Evocaciones de Semana Santa

La Semana Santa o Semana Mayor, como también se le llama, llega a ser para el mundo cristiano la ocasión sobre todas las cosas, para tener presente en la conciencia la presencia de Jesucristo en el sublime sacrificio de la cruz, sacrificio divino al que se sometió por la redención del género humano; una celestial decisión cuya historia trasciende a lo más recóndito del alma, sustentado en la vivencia de la tradicionalidad y de la fe de acuerdo con la intensidad con la que se mide o se conserva en la psique y el corazón.

Rubén Darío, nuestro máximo exponente del modernismo, en síntesis nos evoca con sentimiento cristiano desde la infancia en su viejo y querido León. “La entrada triunfal del Rey Jesús, cuando el palio debajo de ella y el Señor del triunfo se detenía un instante, la bella fruta oriental se abría como ventana de sol y de sabia y de su seno vuelan como un grupo de mariposas que se pusieron en libertad, hojas impresas que lleva el aire sobre la muchedumbre y que tienen, escrito versos en honra a Jesucristo y yo era el autor”.

“¡Las procesiones de León! Las calles adornadas con arcos, decorados de banderas y castillos de papel de China”. “Un sonar de viejas campanas de nuestra catedral, por la iniciación, flores extrañas, un renacer de aquellos días purísimos que formaban la espera del Señor del triunfo, que siempre venía como en la Biblia, en su borrico amable y precedido de verdes palmas”.

“Y era Semana Santa, con sus ceremonias simbólicas; en el entierro del Viernes Santo… el sacro difunto en una litera de cristal, que las mujeres vestidas de luto y en la que, los canónigos me atraían con sus largas caudas violetas; el lignun crucis, llevado en la noche al son de triste trompetas que rompían la sombra en el silencio del negro firmamento”.

Así describe Rubén estas manifestaciones de Semana Santa en su viejo y querido León, las cuales de allá acá, sobre un lejano velo de tiempo continúan indivisibles en el curso de la tradicionalidad religiosa de los cristianos nicaragüense; muchas de ellas expresadas en diferentes maneras, pero todas dirigidas a conmemorar el sacrificio divino del “Cordero Pascual”—lo traspasaron por nuestros pecados, lo aplastaron por nuestros errores (Isaías 53: 3, 5)— el rey Jesús, de quien podemos ver en su rostro; en la liturgia de Semana Santa, su dulzura y su bondad, su mansedumbre y su humildad, manifestada particularmente en “La cena del Señor” (in Coena Damini), los oficios en los que se destaca el lavatorio de los pies, un acto de servicio y humildad que entre encendido cirios de cromáticos fulgores distinguen el día y la ocasión, la procesión del silencio recorriendo las calles acompañadas del ronco sonido del redoble y el clarín, los huertos y las ofrendas que adornan los monumentos dentro de los templos. Los actos del viernes; entre otros, los viacrucis y procesiones, como en León, donde siempre las alfombras son el atractivo expresado con la devoción de una gran religiosidad cristiana. El viacrucis de las Isletas sobre opalino lago de Granada, en Masaya, imponente, majestuoso camina Jesús como en una mañana de dorados trigales por la calle del Calvario acompañado de sentidas marchas fúnebres que en años anteriores ejecutaran los Vega-Ramírez y los Fajardos.

Matagalpa; allá entre la verde montaña fragantes de pinos y de colgantes enredaderas los viacrucis en Kuscaguas, el Bijao, Waslala, el Corozo, la Cusuca-el Jobo, en los que aún se recuerda con sentimiento de afecto y cariño a S.E., el cardenal Miguel Obando, desde cuando montado en una mula presidía esta penitencia.

Luego Nueva Segovia; Teotecacinte, Murra, El Dorado, El Jícaro, Susucayán y Quilalí… Finalmente, Managua desde la vieja Catedral y la Iglesia de Santo Domingo; los bien recordados oradores monseñor Andino y el padre Pinedo, SJ: en la alta cátedra de estos sagrados lugares predicaban el panegírico de “Las siete palabras”, el cual resultaba un bello poema de amor sacralizado por el divino que, desde lo alto de la cruz, dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. (Lucas 23: 34).

El autor es historiador. Presidente de la Comunidad Indígena de Nindirí.

Opinión Miguel Obando Semana Santa archivo
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí