Desde hace un buen tiempo se habla en nuestro país de la unidad de la oposición, sin determinar de qué tipo de oposición están hablando y de qué tipo de unidad.
Se dice a los cuatro vientos que sin unidad de todos no se puede derrotar a Ortega, como si el sandinismo fuera mayoría en Nicaragua. Quienes mayoritariamente esgrimen ese falso y tramposo argumento son los MRS, que quieren mezclarse con quienes no somos socialistas ni sandinistas, para llegar al poder camuflados y luego destruir la verdadera agenda que requiere el país para construir una república. La unión debe hacerse entre quienes comulgamos con los mismos principios y valores.
Se olvidan los MRS, que fueron actores principales en los años de la “noche oscura” como dijera su santidad san Juan Pablo II, y que nos dieron a los nicaragüenses un gobierno basado no solo en el terror y la violencia sino sobre todo en la ruina moral y económica del país, como si la violencia, las confiscaciones de la propiedad privada, la corrupción, la pobreza y la represión de los órganos del Estado, pudieran llevarnos a ser un país verdaderamente libre y próspero.
Crearon los famosos CDS, que no eran otra cosa que verdaderos centros de intimidación y de redes capilares de información secreta, cuya finalidad era la de ejercer un control político y de señalar a quienes se desviaran ideológicamente de la Revolución sandinista.
Ahora hablan de libertad de expresión y de prensa, pero no se acuerdan que introdujeron normas que prohibían la difusión de noticias que no hubieran sido aprobadas por la oficina de censura del Ministerio del Interior y solo los periódicos oficialistas como Barricada y El Nuevo Diario gozaban de libertad para publicar todas las mentiras y engaños de los logros revolucionarios.
El desmantelamiento de la economía se inició con la política de confiscaciones a sus legítimos dueños de cuanta propiedad quisieron, llegando las confiscaciones a millones de manzanas y miles de empresas, con lo cual casi toda la actividad bancaria, agrícola, comercial e industrial pasó a manos inexpertas y politizadas de funcionarios públicos relacionados todos con el partido de gobierno.
Cuando hoy en día oigo declaraciones de ellos, me parece oír a gente que vive en otro planeta o que quieren esconder la verdad histórica, evadir su responsabilidad y construir mitos y mentiras sobre lo que en realidad pasó en los años ochenta, para convertirse hoy, en víctimas inocentes, blancas palomas de la paz, luchadores idealistas de la democracia, todo un cuento que debería dar vergüenza.
¿Será que creen que hay gente que se olvida del desabastecimiento de los mercados, de las colas, del servicio militar obligatorio de la seguridad del Estado o quieren engañar a los jóvenes de hoy que eran niños o no habían nacido entonces?
En la nueva era nunca el sandinismo en ninguna votación ha obtenido la mayoría y mucho menos el MRS, que fue en alianza con el FSLN, en la famosa convergencia en las elecciones del año 2001, o cuando fue solo en las elecciones del año 2006, en ambas el MRS perdió y demostró que es una ínfima minoría.
Nos distinguimos de su pensamiento ideológico, porque somos contrarios a ellos en primer lugar, en la concepción del hombre, de la vida, de la sociedad civil y del Estado. El socialismo se inspira en el materialismo histórico y por ello es ateo y proaborto. Nosotros en cambio acogemos la filosofía cristiana y somos respetuosos de la vida desde su concepción y de la integridad del ser humano. Somos contrarios también en las grandes proposiciones políticas, pues ellos luchan por imponer su ideología contraria a la plena libertad y dignidad del hombre, al Estado de Derecho y a los elementales principios de la democracia republicana.
Nosotros, en cambio, rechazamos enfáticamente cualquier tipo de dictadura y sostenemos la eficacia de la libertad como fundamento para la liberación humana.
Frente al principio socialista del Estado-partido, nosotros sostenemos la necesidad de la libre agrupación ideológica y el valor de las ideas políticas.
Creemos en el valor ético de la economía social de mercado, en la iniciativa privada que es productiva, próspera, diversa y llena de pensamiento emprendedor lo que determina la inmensa superioridad de la sociedad libre en todos los aspectos y sostenemos también que el Estado solo se justifica como servidor de los fines supremos propios de la persona humana.
La experiencia universal nos demuestra que el socialismo permanece fiel a sus principios, lúcido e implacable en la aplicación de su pensamiento político y en sus métodos de coacción, tan pronto las circunstancias le son oportunas. Es por eso que sostenemos que los que creemos en la verdadera democracia y tenemos fe en la libertad, no estamos obligados a aceptar que al amparo de nuestras libertades haya grupos que no comparten nuestros principios fundamentales y que en el pasado reciente de los años ochenta se piñatearon los bienes del pueblo, destruyeron el país y sometieron a los nicaragüense a una cruel y violenta dictadura, atropellando todo lo que es grande y amado por nosotros y por nuestros antepasados, la libertad, los valores cristianos y la dignidad.
Sostenemos también que la democracia no es solo un conjunto de instituciones, tales como el voto universal, la división de los tres poderes del Estado, la renovación periódica del mandato constitucional. Todo esto, sin duda, es esencial para que exista democracia; pero todo esto, a su vez, descansa en principios aún más profundos. Descansa en la fe, en la eficacia de la razón humana; en la convicción de que la verdad se impone sobre la mentira o el error; que la libertad significa para los hombres mucho más que el despotismo o la opresión; que la justicia mueve más que la injusticia; y el amor, más que el odio.
Sostenemos que queremos una Nicaragua que brille bajo la luz de la modernización y de las oportunidades que nos den la libertad y la iniciativa de sus ciudadanos, y no una Nicaragua que viva bajo la sombra de la desesperanza y el temor.
El autor es miembro del Bloque de Centro-Derecha.