivocado de la historia que se estaba escribiendo en nuestro país.

Es una tarea sumamente ardua el tratar de hacer ver a quienes se encuentran tan cegados por doctrina y un pasado revolucionario, que en Nicaragua no deja de ser mencionado, para justificar lo injustificable. Reconozco que en muchos casos lo hago en vano y que hay individuos que simplemente viven en una Nicaragua alterna —la “munda” de ese señor— donde la memoria selectiva ayuda a bloquear las verdades que el país ha vivido durante los últimos tres años. Es fácil culpar a otros cuando no saben toda la verdad u optan por hacerse de la vista gorda.

Desde ese mes de abril no he dejado de escribirle a esas personas, igual como muchos no han dejado de alzar sus voces para pronunciarse en contra de las innumerables atrocidades de un gobierno que en vez de escuchar le dio la espalda a una mayoría a favor de proteger sus intereses políticos y financieros. Algún día —cuando todo esto que llamamos “dictadura” acabe— la minoría “social y cristiana” en nombre nomás, tendrá que dejar de hacerse la “vístima”, limpiarse los ojos y ver la cruda verdad. Su versión de “paz” está mal interpretada y vivir en un estado de negación, como lo hicieron muchos que apoyaron a Hitler y después decir que efectivamente, los nazis fueron malos, no será perdonado fácilmente. La justicia real y no fabricada con mentiras llegará para quienes —al lado de una pareja asesina— han sido cómplices de esta triste etapa en la historia de nuestra patria y tarde, pero seguro, Nicaragua respirará aire de libertad.

El autor es maestro, autor de las obras Entre rebelión y dictadura, y Entre lucha y esperanza.

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